Con un fuerte llamado a trabajar por la paz y a renovar el compromiso de ser una Iglesia en salida se celebró el TE DEUM Ecuménico e Interreligioso

Con un fuerte llamado a trabajar por la paz y a renovar el compromiso de ser una Iglesia en salida se celebró el TE DEUM Ecuménico e Interreligioso

A la ceremonia asistieron autoridades de gobierno, civiles, de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y Orden. También, se hicieron presentes representantes de Casas de Estudios Superiores, colegios y parroquias.

Viernes 12 de Septiembre de 2025
El miércoles 10 de septiembre se celebró el tradicional TE DEUM Ecuménico e Interreligioso en la Catedral de Valparaíso. En la ocasión, representantes de distintas confesiones religiosas y comunidades espirituales se reunieron para agradecer por nuestra Patria, por los 100 años de la Diócesis de Valparaíso y para rezar por la paz.

A la ceremonia asistieron autoridades de gobierno, civiles, de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y Orden. También, se hicieron presentes representantes de Casas de Estudios Superiores, colegios y parroquias.

En su homilía, Mons. Jorge Vega Velasco, Obispo de la Diócesis de Valparaíso, destacó que la paz no es ausencia de conflicto, sino más bien, la presencia del Señor que nos acompaña y nos reconcilia con Él, con el hermano, con la creación y con nosotros mismos. “Para nosotros la paz es presencia, es el Resucitado que, por el Espíritu, habita en nosotros y nos capacita para amar, obedecer su Palabra y vencer el miedo”.

Además, reflexionó sobre tres rasgos de la paz que nos da el Señor:

“Primero: Paz que desarma el corazón. Antes de desactivar las armas externas, hay que desarmar las internas: la ira, la desconfianza, la ironía hiriente y el prejuicio. Cuando el Espíritu inhabita el alma, se apaciguan las palabras, se abren los oídos y se ensancha el corazón para escuchar de verdad.

La paz de Jesús tiene tal fuerza que ilumina internamente y nos regala un corazón nuevo donde maduran los frutos de la mansedumbre y el dominio de sí mismo.

Segundo: Paz que reconcilia la memoria. De nada servirá hacer memoria de nuestra historia si no aprendemos a reconciliarnos con ella. Nuestra historia personal y social está llena de marcas y cicatrices que demuestran el paso de los años y también las experiencias vividas. Pero si no somos capaces de mirar nuestras heridas como una oportunidad de sanación, estaremos incoando en nuestras sociedades la rabia y la frustración. Ya hemos visto lo que sucede cuando la violencia se apodera de algunos.

Nuestra opción es la paz de Jesús que jamás niega el dolor; pero sí lo atraviesa con verdad, justicia y misericordia. Nuestras cruces personales y sociales no se borran con violencia. Ellas han de ser un lugar de encuentro donde cada cual ponga lo mejor de sí para aliviar la carga de los demás.


Tercero: Somos “hacedores” de paz. La paz es un trabajo concreto y una forma de vivir. La paz de Cristo camina con obras de cercanía, cuidado y perdón ofrecido. Por eso, un cristiano que vive en paz no teme al encuentro con el otro, sino que apuesta por los demás y se la juega por el sufriente. El amado Papa Francisco dijo: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”. Hoy, inspirándome en el Papa, les digo: Prefiero que suframos sirviendo, a que nos quedemos cómodos y mudos mirando desde la vereda cómo sangra nuestro pueblo”.

Asimismo, imploró para que haya paz en las relaciones interpersonales, laborales y cotidianas, en la vida pública y social, en los barrios y poblaciones. Llamó a que todos seamos puentes de reencuentro entre quienes hoy están divididos y que recuperemos la capacidad de pedir perdón.

Además, Mons. Jorge Vega, refiriéndose al Centenario de la Diócesis de Valparaíso, renovó ante toda la comunidad el compromiso de ser una Iglesia en salida:

“Y, también frente a ustedes, renovamos el compromiso de hacer de nuestra Iglesia porteña una comunidad en salida, especialmente preocupada de los más pobres, de los jóvenes, de los migrantes y de quienes han sido heridos. Tenemos el gran desafío de perseverar en la esperanza, por eso los invito a renovar nuestro compromiso de ser una Iglesia en salida, que vaya al encuentro de todos los hombres y mujeres de nuestra región, especialmente de los más sufrientes y olvidados.

Una Iglesia diocesana en salida no se impone por decreto ni se hace desde la jerarquía, sino que supone la participación de todos los miembros del Pueblo Santo de Dios. Mirar afuera de la Iglesia significa, entre otras cosas, amoldarnos en la cercanía y en el servicio de los últimos (cfr. Carta Pastoral “Caminamos al Centenario con gratitud y alegría”, nº 8)”.


Fuente: Comunicaciones Obispado Valparaíso
Valparaíso, 12-09-2025
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