Nuestros Pastores / Orientaciones Pastorales 2001-2005
- "Si conocieras el don de Dios
" (Jn 4, 10)
Parte IV (3): Los manantiales de agua viva. Líneas de acción pastoral
3. El encuentro con Cristo Vivo: camino de solidaridad con los pobres y excluidos
Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños a mí me lo hicieron. (Mt 25,40)
La conciencia de la comunión con Jesucristo y con los hermanos, que es, a su vez, fruto de la conversión, lleva a servir al prójimo en todas sus necesidades, tanto materiales como espirituales, para que en cada hombre resplandezca el rostro de Cristo(100), ya que mediante su Encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo ser humano(101). Esta solidaridad se expresa en el amor cristiano que busca el bien de los otros, especialmente de los más necesitados(102).
La situación de pobreza y exclusión que aún afecta a un gran número de chilenos y chilenas es un desafío que interpela nuestra fe. En repetidas ocasiones nos hemos preguntado qué significa esta contradicción en un pueblo de profundas raíces cristianas y cómo podemos comulgar de la Mesa del Señor, con la conciencia adormecida, mientras tantos hermanos padecen necesidades esenciales. El Padre Hurtado volvería a preguntarnos si es Chile un país Católico para que cada uno vea qué haría Cristo en su lugar.
Para lograr los objetivo propuestos deseamos proponer las siguientes líneas de acción.
3.1. Una cultura de la solidaridad
3.1.1. Renovar con más decisión la opción preferencial por los pobres haciéndonos más conscientes de los nuevos rostros que adquiere la pobreza - adultos mayores, migrantes, alcohólicos y drogadictos, encarcelados, enfermos de SIDA, niños de la calle, etc. - y de lo que se suele llamar pobreza dura que aún afecta a un número significativo de compatriotas. Estamos concientes de la fecundidad evangélica que ha tenido esta opción pastoral y de los reduccionismos y temores que a veces la acompañan. En todo caso, esta es una opción que se debe intensificar y ampliar [
] para que ella sea cada vez más un camino para el encuentro con Cristo, el cual siendo rico, por nosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza(103).
Esta opción preferencial nos lleva a anunciar a los pobres el Evangelio de la gracia de Dios, para que puedan vivir la fe siendo sujetos de renovación en la Iglesia y agentes de cambio en la sociedad. En efecto, la promoción de los pobres es una gran ocasión para el crecimiento moral, cultural e incluso económico de la humanidad entera(104).
3.1.2. Crear espacios de diálogo en torno al actual modelo económico, social y cultural, que permita generar una crítica constructiva y buscar caminos eficientes para superar la pobreza, la injusticia social, las carencias del sistema laboral, el desinterés por lo público y el estilo de vida consumista.
Hay también que denunciar las deformaciones de un sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles(105).
Pero, no se trata sólo de debatir y denunciar: mucho podemos hacer para generar una cultura comunitaria y solidaria, desde ahora y a nivel local, con los trabajos solidarios, con la práctica perseverante del compartir fraterno, del mutuo aprendizaje, del trabajo en equipo; con las redes y articulaciones regionales, los encuentros e intercambios, etc. Es lo que podríamos llamar una pedagogía del fermento que demuestre a través de experiencias concretas que es posible vivir el Evangelio del Reino en el campo social y político.
3.1.3. Asumir con más determinación el anuncio del Evangelio Social de la Iglesia, a través de todas las instancias que estén a nuestro alcance: en Seminarios y Casas de Formación, Escuelas y Colegios, Universidades y centros formativos, en los medios de comunicación, las catequesis y en las publicaciones de Iglesia. Así contribuiremos a formar católicos que trabajen incansablemente por una sociedad más justa y una economía más solidaria, como reiteradamente nos lo pide el Santo Padre.
3.1.4. Trabajar por establecer una cultura de la solidaridad y por globalizar esta solidaridad, colaborando con medios legítimos en la reducción de los efectos negativos de la globalización, como son el dominio de los más fuertes sobre los más débiles, especialmente en el campo económico, y la pérdida de los valores de las culturas locales en favor de una mal entendida homogeneización(106).
3.1.5. Promover una espiritualidad del compartir que ayude a las personas a plantearse con criterios evangélicos frente a los bienes económicos: sobriedad de vida, evitar el excesivo endeudamiento, compartir con los que tienen menos, despojarse de los bienes superfluos poniendo más confianza en Dios el Padre providente(107).
Notas al pie
(100) E.AM 52
(101) Juan Pablo II, Redemptor Hominis, 13
(102) E Am 52.1
(103) E Am 58.2,3
(104) Juan Pablo II, Mensaje Jornada de la Paz, 01.01.2000
(105) E Am 56.2
(106) E Am 55.2
(107) Cf. Mt 6, 24-34
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