Testimonios

Hna. Yolanda Guajardo
Hijas de San José

“ Señor tu lo sabes todo,
tu sabes que te quiero…” ( Jn. 21,17)

¡Me encanta contar mi experiencia vocacional! Quizás sea porque al contarla saboreo más el cariño de Dios por mi. Pertenezco a una congregación chilena llamada: “ Hijas de San José Protectoras de la Infancia”. El ser parte de ella me hace sentir en casa, en mi tierra, y es porque soy de una localidad de campo. Dios me llamó en el silencio y belleza de su creación, me permitió experimentar a una Iglesia abnegada, llena de fervor y devoción, ver a los sacerdotes y laicos trabajar unidos sin escatimar sacrificio y esfuerzo por la tarea de evangelizar.

Crecer en una familia joven me dio una visión de futuro optimista, creyendo que así pueden cambiar muchas cosas que al ser humano no le hacen bien, ver niños muy pobres, jugar con ellos, caminar kilómetros para llegar al colegio, ver que la profesora no hace diferencia, me permiten a futuro aclarar el servicio que quiero prestar, servir a Cristo en la persona de los niños.

Terminé mis estudios en Santiago. Aquí la experiencia de ver otra realidad social me permitió ampliar mi visión de país, un país que en ese momento quiere terminar con una parte de su historia, (estoy hablando de la década de los 80). En esta etapa de la vida decidí firmemente darle un sentido a mi existencia, y presté oídos a ese Dios que desde niña me estaba mostrando lo que quería de mí, pero yo no alcanzaba a entender. Descubrí que hay un ideal más alto que todos los que hasta ese momento pasaban por mi mente, es el de seguir a Cristo y la mejor forma de hacerlo es en una congregación de vida activa. En el momento de conocer a las hermanas sentí que ese era mi lugar. La acogida, la sencillez, la alegría con que viven sirviendo a tantos niños que en nuestro país están sufriendo, me dieron la respuesta: ¡la vida hay que gastarla en algo grande!

Llevo 19 años siendo religiosa y no me canso de dar gracias a Dios por ello. Aprendí a querer a San José, que es nuestro patrono, y camino con él cuando endulzamos y ofrecemos el sufrimiento de los más indefensos: los niños. Y como nuestra fundadora madre María Luisa Villalón, mujer de grandes esperanzas, quiero remediar el dolor de la infancia, y porqué no pasar las fronteras, caminar en nuestra América Latina, hacer vida la invitación del Señor cuando nos dice “…vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” ( Mt. 28,19 - 20), que todos puedan gozar y experimentar el infinito amor que Dios nos tiene.

Tenemos que permitirnos soñar, como nuestros antepasados los profetas con: “un cielo nuevo y una tierra nueva”.

Si en algo podemos cooperar a este sueño ¡no nos debemos detener¡ Dios sigue confiando en nosotros y pone en nuestras manos a su pueblo que sufre.

Son sus predilectos; debemos estar como Jesús con los que nadie acepta, ir a los lugares a donde nadie ira porque allí está quien más me necesita. Hoy es el tiempo de dar lo que a manos llenas Dios nos dio; y digo como nuestra fundadora: “Cuando veo que son de Dios las obras que hago, no me puedo detener, siento una fuerza irresistible que no me deja descansar hasta que la hago”. Consiente de mi debilidad, y como Pedro, le digo al Señor que lo quiero.



Pbro. Luis Brevis

Queridos amigos y hermanos les comparto con humildad y alegría sobre la vocación que el Señor me ha regalado:

Cómo fui descubriendo mi vocación: Desde pequeño sentí y guste de las “cosas” de Dios y de la Iglesia. Cuando niño jugábamos a celebrar misa con mis amigos del barrio en Linares.

A los 8 años celebré mi primera comunión y la confirmación. Luego fui acólito y a los 11 años ingrese al seminario al seminario menor, de los Padres Capuchinos en Paine, estuve 4 años, ahí me aconsejaron salir para madurar mi vocación, continué entonces mis estudios en un liceo fiscal, y luego fui profesor y ejercí durante tres años.

