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Declaraciones en vestuarios
(testimonios)

Mundial de Fútbol, fiesta sin evasión 

Pocos días restan para el inicio de la fiesta deportiva más importante del orbe, que tendrá los ojos del mundo entero puestos en la nación de Sudáfrica. Se trata del Mundial de Fútbol, en su versión 2010, que por primera vez se realizará en el continente africano y donde nuestro país participará como premio a un exitoso proceso de clasificación que se extendió por un trienio y que nos permite acceder a esta instancia final después de 12 años de espera.

No podemos desconocer que este deporte se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres de todo el mundo por encima de las fronteras nacionales, con un mismo sentir, con idénticas ilusiones, temores, pasiones y alegrías. La fascinación por un juego que bien querríamos en todas las dimensiones constructivas de la vida humana.

Es por eso que la Iglesia ve en el espíritu de la práctica del fútbol un entrenamiento para la vida, que ayuda al hombre a autodisciplinarse y le enseña a colaborar con los demás dentro de un equipo, mostrándole como puede enfrentarse con los otros de una forma noble y positiva.

En Chile, esta fiesta nos toma viviendo un momento muy especial, con un patriotismo exacerbado en el contexto de la celebración del Bicentenario y múltiples signos de unidad a partir de la dolorosa experiencia del terremoto. La gente de alguna manera recupera en eventos como éste, la sensación de ser chilenos.

Si bien, lo anterior es positivo, también es importante invitar a una reflexión sobre aquellos aspectos negativos que podría traernos ver este fenómeno mundial como una puerta de escape a los aspectos menos amables que nos ha tocado vivir como nación. Al incrementarse la efervescencia por el fútbol, muchos podrían olvidar la real urgencia y los requerimientos de la gente que está necesitada, que siguen damnificadas, sin trabajo, que viven en mediaguas o viviendas sociales, y que están en la espera intranquila de un invierno crudo. Tan sólo en la provincia de Ñuble, aún son miles las familias que continúan en el suelo, derrotadas, esperando la extensión de manos solidarias que les ayuden a levantarse del dolor.

Es por ello que, más allá de los buenos resultados que deseamos para nuestra Selección, y la alegría que eso signifique en el alma de Chile, preocupa que el Mundial de Fútbol nos haga olvidar los rostros de los miles de chilenos y chilenas que hoy siguen sufriendo, relegándolos a un segundo o tercer plano dentro de las prioridades nacionales. Las luces de este evento mundialista y el placer del éxito efímero, no pueden imponerse a la memoria agradecida de aquellas múltiples iniciativas que han colmado de fe y esperanza nuestros corazones y nos enseñan que las verdaderas victorias del ser humano son aquellas que se construyen desde la unidad, especialmente en tiempos y contextos de adversidad.

Que el Señor y la Virgen María iluminen nuestro caminar, permitiéndonos acoger la pasión por el fútbol como una oportunidad para colmarnos de alegrías y recobrar el ánimo y la esperanza en la reconstrucción del país y nuestra tierra ñublensina.

Mons. Carlos Pellegrin Barrera
Obispo de Chillán

Chillán, junio de 2010.