Felices y agradecidos están los fieles de ver su templo de nuevo en pie, luego que fuera destruido por el terremoto de 2010.
El pueblo de San Vicente de Tagua Tagua está de fiesta hoy viernes 18. Es que la dedicación del nuevo templo de la Parroquia San Juan Evangelista de San Vicente ha traído una alegría enorme a la comunidad que vio con pesar cómo quedó inutilizable después del terremoto del 27 del febrero de 2010.
A la ceremonia asistieron el Obispo de Rancagua, monseñor Alejandro Goic y los obispos eméritos monseñor Miguel Caviedes y monseñor Javier Prado; además estuvo presente el intendente regional, Pablo Silva, el alcalde la comuna, Jaime Gonzalez, los senadores Juan Pablo Letelier y Alejandro García Huidobro, además de consejeros regionales, seremis, concejales entre otras autoridades. También acompañaron al párroco Fernando Armijo, muchos sacerdotes diocesanos y su comunidad de fieles.
Luego de entregada la llave para abrir las puertas del templo se procedió a la ceremonia de dedicación, presidida por monseñor Goic, ante un templo refleto de feligreses que con alegría pudieron entrar a su templo reconstruido, con aportes del Gobierno Regional, seis años después del sismo.
El obispo de Rancagua manifestó su gratitud a Dios y a tantos hombres y mujeres que en estos más de 6 años “hicieron posible que exista lo que hoy inauguramos. Hubo mucha gente. Más allá de los nombres, Dios los conoce, y los agradece a todos los que han contribuido a este logro maravilloso. Hay que agradecer a los dos últimos gobiernos que comprendieron que los templos son parte del patrimonio de una ciudad”. En especial agradeció al párroco, padre Fernando Armijo, por liderar este proyecto.
Una comunidad en reconstrucción
Las consecuencias del remesón que significó el terremoto, afectaron enormemente a la comunidad de la de San Vicente Tagua Tagua, no sólo porque tuvieron que esperar todo este tiempo para ver de nuevo su templo de pie, sino porque ha marcado su forma de ser comunidad y de hacer vida pastoral.
El impacto de ver a la que consideraban su casa en el suelo, fue tremendo, pero fue también el impulso que hizo a los agentes pastorales comprometerse a seguir colaborando y a apoyar todas las iniciativas destinadas a reconstruir el templo y a no dejar que la comunidad decayera.
Reconocen que una primera instancia la cantidad de parroquianos bajó, pero lo atribuyen al miedo que provocó el terremoto y a no contar con los espacios adecuados. Poco a poco, y a pesar de que han funcionado y las misas se han celebrado en cuatro lugares desde el fuerte sismo, la comunidad se ha ido reconstruyendo también.
Para Carlos Núñez, quien junto a su esposa Carmen Silva, hacen catequesis pre matrimonial, el periodo de espera ha sido demasiado largo. “¡Pucha que hemos tenido que pasar por hartas cosas! Los trabajos de reconstrucción estuvieron detenidos dos o tres años, básicamente por cosas burocráticas y eso ha sido muy cansador para todos, especialmente para el padre Fernando (Armijo), nuestro párroco”.
“Para mí los martilleos fueron como música en los oídos, cuando escuché que se renovaron las obras”, dice Ana Ramírez, ministro de comunión.
Todos estos feligreses hoy con emoción han visto cómo se abren las puertas del nuevo templo en San Vicente.
Salir a la calle, escuchar y acompañar
Armar y desarmar el altar cada sábado y domingo al principio, armar y desarmar capillas después, cambiar la oficina parroquial de lugar en varias ocasiones, ha sido muy agotador, asegura la secretaria parroquial, Ana María Aliaga, pero reconoce también que siempre hubo quienes colaboraron con gran voluntad.
Además, el padre Fernando Armijo los invitó no sólo reconstruir el templo, sino también a reconstruirse como comunidad parroquial. El énfasis lo puso, principalmente, en salir de la sede a visitar a las comunidades y a los vecinos, sobre todo a adultos mayores y enfermos.
“La gente se alegra mucho de que un católico vaya a su casa –asegura-, falta más presencia nuestra, más compromiso de los católicos. Ir a visitar, darse un tiempo, entregar una palabra. Faltan agentes, porque hay muchos enfermos y muchas personas solas”.
Fuente: Comunicaciones Rancagua
Rancagua, 18-11-2016