Siempre participaba en grupos de catequesis con Jóvenes, y a los 20 años ingrese al Seminario Mayor en San José de la Mariquina.

Hay también muchas vivencias familiares que hasta hoy las tengo muy grabadas: especialmente recuerdo a mi mamá, ella adornaba la imagen de la Virgen. María y rezábamos el mes de María en casa. Una cosa parecida pasaba en Semana Santa, descolgaba el Crucifijo de la pared, era colocado sobre una cómoda con un velo negro, 4 velas, eran días de oración silencio, no se escuchaba radio, no se podía gritar, ni hablar muy fuerte, por cierto, también participábamos en la liturgia de la Iglesia.

Mirando hoy mi vida creo, que el ambiente de mi familia, y mi participación activa en la pastoral me ayudaron a descubrir y discernir mejor mi vocación.

Si tuviera que nombrar a quienes más me ayudaron y acompañaron para a descubrir y discernir la vocación, les diría que mi familia y el permanente trabajo en la catequesis y la pastoral de la Iglesia.

También cuando era seminarista menor, con los Padres Capuchinos en Paine, viví y compartí con grandes, excelentes y santos sacerdotes. En mi juventud, y en los años que fui profesor, un sacerdote marianista y religiosas del Buen Pastor en Linares me acompañaron mucho para discernir y madurar mi entrega al ministerio sacerdotal. Y, por cierto lo que consolidó y definió mi proceso, fueron los años en el seminario Mayor en San José de la Mariquina. Sabios y santos sacerdotes, buenos profesores, el ambiente favorable, la disciplina, la vida oración, el estudio y el apostolado, hicieron llegar a buen puerto mi madurez vocacional y mi respuesta al Señor.

Hoy vivo mi vocación en este lugar de misión ¡Feliz, muy Feliz! Siempre digo; fui feliz como padre en Chile, durante 21 años, pero, ahora, como misionero en Angola (Africa), soy 5 o más veces feliz. Unos consejos del Sr. Nuncio Apostólico en Chile, antes de mi partida, para Angola, fueron sabios y santos, y quiero compartirlos con ustedes, me dijo en esa ocasión:

1. Padre, le espera “mucho y un duro trabajo, pero muy consolador espiritualmente y, pastoralmente.

2. Padre, en Africa, más específicamente en Angola, hay tanto dolor, carencias, destrucción, que usted. va experimentar que solo la gracia de Dios será su fuerza y la va a necesitar siempre y mucho

Les comparto esto para decirles que el trabajo misionero ´ad gentes `y en África, es difícil, por las condiciones de vida, por el cambio cultural; vivimos con lo mínimo de lo mínimo, y con eso tenemos que atender mil necesidades, surgen mil desafíos, vivir espiritualmente bien es necesario, de lo contrario el servicio se hace muy difícil.
Todos los esfuerzos, cansancios, dificultades, son nada ante la respuesta siempre amorosa y paternal de Dios Padre, y también del cariño de parte de estos hermanos de Angola, especialmente de los mas pobres.

El Señor me llamo para trabajar y servir a Angola y eso procuro hacer las 24 horas del día. Estar siempre dispuesto a mostrar el Rostro del Padre Dios a gente que ha vivido y que conviven, con la miseria, el sufrimiento, la carencia, la falta de escuelas, falta de salud, en los muchos años de guerra, pero que tienen, también todo el tiempo del mundo para Dios, no hay prisa, por eso y mucho más vivo mi ministerio y la misión encomendada de forma plena y feliz, muy feliz.

¿Qué servicio pastoral realizo acá? Primero yo actualmente vivo en un barrio de Lubango, con niños pobres, huérfanos de aldeas; hemos formado este hogar y anexando otros hogares de niñas

De lunes a jueves acompaño al Sr. Arzobispo como su secretario personal. Por las mañanas celebro la Eucaristía en diferentes noviciados de religiosas, y en un barrio de refugiados. También soy el asesor espiritual de la Legión de Maria en la Arquidiócesis, son unos 40.000 legionarios. A su vez soy el asesor espiritual de una Asociación de Jóvenes: “Flechas ardientes Paulistas” ellos son unos 500 jóvenes. También soy responsable de una “Escuela de formación para líderes Pastorales” y coordino la comisión arquidiocesana de pastoral vocacional.

