Santiago cierra el Jubileo de la Esperanza con un gesto de gratitud y envío misionero
La Iglesia de Santiago realizó este domingo 28 de diciembre el Cierre Arquidiocesano del Jubileo de la Esperanza, en comunión con las diócesis de Chile y del mundo, culminando un año marcado por la peregrinación, la reconciliación y el encuentro comunitario en torno a Cristo, fuente de esperanza.
Domingo 28 de diciembre. La jornada comenzó a las 17:00 horas en la explanada de la Catedral Metropolitana, donde fieles provenientes de diversas parroquias, movimientos y comunidades se congregaron para dar gracias por lo vivido durante el Año Jubilar. En este primer momento, los 11 templos jubilares de la Arquidiócesis de Santiago fueron protagonistas: cada uno llegó portando su cruz jubilar, signo visible del camino recorrido en estos meses y del testimonio de fe sostenido en los distintos territorios pastorales.
Las cruces fueron dispuestas en el exterior de la Catedral como expresión de una Iglesia que ha peregrinado en la ciudad, acogiendo a miles de personas en espacios de oración, misericordia y reconciliación. Junto a ellas, se realizó un signo de acción de gracias, en el que representantes de las comunidades compartieron brevemente lo vivido en el Jubileo, recogiendo experiencias concretas de fe, acompañamiento y renovación espiritual. En este contexto, se entregó un reconocimiento a cada templo jubilar, como agradecimiento por el servicio prestado y la apertura generosa de estos espacios durante el Año Santo.
Posteriormente, los representantes de los templos tomaron nuevamente sus cruces y, en procesión, ingresaron a la Iglesia Catedral, marcando el paso desde la acción de gracias comunitaria hacia la celebración eucarística. Este gesto expresó la continuidad entre el camino pastoral vivido en los territorios y la Eucaristía, centro de la vida de la Iglesia.
La Eucaristía, presidida por el Cardenal Fernando Chomali, Arzobispo de Santiago, comenzó a las 17:45 horas. En su homilía, el cardenal situó el Jubileo en la vida concreta de las personas y las familias, recordando que la esperanza cristiana no es una idea abstracta, sino una experiencia que se sostiene en medio de las dificultades reales. A la luz de la Sagrada Familia, subrayó que la fe se vive en contextos marcados por el dolor, la fragilidad y los quiebres, pero acompañada por la certeza de que Dios no abandona a su pueblo y que su amor tiene la última palabra.
El arzobispo destacó el Jubileo como un tiempo que permitió a muchas personas reconciliarse, volver a la Eucaristía, retomar la vida comunitaria y experimentar el perdón, insistiendo en la importancia de una Iglesia que camina unida y que se hace cercana, especialmente a los más frágiles: familias heridas, personas solas, migrantes, enfermos y privados de libertad. En este sentido, llamó a no clausurar espiritualmente el Jubileo, sino a prolongar sus frutos en la vida cotidiana y pastoral de las comunidades.
Por su parte, el padre Lorenzo Locatelli señaló que “Creo que este Jubileo fue, en cierto modo, una sorpresa. Sabíamos que la Iglesia estaba viva, pero verlo concretamente fue distinto. Comenzamos el año pasado con una gran fiesta y hoy lo cerramos del mismo modo, como un signo claro de la vitalidad de la Iglesia y del amor que la mueve: el amor a Cristo”. Agregó que pese al calor “muchas personas llegaron igualmente. Eso mismo ocurrió durante todo el año: peregrinaciones, catequesis, confesiones, procesos de conversión. Son signos concretos de que el Señor está presente, sigue transformando la vida de las personas, y que el mundo lo busca, quiere encontrarlo”. Finalmente, el coordinador de la Comisión Jubilar, reflexionó sobre la experiencia vivida durante este periodo: “estamos llamados a llevar a la Iglesia al lugar donde vivimos y trabajamos: las calles, los colegios, las universidades, las comunidades parroquiales, las cárceles, los hospitales. Estamos llamados a anunciar que con Cristo la vida es más bella y se llena de esperanza”.
El cierre arquidiocesano fue también una instancia para abrir el horizonte eclesial hacia el Jubileo Extraordinario de la Redención 2033, que conmemorará los 2.000 años de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Un camino que ya comienza y que invita a la Iglesia de Santiago a profundizar su misión evangelizadora, su compromiso con la misericordia y su presencia activa en la ciudad.
De este modo, la Iglesia de Santiago concluyó el Jubileo de la Esperanza no como un punto final, sino como un envío renovado, sostenido en la gratitud por lo vivido y en la responsabilidad de seguir anunciando, con gestos concretos, la esperanza que nace del Evangelio.
Fuente: Comunicaciones Santiago
Santiago, 28-12-2025