Esta celebración se realizó en Santa Cruz el viernes 27 de marzo.
El obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto, presidió la Misa Crismal celebrada este viernes 27 de marzo en la Parroquia La Santa Cruz, de la comuna de Santa Cruz, instancia que reunió a todo el clero diocesano junto a diáconos, religiosos y fieles laicos.
La celebración, de gran relevancia dentro de la vida de la Iglesia, tuvo lugar fuera de la Catedral debido a los trabajos de restauración que actualmente se realizan en ella, lo que permitió además la participación de comunidades cercanas que vivieron por primera vez esta significativa liturgia en esa comuna.
En la oportunidad, acólitos, diáconos y sacerdotes realizaron una procesión por calles aledañas al templo, acompañados por la banda escolar del Instituto Federico Errázuriz, y luego ingresaron a la iglesia repleta de fieles.
Durante la Misa Crismal se realiza uno de los ritos más importantes del año litúrgico: la bendición de los óleos y la consagración del Santo Crisma, que serán utilizados durante todo el año en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Unción de los Enfermos y el Orden Sacerdotal. Asimismo, los sacerdotes renuevan públicamente sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso de servicio a Dios y a la comunidad.
Centralidad de la Eucaristía
En su homilía, el obispo destacó la importancia de esta celebración como una “fuerte experiencia de ser Iglesia”, subrayando el valor de reunirse como diócesis en torno a la Eucaristía, especialmente al inicio de la Semana Santa.
Monseñor Vera hizo un llamado a redescubrir la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana, recordando que, tal como enseña el Concilio Vaticano II, ninguna comunidad se construye si no tiene como raíz y centro la celebración eucarística.
El obispo también puso énfasis en el rol de la parroquia como comunidad eucarística y espacio de acogida, donde los fieles puedan encontrarse no solo para celebrar la fe, sino también para compartir sus alegrías, dificultades y esperanzas. Asimismo, llamó a los sacerdotes a ejercer su ministerio con cercanía, caridad pastoral y dedicación, siendo signos de unidad y testimonio vivo de Cristo.
En su mensaje, destacó además la importancia de la participación de los laicos en la vida parroquial, especialmente en el contexto actual, señalando que una Eucaristía bien vivida debe traducirse en un mayor compromiso comunitario y en acciones concretas de caridad.
De manera especial, el obispo invitó a fortalecer el acompañamiento a los adultos mayores, promover espacios de encuentro entre generaciones y fomentar la participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia, animando a las comunidades a ser creativas en su misión evangelizadora.
Durante la misa se realizó la renovación de las promesas sacerdotales, en un momento cargado de emoción y compromiso, en el que los presbíteros reafirmaron su vocación de servicio ante Dios y el pueblo.
Con atención, todo el Pueblo de Dios presente en la misa escuchó el llamado realizado por nuestro pastor y se aprestó para comenzar a vivir las celebraciones de Semana Santa.
Fuente: Comunicaciones Rancagua
San Fernando, 30-03-2026