Obispo de Melipilla celebra el Corpus Christi en Talagante y renueva la misión de ministros extraordinarios de la Eucaristía
Monseñor Cristián Contreras Villarroel presidió la misa dominical del 7 de junio en Talagante, en una jornada marcada por la solemnidad eucarística y la renovación del ministerio laical.
El pasado domingo 7 de junio de 2026, el Obispo de Melipilla, don Cristián Contreras Villarroel, conmemoró la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo —conocida como Corpus Christi— en la parroquia Inmaculada Concepción de Talagante, con su párroco P. Gustavo Aravena, diáconos permanentes, cuasimodistas, catequistas y fieles de la comunidad, y tuvo como momento especial la renovación de la misión de los ministros extraordinarios de la Eucaristía. Y luego la multitudinaria procesión con el Santísimo alrededor de la Plaza de Talagante con 4 altares, bellamente adornados, al igual que las alfombras de aserrines coloridos. En esas estaciones se bendijo a quienes devotamente acompañaron al Señor Sacramentado: “Talagante para Cristo”, “Talagante católico”, “Viva el Papa León, el obispo y el párroco”, “Viva la Santísima Virgen Inmaculada”.
En su homilía, el obispo explicó el origen histórico de esta solemnidad, instituida en 1264 por el Papa Urbano IV mediante la Bula Transiturus, con el propósito de reafirmar la fe en la presencia real y sacramental de Cristo en la Eucaristía. Recordó que, si bien la Iglesia celebra la Eucaristía todos los días en el mundo entero, esta solemnidad existe precisamente para responder a una pregunta teológica central: si lo que se celebra es solo memoria de un hecho pasado, o algo vivo y operante aquí y ahora. La respuesta de la Iglesia, subrayó, es inequívoca: "El sacrificio de Cristo en la Cruz se actualiza a lo largo del tiempo por la acción del Espíritu Santo".
"Conmemorar no es nostalgia del pasado", afirmó monseñor Contreras. Al explicar el mandamiento de Jesús en la última cena —"Hagan esto en conmemoración mía"—, el obispo distinguió entre la mera memoria de algo pretérito y la conmemoración como acto eficaz en el presente: "Con la Eucaristía se cumple la promesa de Jesús en su Ascensión: Sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el final del mundo". Citó también al Papa Benedicto XVI para afirmar que Jesús es "el eterno contemporáneo de la humanidad", presente en todos los tiempos a través del sacramento eucarístico.
La homilía también se detuvo en el significado cultural del pan y el vino. El pan, señaló el obispo, es signo de todo lo necesario para vivir —material y espiritualmente—, tal como se reza en el Padre Nuestro: "Danos hoy el pan de cada día". El vino, en cambio, es en todas las culturas el elemento del brindis y la fiesta: "El Señor ha querido utilizar este fruto de la vid para simbolizar la entrega de su sangre y venir a alegrar la vida de los seres humanos".
Monseñor Contreras convocó luego a los fieles a prolongar la Misa en la vida cotidiana, reconociendo en los más pobres, enfermos y forasteros otras presencias reales —aunque no sacramentales— de Jesucristo: “todo lo que hicieron con estos hermanos más pequeños lo hicieron conmigo” (cf. San Mateo 25, 31-46). En ese sentido, recordó el significado original de la palabra "Misa": envío. La celebración litúrgica, insistió, no termina al salir del templo, sino que debe verificarse en la caridad fraterna y en la actitud hacia el hermano.
La jornada incluyó también la lectura de un texto del mártir San Justino, intelectual laico del siglo II, quien describió la asamblea dominical primitiva como una reunión de lectura, oración, fracción del pan y servicio a huérfanos, viudas, enfermos, presos y forasteros, imagen que el obispo presentó como modelo vigente de lo que significa celebrar el Corpus Christi con consecuencias reales en la comunidad.
Fuente: Comunicaciones Obispado y Carolina Requena
Fotografías: Rodrigo Jeréz
Talagante, 09-06-2026