Te Deum 2020

Mons. Pedro Ossandón planteó siete desafíos y oportunidades para enfrentar y superar las crisis

Algunos de los desafíos planteados por el Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso son: cuidar la vida desde su concepción hasta la muerte natural, participar responsablemente en los actos democráticos que debe realizar nuestro País en los próximos meses, ayudar a rezar y construir la paz social en Chile para desterrar el miedo y la violencia, ayudar a crear solidaria y creativamente las condiciones necesarias que generen fuentes laborales que multipliquen empleos dignos y cultivar el desarrollo humano integral.

 
Jueves 17 de Septiembre de 2020
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Mons. Pedro Ossandón, Administrador Apostólico de la Diócesis de Valparaíso presidió el décimo séptimo Te Deum Ecuménico que se realizó en la Iglesia Catedral de Valparaíso y que fue seguido a través de las redes sociales del Obispado de Valparaíso por las autoridades, fraternidad ecuménica e interreligiosa, comunidad católica y todas las personas de buena voluntad de la Diócesis de Valparaíso.

En su homilía, el obispo Ossandón, señaló que “Hoy volvemos a rezar con renovada fe por Chile. Lo hacemos cuando estamos enfrentando grandes desafíos y oportunidades que nos llaman a construir juntos y con esperanza una Patria más justa, fraterna y solidaria. El Evangelio que hemos escuchado hoy ayuda a entender y enfrentar la crisis que padecemos. Qué nos pide Jesús en las tragedias: quiere nuestra fe para escucharlo y mirarlo. Quiere enseñarnos que en el amor a Dios y al hermano surge la fuerza de la vida que vence al egoísmo y a la muerte. Y quiere que sepamos que hoy sigue Jesús en las tinieblas exclamando con fuerza: ‘¡Anímense! Soy yo, no teman’


Descubriendo, desde el dolor y la humildad, la globalización del amor
“Pocas veces hemos experimentado la globalización de las mismas angustias y sufrimientos que nos recuerdan la fragilidad y finitud de nuestra condición humana y social. Ya no es el problema del otro o la tragedia que no me toca. Ahora hemos re-descubierto que somos hermanos en las penas, en las lágrimas, en la enfermedad y en el duelo. Sin embargo, y al mismo tiempo, vemos en medio de estos dramas humanos y sociales, miles de personas que postergan su propio sufrimiento concentrándose en el cuidado de la vida de los demás. Vemos a los agentes sanitarios, a nuestras autoridades y al personal de servicio, a los trabajadores que arriesgan su salud y su vida laborando en instituciones esenciales para cuidar la vida, proveer el alimento, la educación, los bienes y servicios imprescindibles, y vemos una lista cada día más larga de voluntarios que atienden a todos los que padecen por esta crisis sanitaria que también es social. En su testimonio nos muestran cómo ellos engendran vida, alegría y esperanza a las familias y vecinos que más sufren en nuestro querido País. Son creyentes y no creyentes que nos muestran lo mejor del corazón humano y lo más noble del alma de Chile”.

“En este proceso de conversión reconocemos el paso de Dios sanando y salvando y con Él queremos pasar desde la globalización del dolor compartido a la globalización del amor entregado. Porque a Dios lo descubrimos extendiendo la mano amiga al hermano que necesita, ahí surgen las mejores y más eficaces iniciativas para enfrentar unidos y superar humildemente las crisis. Queda claro entonces, navegamos en una misma barca y nuestro futuro se construye cuidándonos unos a otros, superando el odio, la violencia y la indiferencia, cultivando el diálogo, el perdón, la justicia y la reconciliación. Nadie sobra, nadie se salva solo, todos nos necesitamos”.

Buscando juntos los desafíos y oportunidades para enfrentar y superar las crisis
El obispo Ossandón, a la luz del Evangelio y de la razón, planteó algunos desafíos que hoy son más evidentes para el bien de Chile y que debemos seguir decidiendo entre todos cómo asumirlos para enfrentar con la gracia de Dios un futuro con esperanza:

1.- Edificados por el sacrificado esfuerzo de los responsables de atender a los enfermos en los países que padecen esta pandemia, cuidemos la vida desde su concepción hasta la muerte natural, apoyando especialmente a las familias, quienes son los primeros responsables de la acogida y protección de la vida de las personas en todas las etapas de su desarrollo;

2.- Fieles a la expresión más alta del amor, que consiste en el compromiso por el bien común y la justicia social y cultivando el diálogo, la argumentación informada y razonable, con una actitud de entendimiento y no de enfrentamiento, participemos responsablemente en los actos democráticos que debe realizar nuestro País en los próximos meses. Pidamos a Dios para que el Plebiscito Nacional del mes de octubre de este año, sea una expresión de la madurez cívica de toda la ciudadanía que nos ayude a crecer en participación y comunión para el bien todos los chilenos;

3.- Animados por el espíritu fraterno en la comunión ecuménica e interreligiosa ayudemos a rezar y construir la paz social en Chile para desterrar el miedo y la violencia;

4.- Urgidos por el drama de la cesantía que afecta a muchas familias, ayudémonos para crear solidaria y creativamente las condiciones necesarias que generen fuentes laborales que multipliquen empleos dignos. Asumiendo esta tarea como compromiso de todos, no sólo del Estado;

5.- Conmovidos por el sufrimiento de los empobrecidos y sufrientes, especialmente los adultos mayores y migrantes, pongamos todo nuestro esfuerzo para considerarlos protagonistas y prioritarios en toda política pública y en cada proyecto de vida personal, familiar y social;

6.- Haciendo cada uno una revisión de conciencia sincera, cultivemos el desarrollo humano integral que nos ayude a superar todo tipo de abusos y a construir así una sociedad sobre principios éticos con una humilde integridad moral; y

7.- Agradecidos por todo lo verdadero, bello y bueno que ha surgido en esta crisis social y sanitaria y que nos urge también en el cuidado de la creación, tan hermosamente desplegada en la naturaleza y en cada persona de Chile, alabemos a Dios Creador por todo el bien que nos entrega siempre.

Además, en el Te Deum se hizo oración por la Patria, sus habitantes, autoridades; por aquellos que han perdido la vida a causa de la pandemia, por el personal de la salud, y por todos aquellos que han cumplido un rol fundamental en este tiempo de pandemia: Carabineros, Policía de Investigaciones, Personal Municipal, etc., por los Pueblos Originarios, los Emigrantes, refugiados y sin hogar, por la concordia y la paz en nuestra patria, por los niños/as y jóvenes, por los Adultos Mayores, por los universitarios, centros de formación técnica, docentes y aquellos que promueven la investigación científica, por aquellos que ha perdido su fuente laboral y por aquellos necesitados de bienes espirituales y materiales, por el eterno descanso de Ámbar Cornejo y por aquellas personas que han perdido su vida a causa de la violencia intrafamiliar, por el cuidado del medio ambiente, y por aquellas zonas de sacrificio ambientales de nuestra región, por los diferentes procesos eleccionarios que vivirá nuestro país, para que se lleven a cabo en un clima de paz y concordia.

Fuente: Comunicaciones de Valparaíso
Valparaíso, 17-09-2020
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Video: Solemne Te Deum Ecuménico Año 2020