
El tema de la dignidad de las personas que están gravemente es un tema muy importante, a juicio del médico de la Universidad Católica de Chile, diácono Claudio Barros, durante su exposición en el Séptimo Congreso de la Pastoral de la Salud, que se realizó en Concepción.
El profesional manifestó que respetar al enfermo grave y que se pronostica su fallecimiento, se debe respetar hasta el final, porque se trata de respetar la dignidad del ser humano. “Se trata de la persona que tiene su dignidad propia por el hecho que viene de la creación de nuestro Padre Dios. Nuestra vida es sagrada y tenemos que protegerla”, afirmó, añadiendo que “a veces, existe la tendencia a pensar que la dignidad puede variar en valor, puede variar en su forma, según la persona esté con sus funciones vitales a veces disminuida por la enfermedad. El Papa Juan Pablo II lo dijo: un hombre será un hombre desde su concepción, en el vientre materno, hasta la muerte natural”.
Barros subrayó que justamente los agentes pastorales que prestan servicio a los enfermos, son las personas que pueden dar una ayuda importante especialmente a personas gravemente enfermas. Recalcó que, en este caso, se trata de una ayuda espiritual, ya pueden mostrarles el mensaje esperanzador en el Señor Jesús. “Y, si el paciente eventualmente está, por diagnóstico médico, con un pronóstico de vida reducido, ayudarle a que arregle sus cosas en la vida, que resuelva sus problemas familiares y resuelva los problemas en sí mismo y para que tenga un encuentro con el Señor. Y así como respetar es un derecho humano, también es un derecho aceptar la muerte natural”, explicó.
¿Qué opina de aquellos sectores que están planteando legislar sobre la eutanasia en Chile?
- La eutanasia es un asesinato de manera clara. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona. La vida es nuestro bien más importante y fundamental, por lo tanto cualquier acción que esté orientada a quitar esta vida no es otra cosa que un asesinato. Lo que nosotros tenemos, cuando se habla de muerte digna, es dejar al paciente que muera de muerte natural. Lo que sí podemos ayudarle es aliviar los sufrimientos físicos que pueda tener, los sufrimientos espirituales que pueda tener también y es donde justamente las personas de la pastoral de la salud tienen un rol extraordinario. Por eso, es importante que la gente de nuestra iglesia que asiste a los enfermos tenga una buena formación, para que puedan dar este servicio.
A su juicio ¿los profesionales de la salud tienen una formación que efectivamente se traduce en respetar a los enfermos a tener una muerte digna?
- Sí. Yo creo que sí, los médicos que se están formando tiene respeto a la vida humana y de respetar y ayudar a sus pacientes y aliviarle, en lo que se relaciona con la medicina paliativa aceptada por la OMS, que se refiere a darle ayuda al enfermo y aliviarle todos sus sufrimientos y a permitirle que si va a tener una muerte, ésta sea digna y sin dolores.
¿Cree que en los hospitales están respetando cabalmente este derecho del enfermo grave?
- Yo creo que se respetando la dignidad de la persona, en general. Existe un respeto a la dignidad y este respeto no sólo lo reconocemos quienes somos católicos, sino que lo reconocen las instituciones civiles como las Naciones Unidas y con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, le reconoce la dignidad del ser humano y exige el respeto a esa dignidad. No tenemos que asustarnos que un grupo pequeño de personas traten de saltarse estos caminos, simplemente lo que tenemos que poner nosotros es el anuncio del Evangelio y a través de él podamos reforzar la dignidad que está basada en lo sagrado de nuestra vida.
¿Qué puede decir respecto a aquellas personas que estando enfermas se sienten una carga en sus familias?
- A estas personas hay que darles un alivio. Muchas veces basta a que nos acerquemos a la persona enferma, escuchar lo que nos tiene que decir, tomarle la mano, ser cariñosos. Muchas veces la falta de afecto es lo que los tiene mal y los hace sentirse como una carga. Pero si nosotros nos acercamos y les damos el cariño que nos están pidiendo, quizás estamos ayudando de manera mucho más considerable que otra ayuda que se pudiera pensar.
Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 17-11-2007