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Notas al borde de la cancha - Con la “roja puesta”
(Artículos y comentarios escritos por chilenos y chilenas)
Que no termine la fiesta
Me miro al espejo a las 7AM del 16 de junio: debuta Chile en el Mundial y doy lástima. Más sobreabrigado que hijo único (hablo con propiedad), enfrento las gélidas temperaturas a punta de sus buenos polar y revestido con una polera roja para avivar a Chile. De a poco entro en calor al compás del buen fútbol, de las exclamaciones varias por aciertos y yerros, del gol marcado y los varios perdidos. Como se dice en estas canchas, a la postre un triunfo sobre Honduras (merecido, mezquino o miserable termina dando lo mismo).
Entre bocinazos veo lanas tricolores al viento y banderas convertidas en capas, mientras oigo a los comentaristas ensayar, como siempre sin éxito, aburridos poemas a la epopeya, a los 48 años sin ganar en un mundial. Ya no es el consabido homenaje al pampino, al minero, al chilote, al pescador. Ahora es el emotivo obsequio de goles a Iloca, Dichato y Villa Prat. Y con las vuvuzelas de fondo se hace gárgaras con la chilenidad, el Bicentenario y el pueblo sufrido. A Dios gracias el Chile verdadero se me asoma desde una esquina del centro santiaguino: una mujer joven junto a sus hijitos que hicieron “la chancha” en el jardín para gritar el gol chileno. También ellos sobreabrigados y contentos, mueven bufandas, globos y banderas. Y van por más.
Rabié la eliminación de Italia y sufrí la de Chile. Pero ver disfrutar a los hijos su primer Mundial y seguir entusiasmados después del lunes 28, es una bendición de la que estoy dispuesto a aprender. Es cierto que esta pasión tuya y mía (para ti, para mí) posiblemente ha ayudado a varios a enriquecerse en dinero, exposición, imagen y marca. También es cierto que hay algo patológico en esas reacciones destempladas, excesos y des- bordes de compatriotas que posiblemente no aquilatan sus victorias cotidianas en la vida.
Pero dígame que no es bonito cuando se revoluciona nuestro andar rutinario por la vida: los intelectuales cambian los horarios de sus cátedras, en un par de minutos gerentes y sindicalistas llegan a acuerdo para ver el fútbol, ¡la discusión política en Twitter habla el idioma de la gente! Una verdadera fiesta, en palabras de un poeta de verdad: “hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano sin importarles la facha”.
A la hora del pitazo final de Sudáfrica 2010, no dejo de agradecer al Señor por el fútbol que nos une, como rara vez ocurre por encima de intereses individuales o sectoriales. Bendita la pelotita que nos devuelve la alegría y nos renueva la esperanza, un valor más esquivo que los goles, un triunfo cuyo sabor perdura para siempre.
Jaime Coiro Castro, periodista
Director del Área de Comunicaciones del Episcopado
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