Alegre gratitud al concluir la Primera Asamblea Eclesial

Alegre gratitud al concluir la Primera Asamblea Eclesial

La luz de Cristo ilumina el caminar de nuestra Iglesia. Cientos de cirios encendidos en el Santuario Nacional de Maipú marcaron la celebración de los 50 años de vida de la Conferencia Episcopal.

Viernes 12 de Octubre de 2007
Con gran alegría por el trabajo realizado en tres intensos días culminó el viernes 12 de octubre la Primera Asamblea Eclesial Nacional, con una solemne Eucaristía en el Santuario Nacional de Maipú presidida por Mons. Alejandro Goic, Obispo de Rancagua y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, junto a los miembros del Comité Permanente, y concelebrada por todos los obispos participantes en la Asamblea.

En la Misa participaron las más de 500 personas que concurrieron a la Asamblea, junto a unos 300 seminaristas que esa misma noche iniciaban un Encuentro de reflexión y formación en Punta de Tralca, autoridades de Maipú y numerosos fieles.

En este oficio religioso se agradeció al Señor por los frutos de este histórico encuentro de la Iglesia del país y sus proyecciones, así como por los 50 años de vida formal de la Conferencia Episcopal chilena. En octubre de 1957, el Papa Pío XII aprobó el decreto en que se aprobaba la creación de la CECh.

En su homilía, Mons. Goic agradeció al Señor por los 50 años de la CECh y recordó a “todos los pastores que han servido en nuestra patria” a través de los 11 anteriores presidentes de la Conferencia Episcopal de Chile.

Luego destacó que “por primera vez en la historia de nuestra Iglesia, para preparar las próximas orientaciones hemos tenido la gracia de esta Asamblea Eclesial Nacional con representantes de todas las diócesis y todas las diversas expresiones de carismas, espiritualidades, movimientos, etc., para juntos, en espíritu de comunión y participación, realizar un elenco de propuestas para las grandes líneas orientadoras de la Iglesia en Chile en los próximos cinco años”.

La alegría de ser discípulos

“Por el bautismo somos discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida, como lo proclama Aparecida en su título y en todo el contenido del Documento”, añadió el obispo y citando al Documento Conclusivo de la V Conferencia resaltó la gran satisfacción de ser cristianos: “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (D.A. 28).

Más adelante explicó que la centralidad de Jesucristo y esa alegría de ser cristianos-católicos en estos tiempos es el fundamento de nuestra fe: “Esta centralidad y primacía de Jesucristo en todo es, por una parte, la fuente de libertad de la Iglesia que se reconoce a sí misma de cara a Jesucristo, no de cara a las culturas o ideologías, y – por otra parte – de esta centralidad de Jesucristo brota la mirada esperanzada de la Iglesia sobre la historia humana y sus complejos procesos; no se trata de un optimismo circunstancial, sino de la esperanza creyente en Jesucristo como sentido de la historia, que actúa en ella, la purifica y transforma, y la lleva a su plenitud”.

“Somos discípulos – misioneros en esta hora de la Patria. Nada de lo humano es ajeno a la misión de la Iglesia. Como creyentes en Jesucristo lo que nos interesa es la comunión de los seres humanos con Dios y entre sí” -prosiguió Mons. Goic- “por ello, los creyentes en Jesucristo tenemos la misión de estar allí donde la comunión, en cualquiera de sus formas es amenazada y, por tanto, menoscabada la dignidad del ser humano. La defensa de la persona humana desde su origen hasta su fin natural: la familia, unión de amor del hombre y de la mujer, formadora y educadora de sus hijos; la construcción de una sociedad más justa y equitativa en que todos participen de los bienes dados por el Creador, etc. Son realidades que ocupan y preocupan a la Iglesia”.

La luz del compromiso misionero

Varios signos marcaron esta celebración, comenzando por la procesión de entrada en que los Obispos de Valdivia, Mons Ignacio Ducasse, y de Iquique, Mons. Marco Antonio Órdenes, condujeron hacia el altar la imagen de Nuestra Señora del Carmen que preside los trabajos en las actuales oficinas de la Conferencia Episcopal en Echaurren 4.

En la procesión de ofrendas, una religiosa y un laico que colaboran en la CECh presentaron los textos compilados de los Documentos oficiales del Episcopado, mientras que dos participantes en la Asamblea Eclesial ofrecieron las síntesis de los trabajos realizados en estos tres días. El pan y el vino fueron llevados al altar por un representante de los bailes religiosos y una cuasimodista. Otro representante del mundo de la piedad popular que se hizo presente en la liturgia fue el cantor a lo divino Francisco Astorga.

Antes de la bendición final, se encendieron cientos de cirios recordatorios de la Primera Asamblea Eclesial, como un signo de la luz de Cristo que seguirá iluminando el caminar de la Iglesia en Chile. Una hermosa imagen que los participantes de este encuentro difícilmente olvidarán. Con los cirios encendidos, se rezó a la Virgen del Carmen y los obispos impartieron la bendición final.

Ver texto homilía de Mons. Goic

Fuente: Prensa CECh
Santiago, 12-10-2007