¿De qué forma has entendido la felicidad a lo largo de tu vida?
-La felicidad no se entiende, no es un objeto de estudio ni una posesión. La felicidad -como dice Borges- a veces nos visita: “Sus visitas son tan fugaces que debemos agradecerlas cuando llegan. A mí me ha sucedido a veces caminar por la calle, doblar una esquina y sentirme misteriosamente feliz, y no pregunto por qué, porque si pregunto encuentro demasiadas razones para ser el hombre más desdichado del mundo...”. Entonces, siguiendo a Borges podría añadir que la felicidad a veces me ha sucedido: jugando con un niño en el piso con dragones de un reino imaginario o contemplando el rostro de mi mujer por primera vez o escuchando los sonidos de los grillos en mi jardín o leyendo un poema de San Juan de la Cruz o de Eduardo Anguita.
¿Crees que la felicidad es sólo para algunos o esuna elección?
-“El hombre es feliz y no lo sabe”, decía Dostoyevsky. Uno podría preguntarse si la felicidad es un estado superior de apertura de la conciencia, cuando “vemos” por primera vez lo que nos rodea y somos, cuando participamos del asombro ante el puro hecho de existir. Tal vez, nuestra mirada envejece y por eso no somos capaces de ser felices siempre. Tal vez hay un fondo de felicidad en nuestra interioridad, fondo al que hemos descendido -o ascendido- muy pocas veces. Tal vez...tal vez...! Estamos hablando de un misterio! San Agustín dijo del tiempo: “cuando me preguntan por el tiempo, no sé, cuando no me lo preguntan, lo sé”; lo mismo diría yo de la felicidad.
Una persona que no tiene acceso a salud digna, vivienda, educación, ¿puede ser feliz?
-Hay gente que tiene todo eso y más, en sociedades más desarrolladas, con un estado de bienestar robusto, como Suecia, y sin embargo con altas tasas de suicidio. Por supuesto que la miseria, al quitar dignidad, impide una experiencia plena de la felicidad, pero no con políticas sociales se asegura la felicidad para todos. Eso es una utopía, además desmentida por la realidad.
¿Piensas que la felicidad va aparejada al bienestar o desarrollo económico?
-No. La gente más feliz que he conocido en mi vida es gente con vidas muy austeras y sencillas. Gente que es capaz de disfrutar con lo mínimo y que no está apegada a nada. Para mí el modelo de la felicidad en ese sentido es Lao-Tsé y Jesús. Cuando el ego se reduce, crece la felicidad, por eso somos hoy tan infelices. Durante las últimas semanas se dio a conocer el registro de 865 menores fallecidos bajo la tutela del Sename.
¿Crees que a la sociedad chilena le importa y se está haciendo cargo de la felicidad de los niños?
-Más que la felicidad de los niños, en este caso hablaría de la mínima dignidad de esos niños. Eso es el Infierno con mayúsculas. El objetivo de la política es la felicidad, decía Aristóteles… pero la felicidad para él incluía el poder desarrollarse intelectualmente, filosóficamente, una vez satisfechas las necesidades materiales.
¿Cómo podemos alcanzar la felicidad?
-Teillier, el gran poeta de Lautaro, responde por mí: “Bajo un cielo nacido tras la lluvia escucho un leve deslizarse de remos en el agua mientras pienso que la felicidad no es sino un leve deslizarse de remos en el agua(...) eso fue la felicidad: dibujar en la escarcha figuras sin sentido sabiendo que no durarían nada (...)”.
¿Qué autores o libros de inspiración católica recomendarías sobre este tema?
-No creo en eso de autores católicos o no católicos, y católico para mí, en esencia, es “universal”. “Sorprendido por la alegría”, de C.S.Lewis. Es anglicano, pero ¿qué importa? “Autobiografía de un Yogui”, de Paramahansa Yogananda. Y están muchos libros de Thomas Meron en donde se aborda la experiencia de la plenitud. Y algunas escenas de las novelas de Dostoyevski (ortodoxo cristiano), como cuando Aliosha les habla a los niños al final de “Los Hermanos Karamasov” y les pide no olvidar ese momento en que están ahí reunidos nunca. Algunos momentos del viaje por el Paraíso “La Divina Comedia” de Dante, hay un momento de epifanía mística cuando el poeta ve la sonrisa de Beatriz que desaparece en el cielo... El poema “Noche oscura”, de San Juan, el momento de la fusión del alma con Dios: “Amada en el amado transformada”. Ahí la felicidad encarna en el sonido del mismo verso, hay una conjunción feliz de sonido y sentido.
Fuente: Periódico Encuentro
www.periodicoencuentro.cl
Santiago, 03-11-2016