La experiencia misionera se desarrolló en el sector de la Capilla Espíritu Santo, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, fortaleciendo la vida comunitaria a través de visitas a familias, espacios formativos y celebraciones compartidas.
En un territorio marcado por un clima social convulsionado, la presencia de los misioneros SSCC en Cañete fue vivida por la comunidad como un signo de esperanza y renovación. Así lo expresó el párroco Gilberto Matus, quien destacó que la misión permitió compartir la vida y animar la fe en una parroquia que ha atravesado procesos complejos en los últimos años.
Desde su experiencia pastoral, el párroco valoró profundamente la presencia misionera en la comunidad, señalando: “Para nosotros es una gran alegría que nos visiten en la parroquia para tiempo de misión, así nos permite compartir la vida, animar la fe de la comunidad, especialmente nuestra parroquia, que viene de un proceso bastante largo fruto de la violencia, de un clima social bastante convulsionado”.
Añadió además: “Que vengan a visitar nuestra comunidad y a compartir la fe es una experiencia de alegría enorme y de esperanza también, porque en el fondo eso significa que se retome de a poco el ritmo de vida de la comunidad”.
Sembrando esperanza
La misión se desarrolló en el sector de la Capilla Espíritu Santo, en la población Carol Urzúa, donde el equipo misionero acompañó a las familias a través de visitas casa a casa, encuentros comunitarios, espacios de oración y celebraciones litúrgicas. Esta cercanía permitió retomar el contacto con personas que se habían ido alejando de la vida comunitaria, especialmente después de la pandemia.
Al referirse al aporte concreto de esta experiencia, Gilberto Matus subrayó el valor de la misión como un apoyo real a la acción pastoral cotidiana, especialmente en contextos donde no siempre es posible llegar a todos los hogares: “Esta experiencia, sin duda, robustece la acción pastoral cotidiana. Yo creo que en el fondo, a veces, la vorágine de las actividades pastorales, los compromisos, uno no tiene la posibilidad de visitar todos los hogares, de conocer las realidades personales de dolor, sufrimiento, la necesidad de consuelo, de misericordia”.
En esa misma línea, destacó el trabajo conjunto entre sacerdotes y laicos:
“Entonces, experiencias como la misión, y especialmente el hecho de que vengan sacerdotes junto con los laicos, ayuda enormemente precisamente para hacer este camino de misericordia, de camino de consuelo que Dios espera que hagamos”.
Agregó también: “Para nosotros es una ayuda enorme, porque uno responde a la situación particular en la que lo mandan a buscar o lo llaman para que uno vaya a la casa, pero tener la gratuidad de poder hacer este camino diariamente es una cosa que es de alabar. Sin duda, nos robustece la acción pastoral y nos hace crecer la fraternidad”.
Cabe recordar que el grupo de misioneros estuvo compuesto por jóvenes y adultos, acompañados por nuestros hermanos Juan Cofré sscc y Atilio Pizarro sscc, además del consejero general Stephen Banjare sscc, junto a Bernardita Zambrano y Adrián Neira.
Primeros frutos de esta misión
Respecto de los frutos que deja la misión en la comunidad, el párroco señaló que estos se van manifestando progresivamente a partir del contacto directo con las personas y sus realidades concretas: “Los frutos de esperanza, sin duda, son aquellos que el mismo Señor va suscitando en la realidad. Primero es comenzar por visitar los hogares, después van surgiendo las experiencias de poder realizar encuentros, acompañar jóvenes o niños, y eso la misma realidad te lo va a ir dando”.
Y añadió:
“Lo importante es la lucidez para ir captando lo que Dios nos va mostrando en las distintas realidades de la visita. Estos son signos potentes: puede ser desde la vida sacramental, visitar y bendecir un hogar, dar la comunión a algún enfermo, o compartir la vida y la fe”.
El trabajo misionero fue acompañado activamente por la comunidad local. Desde la coordinación de la Capilla Espíritu Santo, Luz Rodríguez valoró la experiencia vivida durante esos días, señalando:
“Primero agradecer a Dios por estos días, por la presencia de los Misioneros y por las familias visitadas. Lo que viví fueron dos encuentros comunitarios, con participación de hermanos habituales y con alegría ver personas ‘nuevas’. Están contentas y expresan seguir participando en la comunidad”.
Desde la organización de las misiones, Bernardita Zambrano, coordinadora de Gestión Parroquial SSCC, explicó que la experiencia tuvo un fuerte carácter formativo y pastoral, con la participación de jóvenes universitarios de Concepción y Santiago. El proceso combinó formación bíblica, trabajo en equipo, recreación y visitas a familias, en varias de las cuales se realizó la bendición de los hogares.
En ese contexto, señaló:
“Esta misión fue una primera aproximación al lugar, orientada a conocer sus necesidades. Permitió acercarse al dolor de personas solas, especialmente adultos mayores, personas que viven duelos o enfrentan enfermedades. Ha sido una especie de diagnóstico pensando en volver los próximos años con actividades acordes a las necesidades que vimos”.
La experiencia misionera concluyó con una eucaristía vivida en un ambiente cercano y familiar, al estilo de la espiritualidad de los Sagrados Corazones. Para la comunidad parroquial y el equipo misionero, este tiempo fue una oportunidad concreta de renovar la vocación misionera y seguir discerniendo caminos de acompañamiento pastoral desde la cercanía, la escucha y el compartir la vida.
Fuente: Congregación Sagrados Corazones Provincia Chile-Argentina.
Cañete, 02-02-2026