De viernes a domingo trabajo pastoralmente en una región formada por 75 capillas, que será en el futuro una nueva parroquia.

Este año el Señor me concede la alegría de celebrar mis bodas de plata como sacerdote, les confieso todavía me siento un pequeño discípulo, un caminante, procuro estar siempre atento para aprender, conocer, y mejorar; siento que mi ordenación fue ayer. Como tanta misericordia y atención del Señor, para conmigo que soy tan débil, pobre, y pecador; tal vez justamente por eso el buen Dios me socorre y acurruca.

En mi último año que fui profesor en una escuela rural de Linares, mientras celebramos el mes de Maria y le pedí a Nuestra Señora que me ayudara en este discernimiento y en mi vocación, les confieso, que luego comencé a escuchar en mi interior: sacerdote, sacerdote... y aquí estoy FELIZ. FELIZ, FELIZ.

A todos ustedes les pido un gran favor:”recen por mi”.
Padre Luis




Padre Carlos Eduardo Herrera Trigo
Religioso mercedario

Sobre mi vocación, les debo decir que este descubrimiento ha sido un proceso, puesto que, primero pensaba que yo estaba eligiendo ser padre, pero con el tiempo me he dado cuenta que Dios fue quien me llamó para estar con él; en esto me ayudó mucho y en primer lugar mi familia, mis padres que desde siempre son los hincha número uno de mi vocación, su vida cristiana de compromiso me llevó a cuestionarme sobre mi propia manera de responder al compromiso cristiano.

Entre quienes me han ayudado en mi proceso de discernimiento se destacan, desde luego, mis padres en la intimidad del hogar, con su testimonio de vida y dedicación, con sus consejos y vida en familia. De manera particular recuerdo que un sacerdote mercedario que siempre nos visitaba en casa, una vez se acercó a mi y me preguntó: ¿Haz pensado alguna vez ser padre? Él ya falleció pero agradezco que lo haya tenido tan cerca de mí en momentos tan importantes como ese.

Este tiempo de segundo año de vida sacerdotal que estoy viviendo ha sido muy intenso, lleno de novedades y con grandes desafíos que personalmente he vivido en mi vida sacerdotal como una experiencia de Dios, y desearía de todo corazón que mis fieles puedan ver en mi el padre que los acoge, escucha, atiende, anima que quiero ser. Pues estoy en medio de gente muy sencilla y de fe, reconozco que hace falta que ellos vean un padre que sea padre y no un padre que sea constructor o cualquier otra cosa.

Actualmente vivo en África, soy parte de la Misión Mercedaria en Angola, cuya presencia esta en dos polos: a) en la capital, Luanda b) en la provincia de Kwanza norte, municipio de Quiculungo a 400 Km. de la capital. Durante estos meses estoy haciendo una experiencia en la Misión de Quiculungo, que es una zona rural y bastante extensa. Un padre para tantos hijos, con gente que ha sufrido mucho por los 25 años de guerra civil que azotó al país.




Hna. Carmen Bravo
Misionera Sierva del Espíritu Santo.

Cuando miro hacia atrás en el tiempo, me doy cuenta que toda vocación es dada desde antes de ser formados en el vientre materno (Salmo139). Pero se revela a lo largo de toda nuestra existencia de mil maneras, y Dios no pierde la paciencia hasta que el mismo nos abre a su gracia para responder.

Nacida en Santiago, en una familia humilde de nueve hermanos, de los cuales quedamos seis. A la edad de doce anos mi padre sufrió un devastador accidente quedando inválido e incapacitado de comunicarse verbalmente. Lo que aparentemente parecía la disrupción familiar, Dios tenía sus propios caminos de bendecirnos como familia, esto nos unió mucho, y con mucho sacrificio y esfuerzo personal de cada uno todos salimos adelante en nuestros estudios y profesiones. Nuestro padre era el centro de atención estuvo con nosotros veinte dos años después del accidente. Después de terminar mi educación secundaria opte por seguir enfermería, motivada por la enfermedad de mi papá. Inicie un curso de auxiliar de enfermería en el hospital Barros Lucos y luego fui contratada en el servicio de emergencia.

