
Con una eucaristía celebrada en la catedral y presidida por monseñor Ricardo Ezzati se clausuró, el sábado 22 de septiembre, el XIV Encuentro Nacional de la Pastoral Juvenil, después de tres días de reflexión y análisis, en la casa Betania de Concepción, con la participación de más de 100 jóvenes de las distintas diócesis del país y el acompañamiento de varios sacerdotes asesores. En la misa, el arzobispo de Concepción llamó a los jóvenes a un fuerte compromiso de ofrecer su testimonio y su entusiasmo con miras al Bicentenario.
“Nos encaminamos al Bicentenario de la Patria y como jóvenes ustedes tienen la tarea de ofrecerle a los demás jóvenes, el testimonio y la certeza de que Chile será un país mucho más fraterno, mucho más justo, mucho más solidario si Jesucristo entra y si dejamos que Jesucristo entre en el tejido de nuestra vida social y de nuestra vida nacional. Eso requiere del testimonio de cada uno de ustedes, pero también requiere de la tarea misionera de cada uno de ustedes y de la Pastoral Juvenil en nuestras diócesis”, afirmó el pastor arquidiocesano.
Junto con entregar un cordial saludo a los jóvenes y a los sacerdotes que acompañaron a las delegaciones, monseñor expresó su complacencia que el encuentro se haya realizado en la arquidiócesis y hayan encontrado la acogida de los jóvenes penquistas. Animado por la reciente Conferencia de Aparecida, el arzobispo dijo que los jóvenes tienen que sentirse parte importante de la Iglesia, que no es sólo destinataria de la Pastoral hacia los Jóvenes, sino que es la pastoral joven de la Iglesia que se siente responsable de la evangelización de los demás jóvenes.
“El sentirnos con una vocación muy particular, la de ser discípulos de Jesús en nuestra realidad cultural; la de sentirnos misioneros de Él en nuestro mundo, nos tiene que comprometer a vivir nuestro vocación cristiana con la alegría, el gozo y la responsabilidad que el Señor nos confiere, llamándonos a ser sus discípulos y sus misioneros. La tarea de la Iglesia es su gozo y es también la alegría que constituye en ser discípulo que el Señor nos envía”, explicó.
Les manifestó que seguramente cada uno de los jóvenes, en su respectiva diócesis, siente no sólo la urgencia de ser misionero de Jesús, sino también siente la urgencia de ser discípulo más auténtico de Jesús, “porque la misión logra su calidad y adquiere su espesor ,en la medida en que cada uno de nosotros y nuestras comunidades juveniles tomen conciencia del don y de la responsabilidad de la propia vocación”.
Enfatizó que ahora, más que nunca, sus hermanos jóvenes “necesitan descubrir en otros jóvenes, que seguir a Jesús no es algo de superficie ni es algo de farándula, sino que seguir a Jesucristo compromete la propia vida y la compromete con un sentido muy profundo de gozo de aquel que descubre que en Jesús está el sentido y la riqueza más grande su vida”.
En segundo lugar, indicó que la experiencia con Jesús, que llena la vida de un joven y le da pleno sentido a todas sus aspiraciones, es también el anuncio para los demás jóvenes. “Es esta misión que el Señor nos confía, porque nos quiere, nos ama, nos ha elegido, porque cree en nosotros a pesar de nuestra fragilidad y de nuestra debilidad”, agregó, señalando también que es muy hermoso que los jóvenes se sientan partícipes la misión permanente de la Iglesia, de ser testigo de algo muy valioso para la vida de nuestra sociedad, para la vida de Chile y de América Latina. Y los llamó a asumir con fuerza este compromiso.
Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 22-09-2007