Llamado a ser instrumentos de comunión en nuestro mundo abrió sesiones de Asamblea

Llamado a ser instrumentos de comunión en nuestro mundo abrió sesiones de Asamblea

El Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Alejandro Goic, invitó a valorar la pluralidad y la diversidad en la comunión de la Iglesia como un don del Espíritu Santo y a encontrar en Cristo la fuente de nuestra vida en comunión.

Miércoles 10 de Octubre de 2007
La misión de los discípulos misioneros de Cristo en nuestra Iglesia que peregrina en Chile es ser instrumentos de comunión en un mundo amenazado y herido por el desamor, por la exclusión, por las crecientes brechas socio-económicas, educacionales y culturales, por el consumismo materialista y la falta de sentido que asfixia a la esperanza. Así lo sostuvo Mons. Alejandro Goic, Obispo de Rancagua y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, en su intervención inaugural que abrió las sesiones de la Primera Asamblea Eclesial.

Ante más de 500 participantes que se congregan en el Centro de Peregrinos de Schoenstatt, en Santiago, Mons. Goic entregó su saludo en nombre del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile y de la Comisión Preparatoria. En la ocasión, el obispo que en este encuentro se reúnen los miembros del pueblo de Dios, para discernir juntos un elenco de propuestas para las grandes líneas orientadoras de la Iglesia en Chile en los próximos cinco años.

"Y lo hacemos animados por una espiritualidad de comunión que deseamos sea la que caracterice nuestras actitudes y toda nuestra participación a lo largo de toda esta Asamblea y también que continúe después de ella", enfatizó.

La riqueza de la diversidad

El Presidente de la CECh destacó los múltiples signos de diversidad que se verifican entre los participantes y precisó que en la fe reconocemos que esta extraordinaria diversidad es expresión de una de las notas más características de nuestra Iglesia: el ser católica, el ser universal. Agregó que la "capacidad de inclusión de la diversidad es lo propio de la catolicidad" y que la caridad es el “alma” de esta comunión católica.

Prosiguió señalando el Obispo de Rancagua que en muchas ocasiones la diversidad y pluralidad nos asusta, genera temores y desconfianza entre nosotros. Es así como una diversidad querida y creada por Dios no siempre hemos sabido reconocerla, acogerla y cuidarla. En ese sentido, reconoció que en "la misma Iglesia a veces se ha manifestado la intolerancia, el desprecio, o la desconfianza hacia los demás, incluso hacia otros hermanos y hermanas que profesan nuestra misma fe cristiana y católica".

Citando los escritos del Apóstol Pablo a la comunidad de Corinto, el pastor recordó que ninguna de nuestras diferencias -sean estas religiosas, sociales o de género- constituyen de por sí un obstáculo, o algún privilegio, para acoger la gracia y la salvación de Dios: "Por el contrario, es el mismo Espíritu de Cristo, quien nos regala sus dones para ponerlos al servicio de todos y edificar así su Iglesia universal (..) De esta manera, la diversidad que se expresa en esta comunión católica es un don del Espíritu Santo, pues el mismo Espíritu Santo es el autor de la diversidad en la comunión de la Iglesia, como nos lo ha recordado el apóstol Pablo".


Cristo, fuente de unidad

Puntualizó Mons. Goic que en la Iglesia convergen diversas razas, culturas y pueblos, diversos carismas y ministerios, diversas sensibilidades sociales, espirituales, estéticas; una pluralidad de lenguajes, signos y símbolos: "en definitiva, en la Iglesia católica se expresa una extraordinaria pluralidad, que muchas veces podemos tener la tentación de nivelar y uniformar".

Añadió que la comunión en la Iglesia no se funda en empatías de carácter personal o social, sino en la misma unidad y comunión de Dios: "La comunión eclesial se constituye como participación en la vida de Dios, y éste es el núcleo de la identidad católica, en la que hemos de reconocernos siempre más (...) Es mirando a Jesús como la Iglesia reconoce entonces el modo concreto de la comunión para la cual ha sido llamada (...) Es en Cristo, en su modo de vivir la comunión, donde la Iglesia encontrará la fuente de la cual mana todo principio de unidad en la verdad y en la caridad".

Al enfatizar que la comunión eclesial se hace posible en referencia a la persona de Jesucristo, Palabra eterna de Dios, subrayó Mons. Goic que ninguna otra referencia, por significativa que ella pueda ser, debiera distraernos de quien es el único Señor y Maestro.

Signo de comunión en un mundo asfixiado

Mons. Alejandro Goic prosiguió su intervención precisando que nuestra comunión, por provenir de Dios y estar sustentada en Él, es una comunión que no descansa en lo ya alcanzado y vivido, sino que busca siempre extenderse hacia ámbitos de nuestra vida personal y social donde aún reinan el egoísmo, la mentira y la muerte.

"Los creyentes, por fidelidad al Dios que es amor, debemos buscar siempre caminos que nos ayuden a hacer más presente en nuestra historia “la civilización del amor”, amenazada tantas veces por las guerras, por las injusticias, por los odios, por el desprecio de los más pobres. La comunión que hoy vivimos es un signo de aquella fraternidad que queremos vivir en nuestras relaciones familiares, en nuestra sociedad, en nuestro mundo. Pero, al mismo tiempo, este signo de comunión se constituye también para nosotros en una misión: la de ser instrumentos de comunión en un mundo amenazado y herido por el desamor, por la exclusión, por las crecientes brechas socio-económicas, educaciones y culturales, por el consumismo materialista y la falta de sentido que asfixia a la esperanza".

Citando el documento conclusivo de Aparecida, recordó que la Iglesia no puede ser ajena a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas.

"Que el Espíritu de Cristo en esta Asamblea Eclesial Nacional y en esta maravillosa pluralidad de dones y carismas, nos permita seguir siendo “casa y escuela de comunión”, para servir a la Patria y a todos sus hijos", concluyó señalando el Presidente de la Conferencia Episcopal.

Ver texto completo de la intervención de Mons. Alejandro Goic, Presidente de la CECh

Fuente: Prensa CECh
Santiago, 10-10-2007