Por el año 1934, llegaron las primeras misioneras Siervas del Espíritu Santo a trabajar en el hospital, y tenían su convento donde hoy actualmente esta la universidad de medicina. En 1977, fue por primera vez que yo entre en contacto con religiosas, por esos años ya no quedaban muchas, pero había una en nuestro servicio que era muy alegre, tenía un gozo especial y compasión hacia los enfermos, muy dinámica en cuanto a pastoral, rezábamos el rosario con los enfermos, compartía la Biblia en los turnos de noche cuando no estaba tan ocupado, nos invitaba a participar en jornadas misioneras, que se realizaban por 15 días en la Araucania. Así fui descubriendo mi llamado a la vida religiosa misionera participando luego en jornadas vocacionales por un periodo de cuatro años. Renuncie a mi trabajo e ingrese al Convento en el año 1982, a la edad de 24 años.

En mi discernimiento, lo primero fue un ir creciendo en una relación personal con el Señor, a través de la oración, los sacramentos, participación en jornadas, encuentros con otros jóvenes. Luego cuando mi decisión era segura una hermana encargada de la vocaciones, algunos padres verbitas, ya que compartimos el mismo fundador, espiritualidad y carisma. El dejar que Dios actué en los eventos de cada día.

Actualmente m encuentro en Ghana, acá la gente tan cariñosa y simple, me han acogido como uno mas de ellos, y mi nombre ya no es Carmen, si no Akwia Atta, aquí cada persona recibe un nombre de acuerdo al día de la semana que haya nacido. Tuve que dejar mi lengua, el idioma nacional es el ingles, pero cada tribu tiene su propio dialecto, los mas conocidos son como 48, hay una multiplicidad de creencias, religiones y sectas, las costumbres varían de acuerdo a las tribus, el clima es tropical, el norte calor seco de 44ºC máxima muy árido y mucha pobreza y el sur muy húmedo con temperaturas de 38C máxima mucha vegetación y con mas afluencia económica.

Una vez llegada a Ghana, después de haber estudiado el ingles por 8 meses en Irlanda, inicie un curso de enfermería por cuatro anos, lo que me sirvió tremendamente para entrar en la cultura, costumbres de este pueblo, estuve trabajando en el Norte por cinco anos en un hospital de gobierno, luego nos retiramos de la diócesis como congregación y estoy en el Sur en un Hospital de misión administrado por nuestra congregación. Trabajando como enfermera y fisioterapista en el departamento de pediatría tenemos un promedio de 40-60 niños, es un constante ir y venir con mucha demanda por atención medica. Tenemos muchos desafíos con la pandemia del sida, donde hay mucho niño huérfano y familias enteras se van extinguiendo, problemas de malnutrición infantil, y una alta mortalidad infantil debido a una de las enfermedades mas comunes del continente y presentable la malaria. Nuestro hospital cuenta con 250 camas, maternidad es uno de los lugares junto a pediatría mas ocupados. Tenemos muchos desafíos cada día especialmente cuando uno tiene la administración, pero nunca estamos solas, es el Señor el que lleva la obra adelante.

También tengo junto a un grupo de hermanas la pastoral vocacional, realizamos jornadas vocacionales dos veces al año en el sur y el norte con grupos de hasta 80 niñas. Luego durante el año nos mantenemos en contacto personal o cartas. También estoy a cargo en nuestra provincia de coordinar, animar a nuestras hermanas en los temas como justicia y paz e integridad de la creación.

Amigos esto es lo que puedo compartir con ustedes por el momento, les deseo mucho y les pido que se dejen tocar por el Espíritu Santo, el Señor nunca les fallará. Les acompaño con mi oración, que Dios les bendiga!