Columna de Mons. Jorge Vega Velasco publicada este domingo 19 de octubre en El Mercurio de Valparaíso.
Este 15 de octubre, el Salón de Honor del Congreso Nacional volvió a ser testigo de la historia viva de nuestra Iglesia. Nos reunimos para conmemorar, junto al Poder Legislativo, los cien años de la Diócesis de Valparaíso, una de las siete creadas en 1925 por el Papa Pío XI, que desde entonces ha acompañado la vida espiritual, cultural y social del país.
Ayer, cientos de fieles nos reunimos en la Iglesia Catedral para celebrar una Solemne Eucaristía donde dimos gracias a Dios por estos cien años de vida pastoral y eclesial, recordando con gratitud a quienes, desde sus diversos servicios, han contribuido a la construcción de nuestra Iglesia diocesana.
A lo largo de este siglo, la Diócesis ha sido testigo y protagonista de innumerables gestos de servicio. Obras como la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, el Refugio de Cristo y la red de colegios de la Fundación ODEC, entre otras, son expresiones concretas del compromiso eclesial con la educación, la formación de valores y la atención a quienes más lo necesitan. Estas instituciones han sido verdaderos semilleros de ciudadanía y responsabilidad social, aportando al desarrollo humano de toda la Región.
En estos cien años de historia, la colaboración entre la Iglesia y las instituciones públicas sido un sello de respeto y cooperación mutua. No es casual que el Congreso Nacional, símbolo de la democracia y de la soberanía popular, haya acogido nuestra conmemoración. Porque la fe también tiene algo que decir sobre la vida cívica: puede ofrecer una mirada ética, un llamado al diálogo y una invitación constante al servicio del bien común.
En un tiempo donde muchas certezas parecen desvanecerse, la voz de la Iglesia busca seguir siendo un espacio de encuentro, de escucha y de esperanza. Nuestra tarea no es imponer, sino proponer; no dividir, sino unir; no hablar por encima, sino acompañar desde abajo, como Jesús lo hizo con su pueblo.
El centenario de la Diócesis de Valparaíso no es solo una celebración del pasado, sino una oportunidad para proyectar el porvenir. Inspirados en las palabras de Gabriela Mistral —“No caigas en el error de creer que sólo se labra con el arado o con el martillo. También se labra con la alegría, con el entusiasmo y con la sonrisa, con el amor y con la ternura”—, queremos que los próximos cien años sean una nueva etapa de servicio alegre y comprometido. Que nuestras ciudades y valles sigan siendo tierra de fe, de cultura y de esperanza, donde el amor al prójimo se traduzca en obras que dignifiquen la vida.
Que Dios bendiga a nuestra región, a sus familias, a sus instituciones y a quienes, con esfuerzo silencioso, siguen construyendo día a día el alma de cada habitante de esta linda porción de Chile.
+ Jorge Vega Velasco
Obispo de Valparaíso
Fuente: Comunicaciones Valparaíso
Valparaíso, 21-10-2025