Arte y fe: el mosaico que convierte la Catedral de Los Ángeles en un canto visual a la creación
Un impactante mural de mosaico, realizado por mujeres de la ciudad, transformó el exterior de la Catedral en un signo visible de fe, creación y trabajo comunitario, consolidándola como un referente espiritual, cultural y patrimonial para la Diócesis Santa María de los Ángeles y para toda la comunidad.
Desde el año 2019, la Catedral de Los Ángeles ha vivido un proceso de transformación que ha marcado profundamente el rostro del templo principal de la Diócesis Santa María de los Ángeles. Ubicada en el corazón del centro histórico de la ciudad, en la intersección de las calles Valdivia y Lautaro, la Catedral comenzó una intervención artística en su exterior que hoy se proyecta como una obra única en el país: un extenso mural de mosaico que recorre su costado por calle Lautaro y que dialoga armónicamente con la fe, la creación y la identidad territorial.
El azul intenso que envuelve el muro, las piezas artísticas pintadas a mano y el gran mural de mosaico conforman un relato visual que invita a detenerse y contemplar. En él se observan olas, paisajes emblemáticos de Chile y un texto bíblico extraído de la Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2,10-11: “Al nombre de Jesús toda rodilla se doblega en el cielo, en la tierra y en los abismos; y toda lengua proclame Jesús es el Señor para Gloria de Dios Padre”, configurando una obra que trasciende lo decorativo y se convierte en un verdadero lenguaje de fe, abierto a toda la comunidad.
La iniciativa nació por invitación del sacerdote Jorge Cerda, quien propuso el desafío de plasmar un mensaje católico a través del arte, poniendo en el centro la creación como don de Dios. El proyecto fue asumido por un grupo de mujeres mosaiquistas que, desde el año 2019, comenzaron a reunirse semanalmente para dar forma a esta obra monumental que, una vez concluida, alcanzará más de 200 metros cuadrados.
El grupo es liderado por la profesora de mosaico María Angélica Romero Gallardo, quien cuenta con más de 20 años de experiencia en esta disciplina, aprendida de manera autodidacta. Desde su rol como directora del proyecto, ha guiado a mujeres de distintas profesiones y sectores de la ciudad. “Estas artistas no se conocían, solo las unía su conocimiento del mosaico y un contacto en común”, relata Romero, destacando el carácter comunitario que fue tomando el trabajo desde sus inicios.
El proceso no estuvo exento de dificultades. La pandemia obligó a modificar la forma de trabajo, trasladando gran parte del proceso a los hogares de cada participante. “La pandemia alargó el trabajo, ya que comenzamos en 2019 y al iniciar la emergencia sanitaria tuvimos que trabajar desde nuestras casas en los paneles, supervisadas a través de fotografías y videos”, explicó Angélica Romero. A pesar de ello, el grupo logró avanzar gracias a la técnica del mosaico indirecto, que permitió terminar los paños y posteriormente instalarlos cuidadosamente, ensamblándolos sin que se notaran diferencias entre ellos.
El mural se ha desarrollado por etapas. La primera corresponde al gran mar azul con frases bíblicas, realizada e instalada en plena pandemia. La segunda etapa, que se comenzó hace aproximadamente tres años, incorpora cuatro paisajes principales visibles por calle Lautaro y corresponden a los volcanes Tupungato, Aconcagua, volcán Antuco y las Torres del Paine. “Queríamos plasmar un poquitito de Chile, de extremo norte a extremo sur”, explicó Romero, subrayando que el volcán Antuco representa de manera especial a la región y a la ciudad de Los Ángeles.
En primer plano, un elemento se repite con fuerza: las flores de azucena. “Las azucenas son las flores de la Virgen”, señaló la profesora de mosaico, explicando que este símbolo está presente en toda la parte baja de los paisajes. “Es la flor con la que antiguamente se hacía la primera comunión. Tiene un significado muy profundo dentro de la tradición de la Iglesia”, agregó.
Cada pieza del mural está realizada con azulejos especiales de 15 x 15 centímetros, materiales diseñados específicamente para este tipo de trabajo y traídos desde Santiago. “No son los mismos azulejos que se usan en construcción. Cada pieza es cortada a mano una a una y pegada de forma individual y única”, detalló Romero, destacando el nivel de dedicación que implica el proceso desde la elección del material hasta la instalación final.
