La importancia fundamental de vivir un encuentro personal con Jesucristo para ser discípulos y misioneros destacó el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz. El prelado intervino brevemente al comienzo de la tercera jornada de la Semana Teológico-Pastoral del Clero de Santiago, para abordar este punto de partida. Posteriormente, el Vicario para la Educación, Padre Fernando Ramos, se refirió al itinerario formativo de los discípulos misioneros.

Dijo el Cardenal que “nuestra vocación de discípulos de Jesucristo aparece inseparable del llamado de Dios a ser misioneros”. Comentó que en el diccionario de las Conferencias anteriores no aparece la palabra “discípulos” y remarcó que el hecho que esta vez “el discipulado esté tan al centro de nuestra reflexión, de nuestro trabajo, de nuestra homilética, de nuestra pastoral, encierra una cierta novedad. Muchos han dicho que aquí hay una intuición, una intuición profética, en este caso, y ciertamente una moción del Espíritu Santo”.
Una fe que resista los embates del tiempo
Luego, resaltó que el documento de Aparecida cita dos veces la encíclica de Benedicto XVI Deus Caritas Est, donde afirma que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una nueva orientación”. Y recalcó lo señalado en el documento final que sostiene que una fe católica reducida a algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentada, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a moralismos blandos”, entre otras actitudes, “no resistiría a los embates del tiempo”.
Agregó el Cardenal Errázuriz que “aparece la categoría del encuentro con un acontecimiento, la Encarnación, la Pascua del Señor, el acontecimiento de Dios que irrumpe en la historia, que detrás y en el fondo, en lo profundo del acontecimiento, es un encuentro con una persona, y esa persona es Cristo, que le da un nuevo horizonte a la vida y una orientación decisiva”. Al respecto citó al Padre Kentenich: “El camino de la santidad comienza y sólo comienza cuando tenemos la experiencia de ser criaturas, hijos predilectos de Dios y hacemos de Dios y de los suyos nuestra ocupación predilecta.” O sea, dijo el Cardenal, “recién cuando se tiene esta experiencia y se hace de Dios y de las cosas de Dios la ocupación predilecta, estamos en el canino de la santidad”.
Finalmente, el Arzobispo de Santiago afirmó que “queda claro la importancia de la iniciación cristiana, la importancia del kerygma y también la importancia de que nosotros transformemos todas nuestras comunidades y nuestras instituciones en lugares de encuentro y en escuelas de encuentro con Jesucristo vivo y del discipulado. Reflexionar en las parroquias como lugares de encuentro con Jesús y como escuela de discipulado tiene un valor y vamos a hacerlo, sin lugar a duda alguna”.
Punto de partida e hilo conductor

