Juan Pablo II hacia los altares

Juan Pablo II hacia los altares

 
Martes 28 de Junio de 2005
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 28 junio 2005 (ZENIT.org).- Al atardecer de este martes, en la basílica de San Juan de Letrán, en presencia del cardenal Camillo Ruini, obispo vicario para la diócesis de Roma, tuvo lugar la solemne sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad de Juan Pablo II.

Es el primer acto de la causa de beatificación y canonización de Karol Wojtyla.

Tras el canto de las vísperas de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, se estableció el tribunal que tiene la tarea de dirigir la investigación y se presentó la petición del postulador de la causa, monseñor Slawomir Oder.

A continuación, el cardenal Ruini, los dos jueces eclesiásticos, el promotor de justicia y los notarios que componen el tribunal, nombrado por el mismo purpurado, prestaron juramento.

Se comprometieron a «cumplir fiel y diligentemente el encargo» y a «mantener secreto sobre las deposiciones de los testigos».

Un juramento similar fue prestado por monseñor Oder, quien se comprometerá además a «no ofender a la justicia o a limitar la libertad de los testigos», a quienes tendrá que interrogar.

A todos los presentes en la catedral de Roma, se les invitó a «implorar gracias por la intercesión del siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II».

En sus reflexiones, el purpurado citó las palabras del cardenal Joseph Ratzinger en la homilía de exequias de Karol Wojtyla, el 8 de abril, cuando dijo: «Podemos estar seguros de que nuestro querido Papa se asoma ahora a la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice».

«Sí, esta también es nuestra certeza y por ello pedimos al Señor, con todo el corazón, que la causa de beatificación y canonización que esta noche comienza pueda llegar muy pronto a su culmen», afirmó el cardenal Ruini.

«Los numerosos testimonios que continuamente nos llegan sobre la santidad de vida del llorado Papa y las gracias pedidas a través de su intercesión confirman nuestra oración», concluyó.
Roma, 28-06-2005