Largamente se ha discutido en cartas al director acerca de la imagen del Papa Juan Pablo II que se pretende instalar frente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Verdaderamente creo que Juan Pablo II debiera estar en las puertas del Estadio Nacional. Porque ahí fue donde le habló a la juventud chilena con toda su grandeza y humildad como hombre de Dios al servicio del mundo. En efecto, fue en el Estadio Nacional donde nos dijo: “ ¡Jóvenes chilenos: No tengáis miedo de mirarlo a El!. Fue en ese mismo lugar donde nos enseñó: “ ¡Cuántas energías hay como escondidas en el alma de un joven o de una joven! ¡Cuántas aspiraciones justas y profundos anhelos que es necesario despertar, sacar a la luz!” . Fue en medio de miles de jóvenes que con fuerza y convicción nos dijo: “ Cristo nos está pidiendo que no permanezcamos indiferentes ante la injusticia, que nos comprometamos responsablemente en la construcción de una sociedad más cristiana, una sociedad mejor. Para esto es preciso que alejemos de nuestra vida el odio; que reconozcamos como engañosa, falsa, incompatible con su seguimiento, toda ideología que proclame la violencia y el odio como remedios para conseguir la justicia”. Es ahí mismo donde nos interpeló con fuerza y cariño: “ ¿Verdad que queréis rechazar el ídolo del poder, como dominio sobre los demás, en vez de la actitud de servicio fraterno, de la cual Jesús dio ejemplo?, ¿verdad?”. Es en el Estadio Nacional donde nos habló de las dificultades de la vida y nos enseño: “ Que las dificultades que te tocan vivir no sean obstáculo a tu amor y generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales. Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino”. Y finalmente, ahí mismo, en un silencio admirable ante la atenta escucha de su palabra manifestó a todos los jóvenes: “No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz… Joven, levántate, ten fe en la paz, tarea ardua, tarea de todos. No caigas en la apatía frente a lo que parece imposible. En ti se agitan las semillas de la vida para el Chile del mañana. El futuro de la justicia, el futuro de la paz pasa por tus manos y surge desde lo profundo de tu corazón. Sé protagonista en la construcción de una nueva convivencia de una sociedad más justa, sana y fraterna”. Todo lo anterior es suficiente para agradecer a su persona y todo lo que hizo por Chile. Un gran atleta de la justicia, la verdad y el amor merece estar en lugar donde miles de jóvenes lo recibieron en su corazón y asumieron el desafío de construir un Chile nuevo, lleno de esperanzas y anhelos para todos.
Pbro. Francisco Javier Astaburuaga Ossa