El Vicario para la Educación, Padre Fernando Ramos, abordó el capítulo sexto del documento final de Aparecida, referido al “itinerario formativo de los discípulos misioneros”. Resaltó que el texto deja de lado aspectos psicológicos y pedagógicos como elementos para fundamentar un itinerario formativo, y que los obispos optaron por un camino más simple, pero también más potente: el punto de partida es necesariamente un encuentro personal con Jesucristo, como la experiencia de los primeros discípulos. “Todo verdadero discipulado no puede concretizarse ni tiene posibilidades de ser auténtico si no parte de un especial encuentro personal con Jesús”, sostuvo el Vicario.
Luego resaltó los lugares que señala Aparecida para que se dé ese encuentro: La Sagrada Escritura, la Liturgia, la oración personal y comunitaria, la comunidad cristiana y el amor fraterno, los pobres y afligidos, la piedad popular, María, discípula y misionera, los apóstoles y los santos.
Especial énfasis otorgaron los obispos a la piedad popular y las peregrinaciones. “La espiritualidad popular, comentó el Padre Ramos, no puede ser considerada un modo secundario de la vida cristiana”.
Encuentro con Jesucristo
Este capítulo, el más largo de todo el documento, dedica gran parte de su contenido a la formación de los discípulos y misioneros y a los lugares en que se tiene que dar. El Padre Fernando Ramos señaló que el texto destaca cinco aspectos fundamentales para este proceso formativo: el encuentro con Jesucristo, la conversión, el discipulado, la comunión y la misión.
Agregó que esta formación requiere de diversos criterios generales como marco del proceso. En primer lugar, una formación kerygmática, es decir, que se base en el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado; una formación atenta a las dimensiones humana, comunitaria, espiritual, intelectual y la dimensión pastoral y misionera. La formación también debe respetar los procesos personales en este camino y contemplar el acompañamiento de los discípulos, para concluir en una preparación en la espiritualidad de la acción misionera.
La iniciación cristiana y la catequesis permanente
Los obispos, señaló el Vicario para la Educación, “parten de una constatación preocupante, tal vez dramática: ‘son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial’. Por esta razón se plantea la necesidad de cuestionarse a fondo el modo en que se ha realizado hasta ahora la iniciación cristiana”.
Agregó el padre Ramos que para los obispos de Aparecida, “hay que tomar en serio el proceso de iniciación en el camino de la fe, porque éste es el camino del discípulo-misionero”, para lo que, en primer lugar, vuelven a enfatizar que lo fundamental es recibir el anuncio de kerygma, que es el que hace posible la conversión, el discipulado en comunión con otros y la misión.
En este tema, los obispos plantean que la parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana, donde los no bautizados inicien su fe y los ya bautizados, niños y adultos, eduquen su fe.
Luego de la entrega del kerygma, en este proceso viene la catequesis permanente, “un itinerario catequético permanente en cada diócesis que abarque toda la vida, desde la infancia hasta la ancianidad”, destacó el Padre Fernando Ramos.
Familia y comunidades

Entre las instituciones que forman a los cristianos del continente ocupa un primer lugar la familia, “la primera escuela de fe en América Latina”. Luego, viene la parroquia. El documento de Aparecida destaca la dimensión comunitaria de toda parroquia y que tiene que ser verdaderamente un centrote formación permanente.
Otro lugar de formación cristiana son las pequeñas comunidades eclesiales, en las que hay “una fuente de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a la vida laical”. Están también los movimientos y las nuevas comunidades. El Vicario Fernando Ramos precisó que dado su carácter carismático, “no debe jamás entenderse como un contraste o contraposición con la dimensión institucional de la Iglesia”. Agregó que “seguramente, haciéndose cargo de posibles tensiones que en algunas partes del continente se han dado con diversos movimientos, el documento invita a estas comunidades a integrarse más plenamente en la vida pastoral diocesana y también invita a la comunidad diocesana a acogerlos con toda su riqueza espiritual y apostólica”.
Seminarios y centros de educación católica
Finalmente, el Vicario para la Educación abordó el último tema de este capítulo. El texto final de Aparecida señala que los futuros sacerdotes deben formarse en un ambiente similar al de la comunidad apostólica en torno a Cristo Resucitado, es decir, un clima de oración, vida litúrgica, conocimiento de la Sagrada Escritura, servicio pastoral y la vivencia de la caridad.
En cuanto a al educación católica, los obispos señalan que la escuela debiera ser un “lugar privilegiado de formación y promoción integral, mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura”.
Respecto de la Universidades Católicas e Institutos Superiores de Educación, los obispos señalan que están llamados a cooperar en la misión evangelizadora de la Iglesia y, por eso, sus actividades han de vincularse y armonizarse con esa misión.
Al término de su exposición, el Padre Fernando Ramos dijo que cree “firmemente que este documento de Aparecida entrega todos los elementos necesarios para que nuestra pastoral se vea profundamente animada por el Espíritu y así se pueda desplegar en nuestro continente una acción de miles de discípulos-misioneros para que nuestros pueblos tengan en el Señor vida abundante”.
El resto de la mañana los participantes lo dedicaron al trabajo en comisiones, que abordaron la pastoral social, los consagrados y las vocaciones, la pastoral urbana, la piedad popular y la dimensión misionera.
La Semana Teológica culmina este viernes, con la exposición del Vicario de la Zona Sur, Padre Cristián Precht, sobre el Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana.
Fuente: DOP www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 19-07-2007