La Iglesia está llamada a reflejar el amor de Dios, que es comunión, y es esencialmente el lugar para que se exprese y concrete la comunión de la diversidad de carismas que ella acoge; es también sacramento de comunión para los pueblos de América Latina y El Caribe.

Así lo señaló el Vicario de la Zona Cordillera de Santiago, Padre Fernando Vives, SS.CC, al exponer acerca de la comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia, abordado en el capítulo V del Documento Final de la Conferencia de Aparecida y en otras partes del texto. El religioso expuso en la segunda jornada de la Semana Teológico–Pastoral del Clero de Santiago realizada el miércoles 18 de julio en el Salón Arca del Colegio de los Sagrados Corazones.
Algunos desafíos
La comunión, dijo el Padre Vives, se basa en el misterio de la Trinidad, que es “la fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia”, que está llamada a ser “sacramento o signo e instrumento de la íntima comunión con Dios y de la unidad de todo el género humano”, según la encíclica Gaudium et Spes.
Esta comunión tiene desafíos que destaca el documento final, como la poca participación plena de los católicos en la vida de la Iglesia, la afirmación “exasperada” de los derechos individuales y subjetivos y la inequidad y exclusión, entre otros, a pesar de ser América el continente de mayor número de católicos.
El Padre Fernando Vives destacó del documento de Aparecida la afirmación de que “la Iglesia es comunión en el amor. Esta comunión es su esencia, y el signo por el cual será reconocida como seguidora de Cristo y servidora de la humanidad”. Por eso también está llamada a ser en América Latina y El Caribe “sacramento de comunión ente nuestros pueblos (…) casa de los pobres de Dios”.
Los lugares para la comunión

El documento final de Aparecida afirma que esta comunión en la Iglesia tiene que expresarse concretamente en diversos ámbitos de su estructura, como las diócesis, las parroquias y las comunidades. La diócesis, dijo el Padre Vives, es un lugar privilegiado de la comunión, “es la Iglesia particular donde existe y se manifiesta la Iglesia Católica y es el primer ámbito de la comunión y la misión”.
En cuanto a las parroquias, deben ser “casas y escuelas de comunión. Se anhela una valiente acción renovadora de las estructuras de las parroquias para que sean red de comunidades y grupos, verdaderos espacios de iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a diversos carismas, servicios y ministerios (…) atentas a la diversidad cultual de sus habitantes (…) invitadas a volverse misioneras”. El Vicario de la Zona Cordillera afirmó que cada parte de este párrafo “debe ser tomada por nosotros muy profundamente para reflexionarla”.
También la parroquia debe responder a las grandes necesidades de la gente “ante la inmensa mayoría de los católicos que viven bajo el flagelo de la pobreza en todas sus formas”.
Otra instancia de comunión son las Comunidades Eclesiales de Base, que funcionan con mucha fuerza en diversos países de la región y “están muchas veces en lugares de frontera, no solamente geográficas, sino de la vida, de situaciones de pobreza”, dijo el Padre Fernando Vives. Y también otras comunidades, movimientos, grupos de vida, “alimentados por la Palabra y la celebración de la Eucaristía”.
La comunión entre los miembros de la Iglesia

El religioso también se refirió a la comunión entre las conferencias episcopales, que acrecientan la unidad con los demás obispos, el Colegio Episcopal y la Iglesia de Roma. Los obispos, “como padres y centros de unidad, tienen la misión de presentar al mundo el rostro de la Iglesia donde todos se sientan acogidos como en su propia casa”, tarea que también alcanza a los presbíteros y diáconos permanentes.
En cuanto a los párrocos, el Padre Vives citó al documento de Aparecida, que dice que “la renovación parroquial exige actitudes nuevas de los párrocos (…), que no se contentan con sólo administrar, sino que van en busca de los alejados”. Agregó que todo esto “son orientaciones pastorales para nosotros”.
Los laicos se integran como discípulos misioneros de Jesús con su misión propia de transformar el mundo y “construir estructuras justas según los criterios del Evangelio”. Esta misión “exige de los pastores una mayor apertura de mentalidad para entender y acoger al ser y el hacer del laico en la Iglesia”. Los pastores, resaltó el Padre Fernando Vives, deben “fortalecer las asociaciones laicales, movimientos apostólicos eclesiales e itinerarios de formación cristiana”.

Finalmente, el Vicario de la Zona Cordillera se refirió a lo señalado por el documento de Aparecida sobre los que han dejado la Iglesia para unirse a otros grupos religiosos y el diálogo ecuménico e interreligioso: “Un camino para la comunión es recuperar en nuestras comunidades el sentido de compromiso del Bautismo”.
Los participantes en esta Semana Teológico-Pastoral trabajaron luego en seis comisiones temáticas, referidas a la pastoral social, los consagrados y las vocaciones, los desafíos a la familia, la educación, los niños y jóvenes y la cultura y los movimientos.
El encuentro sigue este jueves con la intervención del Vicario para la Educación, Padre Fernando Ramos, quien expondrá acerca del itinerario formativo de los discípulos misioneros.
Fuente: DOP www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 18-07-2007