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Revista Servicio 282

Editorial

El Cardenal Raúl: “La caridad de Cristo nos urge”

Recordar el centenario del natalicio del Cardenal Raúl Silva Henríquez ha sido una bendición para nuestra Patria. Volver a evocar su palabra vigorosa, episcopal, pastoral y eclesial en el amplio espacio de 22 años de historia de Chile, nos ha hecho bien. Es un ejemplo de cómo asumir la historia, con sus gozos y esperanzas, y también con sus dolores y desgarramientos.

En varios de los encuentros y jornadas de reflexión que se han organizado durante este año, en torno a la persona de don Raúl, autoridades, dirigentes sociales, personas de los más distintos ámbitos e intereses, han coincidido en su asombro ante la enorme actualidad de los escritos y pensamientos de quien fuera Obispo, primero de Valparaíso y luego de Santiago.

La faceta más conocida públicamente del Cardenal Raúl se relaciona con la labor que cumplió la Iglesia, con él a la cabeza, frente a uno de los momentos más dramáticos de la historia de Chile, que hunde sus raíces en la década de los años 60: la extrema ideologización de la convivencia nacional y la arrogancia de proyectos políticos excluyentes que se creían insuperables y que la historia los ha desmentido. El drama siguiente es por todos conocidos. Y de eso dieron cuenta la promoción y defensa de los derechos humanos, la tarea de la Vicaría de la Solidaridad, el apoyo al campesinado y a otros grupos vulnerables de la sociedad.

Al releer sus discursos, mensajes y homilías, las entrevistas que concedió a la prensa, sus intervenciones en seminarios, se puede apreciar con mucha claridad el fundamento último del ministerio que don Raúl realizó, en comunión con sus hermanos obispos y diversos sectores de la sociedad. Su secreto era la gran amistad con Jesucristo: “Si tengo una invitación y un ruego que hacer con vehemencia es precisamente este. Que amen al Señor”, nos legó en su Testamento Espiritual. En Jesucristo se fundaba el núcleo del “alma de Chile”, de esta patria que tanto amó: “Quiero para mi patria lo más sagrado que yo pueda decir: que vuelva su mirada hacia el Señor. Un país fraterno sólo es posible cuando se reconoce la paternidad bondadosa de nuestro Dios” (Mi sueño de Chile).

Al evocar al cardenal Raúl en las páginas de SERVICIO, miramos nuestra realidad y nos sentimos interpelados por ella. Dos décadas antes de discutir sobre “salario ético”, don Raúl decía con sencillez y convicción: “Quiero que en Chile no haya más miseria para los pobres (…) Creo que quienes poseen más riquezas deben apoyar y ayudar a quienes menos poseen”. Hoy, cuando nos duele ver a tantos jóvenes protagonizando irracionales manifestaciones de violencia, manipulados por traficantes de drogas y por activistas ideológicos, recordamos sus palabras: “Los jóvenes son buenos y generosos. Pero necesitan del afecto de sus padres y del apoyo de sus profesores para crecer por el camino de la virtud y del bien”. En esta sencilla afirmación emerge el auténtico discípulo de Don Bosco: la importancia de la educación integral, del trabajo, de la superación de la pobreza, de la riqueza del diálogo como instancia de encuentro entre las personas. Es amplio el repertorio de desafíos que el cardenal Silva Henríquez puso en la agenda de su tiempo y que hoy nos interesa reponer como tareas pendientes. Su lema episcopal: “Caritas Christi urget nos” y su entrega filial en María Auxiliadora son una escuela de espiritualidad. Así lo testimonió también en su retiro, enfermedad y muerte. Realidades de la existencia humana que no se improvisan.

Cristián Contreras Villarroel
Obispo Auxiliar y Vicario General de Santiago
Secretario General de la CECH