Bendicen Torre Campanario de Chiapa

Levantada sin ayuda externa

Bendicen Torre Campanario de Chiapa

Para los habitantes del poblado de Chiapa el despertar del sábado pasado fue especial: al mediodía bendecirían la torre campanario, construida a pulso y con las mismas piedras añosas de la original, derrumbada a fuerza luego del daño estructural causado por el terremoto del 13 de junio del 2005.

Lunes 05 de Noviembre de 2007
Con la satisfacción que sólo da una tarea cumplida, esperaron en las cercanías del templo la llegada del Obispo diocesano, monseñor Marco Antonio Ordenes, quien les acompañó e incluso guió en esta titánica labor de reconstruir sin ayuda económica externa alguna.

“Uno puede ver que una comunidad cuando trabaja unida empieza a florecer. Hubo un esfuerzo enorme hecho por la comunidad de Chiapa, especialmente por quienes viven en Antofagasta y Arica, y eso es muy hermoso, porque lo hacen por un amor grande a Dios y a sus tradiciones. Es muy valioso y esperamos que más hijos y amigos de Chiapa se integren en este trabajo, porque todavía falta restaurar el templo”, expresó monseñor Ordenes.

Una banda de bronces recibió a los visitantes y les condujo hasta el interior de la iglesia, donde el obispo se refirió al dificultoso pero fructífico caminar emprendido por la comunidad, encomendando la obra a Dios y a los santos patronos del pueblo.

Tras ese momento de oración, la comunidad se ubicó frente al campanario y participó de la bendición, y posteriormente disfrutaron de un almuerzo en la sede social.

Comité

En agosto del 2006 se formó el comité de reconstrucción, integrado por hijos de Chiapa residentes en el pueblo y en distintas ciudades del norte de nuestro país.

Esta instancia elaboró un camino de organización, captación de recursos y coordinación de obras, siempre en comunión con el Obispado, institución que a su vez aportó un capital inicial y dispuso la colaboración profesional del arquitecto Marcos Loyola para el asesoramiento de las obras.
“El arquitecto fue fundamental, porque nosotros podemos reunir los materiales y los trabajadores, pero este tipo de obras sólo se pueden realizar con un profesional”, expresó Salvador Chamba, miembro del comité.

De igual forma resaltó la labor del constructor Sergio López, ya que al no contar con presupuesto para contratar maquinaria “se las ingenió para subir piedras que pesaban como 80 kilos a una altura de 8 metros y más, diseñando un canastillo de fierro al que le puso una roldana por donde pasaban las cuerdas sostenidas en largos palos sacados de eucaliptos del sector. Fue impresionante, y debemos agradecer a Dios porque con tan pocos medios no tuvimos ningún accidente durante los casi 5 meses que duró la obra”, dijo.

Con el mismo entusiasmo, Chamba comentó la fuerza que les motiva a recuperar su templo y a permanecer vinculado a su pueblo. “Este pueblo tiene un valor por la sencilla razón que nuestros abuelos, nuestros antepasados llegaron aquí y levantaron todo en tiempos donde no había huella y sólo se llegaba a caballo, sobre mula o caminando. Entonces nosotros valoramos esos sacrificios y no podemos perderlos. Además de eso hay caballeros que tienen 80, 85, 90 años, que viven acá y quieren tener su iglesia como antes. Uno de ellos, don Hilario Hidalgo, me dijo cuando echamos abajo la torre: don Salvador, ¿por qué lo hacen, al menos así se veía y, ahora, cuándo la van a parar? Le pedí que tuviera un poquito de paciencia y cuando la levantamos se puso a llorar. Aquí vive gente muy buena y muy colaboradora, como la señora Brígida Tiayna y la paramédico de la posta. Por todos ellos hay que seguir adelante”, manifestó.

Identidad

Según explicó el obispo, la estrecha relación de la gente con su iglesia se explica porque “hay una identidad con la tierra, con el pueblo y con su historia, y toda esa identidad está contenida en las expresiones de su fe; ése es el punto de encuentro más profundo. En la fe se encuentra el dato de su fe cristiana y el dato de su historia ligada a la tierra, ligado con tristeza y con esperanza. Está todo contenido”.

Agregó que “no es sólo reconstruir las piedras sino la posibilidad de reconstruir su historia y de perpetuarse en el tiempo. Solamente mirando hacia atrás se logra descubrir identidad, y esa identidad es causa de futuro, porque los que pierden la identidad pierden el futuro debido a que dejan de saber quienes son”.

Desafíos

Según arrojó un estudio elaborado por la Universidad de Chile, la iglesia de Chiapa es posible restaurarla, es decir, no se requiere derrumbarla y volver a construir. Aunque se desconoce la cifra exacta, Salvador Chambe señala que hay un cálculo estimativo que sobrepasa los 130 millones de pesos. No obstante lo impresionante de aquella suma, el comité confía en que paso a paso lo lograrán.

“Por orientación de monseñor, debemos comenzar por la parte posterior del templo, ya que el retablo está vacío y eso es lo más urgente, devolver los santos a sus nichos”, indicó. Para iniciar este nuevo desafío cuentan con 10 millones de pesos, 3 que sobraron del campanario y 7 recaudados durante la última fiesta patronal. Todos los recursos, señaló, están siendo administrados a través del obispado, como muestra de transparencia del comité.

“No sabemos cuánto necesitamos para el retablo, pero ya tenemos algo y pretendemos ir buscando más, esta vez también acudiendo a empresas y a reparticiones del Estado. Por lo mismo, le pido de todo corazón a la comunidad de Iquique y a todos los hijos de Chiapa que nos unamos más y nos pongamos a disposición para enfrentar estos desafíos. Tengo esperanza y sé que vamos a salir adelante”, concluyó.

Fuente: Comunicaciones Iquique
iquique, 05-11-2007