
Dos presentaciones, en Concepción, hizo el padre José Carrazo, sdb, Director Nacional de Catequesis, en Chile, quien fue invitado especialmente por Monseñor Ricardo Ezzati. El propio padre Carraro dijo que existe una gran amistad con Mons. Ezzati, ya que han sido compañeros a los 13 años, desde Italia.
La primera exposición estuvo dirigida al personal consagrado de la arquidiócesis y, posteriormente, lo hizo con catequistas que trabajan en las parroquias. Explicó las Orientaciones para la catequesis en Chile, propuestas por la Conferencia Episcopal de Chile y que están dirigidas a optimizar y desarrollar más y mejor la catequesis en todas las diócesis del país.
En esta entrevista, el Padre Carraro, se refirió a los aspectos generales de estas nuevas orientaciones.
¿Hay diferencias de lo que se ha hecho en la Catequesis hasta ahora?
- Las orientaciones apuntan a inculturar en Chile las orientaciones que vienen desde El Vaticano y afortunadamente, lo que se ha trabajado en Chile, corresponde en gran parte a lo que Aparecida nos propone en el 2007. Las orientaciones tienen 3 años y hay una gran concordancia y una gran convergencia. Se nota que estamos avanzando bien a nivel de reflexión y de desarrollo. Evidentemente, que estas grandes orientaciones que pueden cambiar profundizar, agilizar y dar mayor fecundidad a la catequesis, deben llegar ahora a las bases, a las mentes y corazones de nuestros catequistas. No bastan los documentos, que son bellos, pero deben llegar a cambiar comportamientos y actitudes , lenguaje, contenido para animar la catequesis. Estoy aquí para impulsar la acogida, la asimilación y sobretodo la proyección en esta zona.
¿Los cambios en las orientaciones se relacionan con los cambios qué vive la sociedad.?
- Evidentemente. Ha cambiado la cultura, la familia, cambiaron la psicología, las Esperanzas y las actitudes de los jóvenes, por esta cultura posmoderna que avanza con tanta rapidez. La Iglesia no puede quedarse atrás. De ahí la importancia de reflexionar cómo evangelizar, cómo anunciar a Cristo, cómo educar la fe de una manera sistemática, pero en este contexto posmoderno que tiene tantos desafíos y muy agudos. Si los catequistas no están atentos, no se preparan a nivel de formación humana, a nivel de formación espiritual y también de contenido teológico y la pedagogía, quedamos un poco desfasados. Tenemos que ponernos al día para responder mejor al requerimiento de nuestros niños y nuestras familias y nuestros adultos.
¿Significa un cambio en los textos actuales?
- Estamos cambiando el vocabulario, por ejemplo. Ya no hablamos de primera comunión, podemos hablar de catequesis de iniciación a la vida eucarística que es mucho más bonito , más profundo y más amplio que preparar para un sacramento y un momento de la eucaristía que es comulgar. Estamos hablando de Catecumenado juvenil para preparar y acompañar jóvenes en un proceso catecumenal para que vivencie más a fondo el sacramento de la confirmación. Queremos impulsar la catequesis de los adultos – catecumenado adulto – que es sumamente débil en Chile y los obispos dicen que sea la catequesis prioritaria. Cambia el lenguaje, cambia la perspectiva y obviamente, cambian los cursos que estamos ofreciendo en Chile y como consecuencia también el mismo texto que llega después a manos de los niños, jóvenes y catequistas. Es todo un cambio lento, que implica esfuerzo y orientación, pero en eso estamos. Gracias a Dios , vemos que Chile tiene un futuro interesante en la educación de la fe.
¿Cómo valora el trabajo de los catequistas en Chile?
- En Chile hay 54 mil catequistas. Es una riqueza enorme y una perla preciosa. Valioso, por generosidad, su disponibilidad de entrega. Obviamente el 80% son mujeres. El problema es la formación de esta gente. La Iglesia valora inmensamente esta gran disponibilidad, pero siente el desafío de la formación. Necesitan más formación y mejor formación. Si tenemos una formación más sólida, más actualizada, más profunda tendremos una mejor catequesis.
Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 24-10-2007