Padre Gustavo: un clérigo que prometió jamás replegar su trabajo con el fin de inmortalizar la caridad

En el marco de su trigésimo aniversario al servicio de Dios junto a la comunidad, la autoridad eclesiástica angelina manifestó que para él ha sido un tiempo hermoso, porque de lo contrario, “no estaría aquí”.

 
Lunes 03 de Febrero de 2020
Ver Galería
Un hombre que hace lo posible por ser mejor. Así se define Gustavo Adrián Valencia Aguilera, padre de Los Ángeles, quien celebrará este domingo 2 febrero, desde las 11:30 de la mañana en la Parroquia del Perpetuo Socorro, 30 años de sacerdocio en el ministerio.

Si bien sus inicios formalmente se remontan a la década de los 90, fue durante su niñez que ya dilucidaba su destino, el que le llevaría a dedicar toda su vida al prójimo y la promulgación de la fe.

El padre Valencia nació un 22 de abril de 1961 en Santiago. Es hijo de Avelina Aguilera y Gustavo Valencia, quien falleció hace 10 años.
La autoridad religiosa angelina recordó a su padre como un gran hombre que le heredó parte de su compromiso con los demás: “fue muy preocupado de las personas que necesitaban, pese a que venimos de una familia pobre, donde nunca sobró ni faltó para compartir”.

Llamado al perfeccionamiento

Referente a sus estudios, comenzaron en el Colegio Don Orione, por lo que es ex alumno de la congregación a la cual pertenece hoy en día.

Corrían los años 70 cuando en la parroquia, con solo nueve años, ya colaboraba con el sacerdote en la celebración de las misas como monaguillo, siempre con una llamada en su interior “que uno no sabe cuándo llega, pero la siente tan fuerte, que decidí entrar a la congregación”.

Posteriormente, ingresó desde el postulantado, cuando se encontraba cursando tercero medio a los 16 años, continuando su camino incentivado gracias al trabajo de varios sacerdotes italianos en el pequeño cotolengo enfocado en niños con deficiencia mental.

Luego entró a la congregación primero en Argentina, donde hizo su noviciado –el que efectúa cualquiera que desee ser religioso– para a los 28 años ser ordenado sacerdote y enviado como director en el Colegio Don Orione, que superaba los mil 500 alumnos en Quintero.

Tras tres años en la dirección del establecimiento educacional, viajó a Iquique con la finalidad de fundar su congregación en la zona. Luego volvió a su natal Santiago, donde estuvo casi 15 años. Finalmente llegó a Los Ángeles, donde ha estado casi 10 años.

En relación con sus estudios, cursó Filosofía en la Universidad Católica de Argentina, hizo su práctica pastoral por dos años en Los Ángeles y luego finalizó Teología en la Universidad Católica de Santiago, con especialización pedagógica en la Católica de Valparaíso.

Recompensa a 30 años de compromiso

Una vida dedicada a los demás, junto a las especializaciones correspondientes, siempre tienen sacrificios Y costos importantes en distintos ámbitos. “Lo más difícil es el desapego de la familia, porque a los 16 años es difícil salir de casa, y tampoco es lo más normal, pero tuve mi mirada fija en ser sacerdote”, precisó el padre Gustavo.

Pese a ello, agregó que “uno se siente cercano a Dios y a la gente, y eso me ha motivado mucho a trabajar casi 20 años en educación con alumnos y apoderados como párroco”.

Dentro de lo más satisfactorio durante tres décadas, el sacerdote manifestó que el encuentro con las personas junto a las familias en la parroquia ha sido algo que no tiene precio, pero recordó que sus acciones en un sector particular tienen un poco más de trascendencia debido a la influencia sobre el prójimo.

“En estos 30 años, lo que yo más destaco es el trabajo con los niños con discapacidad en el cotolengo de Cerrillos, donde estuvimos ayudando a personas paralíticas y parapléjicas, especialmente pequeños con muchos síntomas de enfermedades”, manifestó el afable preste.

Asimismo, comentó que “muchos de ellos llegaban muy mal, y a través de los kinesiólogos podían empezar a caminar, comer de mejor forma; esos eran los grandes regalos que sentía, lo más bonito”.

Crisis en la Iglesia

Relativo a la actualidad del conjunto de fieles unidos por la misma fe, el clérigo perteneciente al corazón provincial fue enfático en aseverar que la iglesia se encuentra en crisis, y pese a salir en algunos momentos de ella, continúan los malos elementos que son culpables de las dificultades que atraviesa la organización religiosa.
“Se entiende que muchas personas duden, pero no podemos llevar la carga de todos. Hoy se ataca a muchas instituciones y no significa que somos todos iguales”, explicó.

Del mismo modo, añadió que hacen los esfuerzos por levantar la fe con su forma de trabajar, especialmente la parte solidaria, ya que “nosotros como iglesia estamos inmersos en nuestra diócesis: tenemos los comedores fraternos, ayudamos al adulto mayor e inmigrantes junto a las personas que más lo necesitan”.

Personalmente, manifestó, ha vivido momentos edificantes, pese a que no todos están a favor de la Iglesia, incluso de las buenas obras que realiza, puntualizando que a veces “la gente es muy crítica, pero nuestra vocación es hacer lo mejor”.

Diario La tribuna: un medio para todos

Recibido como “una herencia histórica” para ellos junto a la diócesis, en un momento la congregación pidió al padre Gustavo que fuera parte del directorio de Diario La Tribuna. En el cargo, inmediatamente comenzó a forjar una gran amistad con su socio principal Ítalo Zunino (Q.E.P.D.), junto a la antigua gerenta, Silvia Manríquez, amistad que trascendería a próximas generaciones.

Con casi una década en el directorio, manifestó que el diario ha sido un aporte y mediador evangelizador, puntualizando que “nos ha permitido presentar nuestra visión de iglesia en esta ciudad, sin decir que como diario solamente somos de una línea, ya que tenemos un abanico donde entran diferentes religiones, además de posiciones políticas imparciales, lo cual nos da mucho gusto”.

También destacó que ellos pueden hacer su aporte, al igual que otras personas, y jamás se le ha cerrado la puerta a otras religiones, pese a que se podría decir que “está el arzobispado y la congregación”.

Por Gonzalo Meller - Diario La Tribuna

Fuente: Diario La Tribuna
Los Angeles, 03-02-2020