La tercera y última etapa contempla la incorporación del arcoíris, la luna, la Cruz del Sur y el sol, todos con un fuerte simbolismo bíblico. “El arcoíris representa la alianza de Dios con la humanidad y envuelve todo el paisaje de norte a sur”, explicó. Estas piezas, aunque están terminadas aún no se han instalado debido a la complejidad de la operación.
Al ser consultada por las participantes Angélica mencionó a todo el equipo que trabajaron hasta hacer realidad el proyecto: Miriam Benavente, Daniela Villarroel, Verónica Martínez, Paola Troncoso, Natalie Escobar, Loreto Cuevas, Flor Sandoval, Maribel Contreras y Jessica Moraga.
La dimensión humana del proyecto es uno de sus rasgos más significativos. Así lo expresa Daniela Villarroel, mosaiquista y una de las participantes, quien llegó al proyecto como exalumna de Angélica. “Cuando nos invitó, no nos contó de qué se trataba, era una sorpresa. Nos reunimos varias que no nos conocíamos y cuando nos explicó el proyecto, todas quedamos maravilladas”, recordó.
Daniela relató que el trabajo se desarrolló tanto en el taller como en los hogares, especialmente durante la pandemia, generando un espacio de colaboración y acompañamiento. “Conversábamos de la vida, de lo que escuchábamos en la radio, y eso fue generando un lazo muy lindo entre todas. Sin habernos conocido antes, terminamos haciéndonos amigas”, señaló.
Para ella, ver el mural instalado superó todas las expectativas. “Se logró el objetivo, incluso mucho más de lo que esperábamos. Es un aporte a la ciudad y un orgullo enorme haber sido parte. Por ejemplo, mi pequeño nieto sabe que participé ahí, y eso me llena el corazón”, expresó. Además, destacó que el proyecto tuvo un impacto espiritual inesperado. “A mí también me ha ido acercando nuevamente a la Iglesia, algo que no esperaba y que valoro mucho”, confesó.
La relevancia pastoral y espiritual de esta obra ha sido destacada por Monseñor Cristián Castro, Obispo de la Diócesis Santa María de los Ángeles, quien ha valorado profundamente el significado de este mural para la Iglesia local y la ciudad. En sus palabras: “Como obispo, me siento muy contento y agradecido por este hermoso trabajo que hoy estamos observando en el exterior de nuestra Catedral. Es una obra que invita a detenerse y contemplar, que expresa de manera muy clara cómo el arte puede transformarse en un verdadero lenguaje de fe. No se trata solo de una intervención estética, sino de una obra que dialoga con la tradición del arte sacro y se actualiza desde nuestra propia realidad local.
Continua el Obispo: “Este mosaico embellece nuestra Catedral, pero sobre todo evangeliza. Habla de la creación como don de Dios, de su alianza con la humanidad (el arcoíris que comienza a verse) y de la presencia amorosa del Señor en nuestra historia y territorio. Cada color y cada forma invitan a la contemplación y a la alabanza, convirtiendo este mural en una obra de arte con el cual se puede orar”.
“Quiero destacar de manera especial el trabajo colaborativo de las mujeres que han dado vida a esta obra. Asesoradas por el P. Jorge Cerda, veo en ellas reflejado el espíritu sinodal de la Iglesia: caminar juntas, poner los talentos al servicio del bien común y la evangelización. Este proyecto no solo está dejando una huella artística, sino también una huella humana y espiritual muy profunda” reflexiona Monseñor.
“Siento que esta obra es una verdadera joya para la Diócesis Santa María de los Ángeles. Es un regalo para la ciudad, para la Iglesia y para todos quienes se acerquen a la Catedral y se dejen tocar por la belleza que conduce a Dios”, finalizó Monseñor Castro.
En su estado actual, el mosaico que rodea la Catedral de Los Ángeles ya se posiciona como una intervención artística de alto valor simbólico y cultural, donde la fe dialoga con la creación y el territorio. La obra, desarrollada con manos locales y un marcado sentido comunitario, continuará durante el año 2026, cuando se concretará otra etapa correspondiente a los sectores de mayor altura del templo, con el objetivo de completar una iniciativa que quedará como legado artístico, humano y espiritual para la Diócesis Santa María de los Ángeles y para toda la ciudad.
Fuente: Departamento de Comunicaciones Diócesis Santa María de los Ángeles
Los Ángeles, 22-12-2025