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Opinión / Cartas al Portal


Una antinomia falsa

Comparto, celebro y suscribo todo cuanto don José Pérez Barahona, recordando los pronunciamientos del papa Francisco Primero, señala respecto de la acogida que la Iglesia ha de dar a toda persona, independientemente de sus creencias, de sus errores, de sus pecados, etc. Esto forma parte medular del mensaje de Cristo y su Iglesia.

También apoyo la defensa que hace de este espacio como un lugar donde se puedan manifestar diversas opiniones sin otras censuras que las que impone el respeto al otro. Manifiesta sin embargo don José, soslayando el tema de la autoridad episcopal, reparos a que se subraye la incongruencia existente entre el hecho de declararse católico y a reglón seguido, se descalifique en forma tajante a los obispos, atribuyéndose para ello la vocería de una pretendida “iglesia de la calle”.

Lo cierto es que esto no es una cuestión de ritos, estructuras, o pastoral sometida al discernimiento o parecer subjetivo de cada católico.

Nuestra fe se apoya en un Cristo que ha sido obediente al padre, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz, y Jesucristo mismo, ha entregado a los obispos, como parte de su ministerio, el servicio de la autoridad y de la enseñanza de cuanto el mismo enseñó y vivió, verdad que ellos llevan como un tesoro en vasos de barro . “En efecto, al vivir sometidos a vuestro obispo como si se tratara del mismo Jesucristo, sois, a mis ojos, como quien anda no según la carne, sino según Cristo Jesús, que por nosotros murió a fin de que , creyendo en su muerte, escapéis de la muerte” (Carta de San Ignacio de Antioquía a los Tralianos).

Por lo mismo al “leer los signos de los tiempos”, vale la pena tener presente siempre que Cristo es el principio y el fin, el Señor del Tiempo; y por lo mismo una lectura cristiana de nuestra época, no tiene nada que ver con “acomodarse al tiempo presente”, actitud que el Señor por boca de San Pablo reprueba, sino con prestar atención al misterio que se despliega ante nuestros ojos con la irrupción en cada día de nuestra historia, de Jesucristo, el Siervo de Yaveh, que es el mismo ayer, hoy y siempre.

La prueba de que alguien que se dice cristiano ha sido “ liberado” por Cristo, es precisamente ente otras actitudes, su obediencia a la autoridad, su mansedumbre, su docilidad. Valga como testimonio de lo anterior el ejemplo de tantos santos, entre ellos San Alberto Hurtado y Santa Teresa de Calcuta. No existe por lo mismo antinomia alguna entre el llamado a obedecer a la autoridad y la caridad y acogida a los hermanos.

En este sentido, la censura, entendida como corrección y no como prohibición a opinar (que compete al moderador del portal) siempre ha de ser más fuerte respecto de quien se dice cristiano de quien se reconoce simplemente como pagano. Recordemos a este respecto la corrección fraterna que hacía San Ignacio de Antioquía a los Filadelfios : “ Vosotros, que sois hijos de la luz y de la verdad, huid de toda división y de toda doctrina perversa; adonde va el pastor allí deben seguirlo las ovejas. Todos los que son de Dios y de Jesucristo viven unidos al obispo; y los que arrepentidos vuelven a la unidad de la Iglesia también serán porción de Dios y vivirán según Jesucristo.

No os engañéis hermanos míos. Si alguno de vosotros sigue a alguien que fomenta los cismas, no poseerá el reino de Dios; el que camina con un sentir distinto del de la Iglesia, no tiene parte en la pasión del Señor”

Gonzalo Martínez Blanche