No se trata de armar una tormenta en un vaso de agua, pero ¿se saca algo con vestir a los niños de angelitos en lugar de los monstruos de Halloween?
Pienso que le hacemos el juego a la misma sociedad de consumo que niega sueldos éticos y que tiene vendiendo disfraces a hermanas y hermanos en horarios que no les permiten departir con sus hijos.
Podría ser mejor hacer ver la contradicción entre una fiesta que se relaciona con la vida eterna y el cielo de los bienaventurados con esta importación estodounidense-protesstante-pagana que mina nuestra identidad católica en ese sentido, y, en lo práctico, hacer ver a los niños que es mejor no gastar en cosas inútiles.
Pero eso pasa por el ejemplo de una vida austera y no sólo un bonito discurso.
Una sicóloga me preguntaba si no sería dañino excluir a un niño de una "fiesta" como esta con sus amigos: le dije que vamos a contracorriente y la única protección para eso es una familia unida. Una herencia de fe, esperanza y amor que debo a mi abuelo, a mis padres y a mis hermanos franciscanos.
Hno. Rodolfo Arredondo S., ofs.
Periodista UC