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Opinión / Cartas al Portal


Iglesia, autoridad y obediencia

La obediencia a la autoridad - sea cual sea - no puede ser obsecuente. Por el contrario, se nutre en el diálogo transparente que busca la verdad con caridad. Con “parresia” como nos enseña el Papa Francisco. Es así, que fieles y pastores estamos llamados a vivir en la caridad de Cristo el discernimiento de los signos de los tiempos. Y para esto se necesita de la humildad y la necesaria búsqueda del bien común, más allá de los intereses personales de cualquier naturaleza. Pastores y fieles formamos la única Iglesia de Cristo.

Por eso el desafío es siempre un llamado a la grandeza de dar lo mejor de nosotros mismos para bien de todos. A veces, perseverando hasta la cruz. Y otras veces, renunciando con humildad. Pues la Iglesia es de Cristo y nosotros – fieles y pastores – somos servidores indignos que llevamos un tesoro en vasos de barro. Por eso las palabras finales de la carta de don Gonzalo Martínez son importantes: “No os engañéis hermanos míos. Si alguno de vosotros sigue a alguien que fomenta los cismas, no poseerá el reino de Dios; el que camina con un sentir distinto del de la Iglesia, no tiene parte en la pasión del Señor”. Pero estas palabras deben ser para fieles y pastores, pues unos y otros podemos ser “cismáticos” creando divisiones y rencillas que al final solo dañan al pueblo de Dios.

Entonces, con mayor razón se necesita de la humildad del corazón para que Jesús crezca en su Iglesia y nosotros disminuyamos. La tentación de aferrarse al poder y sus privilegios viene desde los apóstoles. Por eso Cristo nos invitó, una y otra vez, a ser servidores. Juan el Bautista se abajó. San José fue humilde y se quedó en segundo plano. El padre A. Hurtado fue testigo valiente de la verdad, pues la verdad nos hace libres. Y Cristo es el camino, la verdad y la vida.

P. Fco. Javier Astaburuaga Ossa
Sacerdote