Arzobispo Rebolledo reflexiona sobre la Cuenta Pública: todo en la Iglesia al servicio de la evangelización

Arzobispo Rebolledo reflexiona sobre la Cuenta Pública: todo en la Iglesia al servicio de la evangelización

Refiere el Arzobispo a la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, de San Pablo VI: la Iglesia “existe para evangelizar” (EN 14).

Miércoles 03 de Junio de 2026
El Arzobispado de La Serena realizó el miércoles 27 de mayo su octava Cuenta Pública, iniciada el 16 de octubre de 2019 con la presentación de la gestión económica correspondiente al año 2018. Con ello, se consolida progresivamente una cultura eclesial fundada en la responsabilidad, la transparencia y el servicio, en armonía respecto de las exigencias pastorales y evangelizadoras de nuestro tiempo; y en consonancia con los requerimientos propios de la legislación civil.

San Pablo VI, en la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (1975), afirma: “Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar” (EN 14). Desde entonces, los sucesivos Pontífices han reiterado esta convicción fundamental, subrayando que toda acción eclesial encuentra su sentido más auténtico en el anuncio del Evangelio y en el servicio al Reino de Dios.

Si la evangelización constituye la identidad misma de la Iglesia, entonces todo en ella debe orientarse a esa misión: las personas, las estructuras, los bienes materiales y también los recursos económicos que los fieles confían para el sostenimiento de la vida eclesial. Cuanto la comunidad aporta para la misión eclesial debe estar al servicio de la proclamación del Evangelio y pertenece, en definitiva, a la comunidad cristiana, que tiene el legítimo derecho de conocer el modo en que se administra. Como ha enseñado Su Santidad León XIV: “no somos dueños de nuestra vida ni de los bienes de los que disfrutamos; todo nos ha sido dado como don por el Señor y Él ha confiado este patrimonio a nuestro cuidado, a nuestra libertad y responsabilidad” (Ángelus, 21 de septiembre de 2025).

Por ello, surge una exigencia ética, pastoral y evangélica, preguntarnos periódicamente: ¿de qué modo administramos los recursos que hemos recibido?, ¿cómo aseguramos que estén efectivamente al servicio de aquello que es esencial y prioritario?, ¿garantizamos transparencia, rectitud y responsabilidad en su utilización?

La rendición de cuentas aparece, entonces, no solamente como un deber administrativo, sino también una expresión concreta de corresponsabilidad eclesial y comunión con el Pueblo de Dios, permitiendo evidenciar públicamente una gestión seria, honesta y orientada al bien común de la misión evangelizadora de la Iglesia.

Las reflexiones precedentes ponen en evidencia algunas convicciones fundamentales. Los bienes materiales de la Iglesia provienen de la generosidad de los fieles y deben estar al servicio de la evangelización. Administramos recursos que pertenecen a la comunidad cristiana y que han sido entregados para sostener aspectos concretos de su vida y misión. Precisamente por ello, la comunidad tiene el legítimo derecho de conocer cómo dichos bienes están siendo administrados.

Asimismo, dado el carácter público y social de la misión eclesial, resulta necesario promover prácticas de transparencia y rendición de cuentas que fortalezcan la confianza y expresen un testimonio coherente ante la sociedad. La transparencia no constituye únicamente una exigencia institucional, sino también una auténtica oportunidad pastoral y evangelizadora, capaz de fortalecer la credibilidad de la Iglesia y favorecer una cultura de mayor confianza y participación. Sabiendo que la transparencia es un desafío exigente para el orden y optimización de los escasos recursos, sin duda es el camino que debemos recorrer siempre mejor y es un auténtico servicio a la sociedad entera, porque nos permite mostrar algo central en nuestra fe: la fidelidad en las cosas pequeñas está relacionada con la fidelidad en las importantes (cf. Lc 16, 10).

En cuanto actor social y signo visible en medio del mundo, la Iglesia está llamada a ofrecer también en este ámbito un testimonio coherente y creíble, haciendo público el modo en que administra sus recursos y exigiéndose permanentemente estándares cada vez más altos de transparencia, responsabilidad y buen gobierno. Tenemos la convicción de que un buen cristiano debe ser un buen ciudadano que respete las leyes y las cumpla con responsabilidad.

Transparencia y rendición de cuentas constituyen hoy no solo una necesidad institucional, sino también una valiosa oportunidad apostólica, pues permiten dialogar con la cultura contemporánea en un lenguaje comprensible y compartido. Como se ha señalado con acierto en el reciente Documento Final de la XVI Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos: “no se trata de un empeño burocrático en sí mismo, sino de un esfuerzo comunicativo que se revela como una poderosa herramienta educativa para cambiar la cultura, además de permitirnos dar mayor visibilidad a muchas iniciativas valiosas de la Iglesia y sus instituciones, que con demasiada frecuencia permanecen ocultas” (DFS 102).

Finalmente, este ejercicio anual de rendir cuenta, con claridad y sentido eclesial, es también una forma concreta de agradecer a quienes sostienen la misión de la Iglesia, manifestando que sus aportes, incluso los más sencillos y silenciosos, han sido administrados responsablemente con un fin evangelizador, al servicio del Reino de Dios y del bien de las comunidades cristianas. La decidida contribución de tantas personas hace sustentable la misión eclesial. Este compromiso impulsa a un servicio honesto y favorece la búsqueda de las colaboraciones necesarias, orientadas a una gestión rigurosa y profesional de los recursos.

¡Todo en la Iglesia al servicio de la evangelización!

+ René Rebolledo Salinas
Arzobispo de La Serena


Fuente: Arzobispado La Serena
La Serena, 03-06-2026