Camino a Aparecida
La resurrección de Cristo nos habla de un Dios que es infinito; pero no de lejanía, sino de amor y proximidad (J. L. Martín Descalzo). Así lo hemos proclamado en las fiestas de Pascua: Jesucristo resucitado es el eterno contemporáneo de la humanidad. Para las Iglesias particulares de nuestro continente, este tiempo de Pascua reviste un significado especial, en momentos en que nos preparamos para unirnos al Santo Padre y a los Obispos delegados, en la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que el Santo Padre Benedicto XVI inaugurará a mediados de mayo en Aparecida, Brasil.
El Papa ha querido regalar como lema al encuentro eclesial, aquella cita del Evangelio que nos permite orientar la mirada con que examinaremos el andar de nuestro continente y de nuestra Iglesia. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). Por eso cobra singular valor el propósito de reflexionar sobre nuestro particular modo de ser discípulos y misioneros del Señor para que nuestros pueblos en Él tengan vida.
Al meditar los relatos bíblicos, las fórmulas litúrgicas de Semana Santa y la proclamación del Pregón Pascual, hemos vuelto a descubrir las luces y las sombras del caminar de los pueblos de nuestro continente, a la luz de la voz profética de las anteriores Conferencias Generales del Episcopado y también al compás de los vertiginosos cambios sociales y culturales del presente.
Los Obispos delegados de nuestra Conferencia Episcopal llegan al Santuario Aparecida con una hermosa ofrenda, fruto del fecundo proceso participativo que se realizó en las diócesis de Chile durante el año 2006. A todas las personas, familias, comunidades y grupos, que de un modo u otro se hicieron presentes en este proceso, les agradecemos profundamente el entusiasmo con que se acogió, en las más diversas instancias, el llamado de los pastores a escuchar sus palabras. Por eso hemos querido presentar, en esta edición, el aporte entregado al CELAM por la Conferencia Episcopal de Chile.
Creemos que el proceso chileno de participación, camino a Aparecida, es un signo contundente de la vitalidad de nuestra Iglesia. En momentos en que la sociedad civil exige que los distintos actores sean consultados antes de implementar decisiones significativas para los grupos humanos, oír las voces de nuestras comunidades en sus plurales formas ha sido un tiempo de gracia. Así queda de manifiesto en el Documento de “Síntesis de los aportes recibidos” de todos los países, elaborado por el CELAM.
A la Virgen de Guadalupe, patrona de este Continente esperanzado, y a Nuestra Señora de Aparecida, cuyo santuario recibirá a los miembros de la V Conferencia, encomendamos su reflexión y discernimiento.