En feliz coincidencia con el Domingo, la Iglesia celebra a estos grandes Apóstoles, testigos de fe y amor al Señor.
Por René Rebolledo Salinas, Arzobispo de La Serena, Presidente CECh.
Como estos Apóstoles, siguiendo el llamado de Cristo -por caminos muy diversos- podamos también nosotros dar testimonio de Él, en nuestros tiempos y en una nueva cultura, que presenta grandes desafíos.
Este 29 de junio -como cada Domingo- la comunidad cristiana celebra a Cristo Resucitado: en la Mesa de la Palabra se proclaman los textos bíblicos que ofrecen los contenidos de la celebración; en la Mesa de la Eucaristía, la Iglesia se alimenta del Cuerpo y Sangre del Señor para tener vida abundante en Él (cfr. Jn 10,10); y en la experiencia de comunidad, que es verdadero Cuerpo de Cristo (cfr. 1Cor 12, 27), se fortalece la vida cristiana y alienta el testimonio.
Coincidentemente, este Domingo celebramos también a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, insignes testigos de la fe y del amor a nuestro Señor Jesucristo. Grande es su misión en el plan de la salvación, la que coronaron con el martirio, entregando sus vidas como preciosa ofrenda a Aquel que los había llamado por su nombre. Recordemos que, así como Pedro confiesa la fe afirmando que Jesús es “el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16), Pablo reconoce que todo es “pérdida comparado con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús mi Señor” (Fil 3,8).
También en este día, la Iglesia tiene especialmente presente al Santo Padre León XIV, sucesor de Pedro. Lo acompañamos filialmente con nuestra oración, suplicando al Señor que lo fortalezca en su ministerio Petrino.
La festividad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo es una ocasión propicia para recordar que estos seguidores del Señor son hombres conversos. Tengamos presente que Pedro era un humilde pescador de Galilea que vive un ‘sinuoso’ camino de conversión. Pablo de Tarso, por otro lado -nacido de familia acomodada, fariseo y estudioso de la Ley- combatió duramente a los primeros cristianos a quienes consideraba transgresores de esa Ley. Pablo era, literalmente, un vehemente perseguidor de cristianos y un intransigente defensor de la tradición judía.
En sus encuentros con el Señor, ambos apóstoles vivieron una conversión, que tocaría todas las dimensiones de sus vidas. Recordemos que Pedro, lloroso y humillado, llega al encuentro del Resucitado, consciente de sus constantes infidelidades. Pero el Señor, lejos de enrostrarle sus traiciones le abre a una nueva esperanza, constituyéndolo en piedra fundamental de la Iglesia, confiándole la misión de confirmar en la fe a los hermanos y de apacentar el rebaño. Ante tan magna misión, Pedro responderá desde el corazón: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero” (Jn 21, 17).
Pablo, por otro lado, orgulloso y prepotente, persigue cristianos hasta que se encuentra con el Señor camino a Damasco. A partir de ese momento, todo será diferente. Entra en un proceso de conversión que le exigirá permanecer abandonado, ciego y sin comer, ni beber por tres días, hasta quedar reivindicado por el Señor como un Apóstol. Será tal el cambio de vida en Pablo que llegará a proclamar: “Para mí la vida es Cristo y morir una ganancia” (Fil 1, 21).
Ese mismo llamado a la conversión nos dirige el Señor invitándonos a abrirle nuestro corazón, sabiendo que Él quiere regalar el Evangelio al mundo y que ha elegido instrumentos frágiles para llevar a cabo esta misión. Y esa conversión, a la que somos invitados exige, en primer lugar, volver nuestra mirada y corazón al Señor de la vida.
Concluyo confiando a la protección del Santo apóstol Pedro, especialmente a los pescadores y a sus familias, que, con diversas manifestaciones religiosas, celebran esta fiesta. Encomendamos también a la intercesión de estos Apóstoles a las comunidades eclesiales, religiosas e instituciones diversas que, bajo el patronazgo de estos santos, viven la fuerza testimonial del Evangelio. A todos los saludamos agradeciéndoles su cercanía, participación y colaboración en la Iglesia, alentándolos para seguir dando testimonio de la Buena Noticia.
Permita el Señor, en su bendición, podamos también nosotros dar testimonio de Él en nuestros tiempos y en una nueva cultura, que nos presenta grandes desafíos.
Muy feliz solemnidad de los Santos Pedro y Pablo.
Fuente: Arzobispado La Serena
La Serena, 28-06-2025