“¿No ardía nuestro corazón?”
La experiencia de comunión que hemos vivido como Iglesia en nuestra primera Asamblea Eclesial ha sido un memorial cordial en nuestro quehacer pastoral. Quienes hemos participado quedamos con una nostalgia de ella, un sentimiento cercano al experimentado por los discípulos de Emaús en su encuentro con el Señor. Los frutos de la V Conferencia de Aparecida, testimoniados en su Documento Conclusivo y en la gratitud de sus participantes, animaron a la Conferencia Episcopal de Chile a vivir un proceso similar en su tarea de preparar las próximas Orientaciones Pastorales.
¿Qué encontramos en la primera Asamblea Eclesial? En primer lugar, la gran riqueza que supone congregar, en la acogedora Casa de Peregrinos de Schönstatt en La Florida, junto a nuestra Madre, a cerca de 600 personas portadoras de un mismo anuncio, el Evangelio de Jesucristo que proclaman en un servicio cotidiano y generoso. Es un motivo de gran alegría ser testigos del encuentro de estos sembradores de vida y de esperanza, cada uno en sus ambientes, con sus dificultades y desafíos. La identificación de todas estas personas con el Señor y el inmenso amor a la Santísima Virgen María y a la Iglesia, son realidades que conmueven.
También descubrimos en este ejercicio de comunión y participación los frutos de un trabajo al que tantas personas han contribuido durante generaciones, en la construcción de nuestra Iglesia que peregrina en esta tierra. La Iglesia no se inventa con nosotros. La Iglesia en un don, es convocación. Somos herederos. Y esta herencia debemos acrecentarla para las futuras generaciones.
Las diócesis de Chile, cada una con su aporte peculiar; los carismas de la vida consagrada, de los movimientos apostólicos y las nuevas comunidades; el mundo de la educación católica, las pastorales ambientales, los laicos constructores de la sociedad… somos una sola comunidad en la que brilla la pluralidad, y de ese resplandor aprendemos a vivir en comunión. “La verdad es sinfónica”, decía el gran teólogo Hans Urs von Balthasar.
En una época en que las sociedades están llamadas a educarse sobre la base del diálogo y del respeto, esta mirada al caminar de la Iglesia que hemos realizado en nuestra Asamblea, será recordada como un gran acontecimiento y como un tiempo de gracia. La Providencia de Dios ha querido que esta fiesta haya coincidido con la celebración del 50º aniversario de la Conferencia Episcopal de Chile: medio siglo al servicio de la comunidad eclesial y de la sociedad en su conjunto. Con la memoria puesta en los pastores que ya partieron hacia la casa del Padre, damos gracias por la Conferencia Episcopal, por sus organismos de servicio y por su esfuerzo a favor de la comunión, que se ha hecho vida en esta Asamblea Eclesial.
Por otra parte, la misión es ardua y los frutos no siempre son evidentes: “Maestro, estuvimos toda la noche intentando pescar, sin conseguir nada; pero, sólo porque tú lo dices, echaré las redes. Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces” (Lc. 5, 5). Como Pedro pescador y sus compañeros de labor queremos expresarle al Señor esta disponibilidad llena de fe: porque tú lo dices, echaremos las redes. Sin duda, la misma actitud de María Santísima: “He aquí la servidora del Señor. Hágase según tu voluntad”.