El templo de la parroquia de Natividad de María, en Concepción, se hizo estrecho para contener a las miles de personas que se congregaron para despedir los restos mortales del presbítero Juan Carlos Soto Hermosilla (40 años de edad).
Monseñor Ricardo Ezzati presidió una eucaristía que fue concelebrada por un grupo numerosos de sacerdotes que quisieron estar acompañar a un hermano. En su homilía monseñor saludó especialmente a los padres y hermanas del sacerdote fallecido y a todos los sacerdotes de Concepción.
“Hoy no es día simplemente triste, sino lleno de luz y esperanza, porque en el acontecimiento humano que estamos viviendo, brilla la luz del Señor; brilla la luz de su palabra, la presencia amorosa del Padre Dios, que siempre quiere enjugar la lágrimas de sus hijos y a través de su Hijo Jesús nos viene invitar cuál es el sentido de nuestra historia personal y la historia de nuestros hermanos y de la Iglesia”, señaló.
A la luz del texto bíblico, monseñor expresó que “ninguno vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo; si vivimos y morimos es para el Señor. La vida como en la muerte somos del Señor. Esta es la certeza que queremos proclamar esta tarde. Somos del Señor, vivimos en el Señor. El Señor es nuestra vida y nosotros vivimos en su vida”.
Agregó: “Queremos involucrar en estas palabras la vida y la muerte de nuestro hermano Juan Carlos. En la vida, el Señor lo marcó, con la gracia del bautismo; el cuerpo de Cristo que alimentó el caminar de este muchacho, el sello del Espíritu Santo marcó su vida de joven y después, en la ordenación sacerdotal lo configuró plenamente a Jesucristo, buen pastor”.
Afirmó que el sacerdote, en la vida, fue del Señor y en la muerte también del Señor. “Más allá de las contingencias y de las situaciones que no se pueden aceptar por nuestra simple razón, hay una esperanza. Esta historia, en cada hombre, más allá de su fragilidad está siempre el amor de Dios. En la vida de los sacerdotes, más allá de toda dificultad y problema, siempre está el amor del Señor. Somos de Él, en la vida y en la muerte. Esta certeza nos tiene que abrir el horizonte del alma, a la serenidad y a la paz. Nuestro hermano vive en el Señor”, subrayó el arzobispo.
Recordó que el padre Juan Carlos sirvió a la Iglesia como presbítero y de manera particular en la comunidad de Natividad de María, una comunidad que a lo largo de estos últimos años ha encontrado muchas pruebas; una comunidad en que no ha sido fácil el caminar como comunidad creyente acompañada por sus pastores, “una comunidad que ha sentido el peso de la crisis, el peso de la dificultad y de la prueba”, concluyó.
Los restos del sacerdote fueron depositados, finalmente, en el mausoleo del clero de la arquidiócesis, en el cementerio general de Concepción.
Fuente: Comunicaciones Concepción
El Carmen, 11-11-2007