Volver
Revista Servicio 277

Editorial

Encontrarse consigo mismo: la gratuidad del descanso

Con el propósito de iluminar desde el Evangelio el tiempo de descanso de esta época de verano, hemos querido en estas páginas adentrarnos en una visión cristiana del reposo, y entregar algunas pistas para evaluar nuestro habitual descanso y hacerlo más conforme a la voluntad del Señor.

Sin duda, reflexionar acerca de las vacaciones, y en particular del necesario descanso, nos lleva necesariamente a pensar en la rutina laboral ordinaria, y en la calidad de vida que lo cotidiano nos permite; de las cosas que nos oprimen cada día y de la posibilidad de religarnos con nuestro origen: Dios, la familia, las amistades.

Los artículos seleccionados para esta edición, algunos escritos en contextos europeos tal vez ajenos a nuestro modo de “ocuparnos” y “desocuparnos”, enumeran y describen varias de nuestras costumbres, por cierto no todas auténticamente humanizantes.

La posibilidad de vacaciones, que ya en sí es un regalo y un privilegio, puede llegar a ser una experiencia agotadora si no la asumimos como el necesario reposo que nos pone frente a nosotros mismos, con metas y propósitos para la vida. Es un tiempo para “ser”, para ir al fondo de lo que estamos siendo y lo que queremos lograr. Pero, ante todo, es una oportunidad preciosa para el discípulo, de recrearse en la palabra de Jesucristo y la liturgia de la Iglesia que son manantiales de Vida. La gratuidad misma.

Cuántas veces hemos escuchado a matrimonios que relatan maravillados aquellas vacaciones en que la atención a sus hijos pequeños no les daba respiro. Es que no cualquier descanso repone las energías. Y no todo reposo es verdadero descanso. La meditación serena, una buena lectura, compartir música y cantos, revisar una vez más los álbumes fotográficos, la conversación amable, el encuentro fraterno, los paseos familiares, ver sonreír a los niños, jugar en común (familia que reza y juega unida, permanece unida), son algunos caminos disponibles. Y el Señor Sacramentado nos invita, en cada templo y santuario a lo largo de nuestra geografía, a ponernos en su presencia para que el descanso sea verdaderamente tal: “nos hiciste, oh Dios, para ti y nuestro corazón no tendrá paz hasta que no repose en ti” (San Agustín).

Cristián Contreras Villarroel
Obispo Auxiliar y Vicario General de Santiago
Secretario General de la CECH