|
Notas al borde de la cancha - Con la “roja puesta” ¿Clasificados? Comparto y me uno a los festejos en todo el país por la clasificación del seleccionado nacional de fútbol a la Copa del Mundo 2010. La imagen del jugador clave con sus manos en un gesto hacia Dios, la alegría espontánea de un técnico que ha puesto en este proceso no sólo talento, sino también método y corazón, el tributo a quienes han sido parte del camino; son muestra de una alegría más que merecida para un pueblo ansioso de esperanzas y de triunfos. En el calor de los festejos, no dejan de sorprender los excesos: no sólo la violencia, habitualmente asociada al alcohol o la droga; también extrañan discursos y conductas que, lejos de una celebración popular, apelan a muestras extremas en un falso modo de entender el patriotismo. Cuando una victoria deportiva nos desencaja el rostro y nos lleva a episodios virulentos de catarsis amparados en la locura colectiva, surgen entonces preguntas importantes que superan el escenario deportivo y que apuntan hacia dilemas no resueltos en nuestra sociedad. En meses pasados, los Obispos advertíamos sobre una violencia latente que cada cierto tiempo asoma con su pavoroso reguero de destrucción y hasta de muerte. Al interior de la familia, en la relación de los pololos, de un modo alarmante en los colegios, también en la relación laboral, y qué decir del acontecer político en un tiempo electoral de poco proyecto y mucha agresión verbal. Esto nos habla de situaciones de distinto orden que no hemos sabido resolver como sociedad y que, tarde o temprano, terminan cobrándonos la cuenta. Probablemente tras bambalinas desfilan graves injusticias como la brecha escandalosa en la distribución del ingreso o demandas de grupos sociales y étnicos largamente postergadas. Cuánta violencia familiar o escolar se relaciona con nuestra incapacidad de entendernos o, peor aún, de escucharnos. Sí, es posible que lleguemos a Sudáfrica con lo mejor de nuestro fútbol. Pero en el corazón de nuestra convivencia, nos falta mucho para clasificar. Le imploro al Señor la gracia de ser más fraternos y solidarios. |
||