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Opinión / Cartas al Portal


Precisiones sobre el juicio eclesiástico a Karadima

Quiero compartir algunas observaciones y reflexiones sobre este juicio con antecedentes que he recibido de buena fuente.

Entre los años 2003 y 2006 se reciben en la Iglesia de Santiago dos denuncias por abusos del sacerdote Karadima. Tomó tres años a la autoridad eclesiástica para formarse un juicio acerca de la verosimilitud de lo denunciado, permaneciendo el caso en suspenso hasta que aparecieron nuevos antecedentes.

Lo anteriormente señalado en acuerdo con las disposiciones del artículo 1717 del derecho canónico que establece:

“1. Siempre que el Ordinario tenga noticia, al menos verosímil, de un delito, debe investigar con cautela, personalmente o por medio de una persona idónea, sobre los hechos y sus circunstancias, así como sobre la imputabilidad, a no ser que esta investigación parezca del todo superflua.

2. Hay que evitar que, por esta investigación, se ponga en peligro la fama de alguien”.

En agosto del año 2009 declaró la tercera persona que había sufrido semejantes abusos, con lo cual se obtuvo un nuevo antecedente, lo que condujo al juicio de verosimilitud de todas las denuncias. Pocos meses después se presentó el cuarto denunciante. Declaró que había sido abusado siendo menor de edad. Por eso, en junio de 2010, el Arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz Ossa, envió a la Santa Sede la documentación y la acusación formulada por el promotor de la justicia.

Solicitó, además, a la Congregación de la Fe que levantara la prescripción de los delitos cometidos y una pronta resolución.

Ya el año 2005 se le había pedido al P. Fernando Karadima que renunciara al cargo de párroco. Con fecha 18 de Julio de 2010, el Cardenal Errázuriz envió carta al P. Fernando Karadima pidiéndole que aceptara por escrito el cese de todo ministerio público. Pienso que esta carta fue una manifestación de prudencia en espera de la sentencia de la Santa Sede con la doble finalidad de evitar desprestigiar por adelantado al P. Karadima y al mismo tiempo que siguiera haciendo daño ya que presumía la verdad de lo denunciado.

Por todo lo anteriormente expuesto, no me parece sostenible buscar sancionar a la Iglesia por la conducta de este sacerdote ni reprochar el actuar de nuestros Cardenales.

Dr. Pedro Naveillan F.