Cien años de la Diócesis de Valparaíso: agradecer el pasado, abrazar el presente y ofrecer el futuro

Cien años de la Diócesis de Valparaíso: agradecer el pasado, abrazar el presente y ofrecer el futuro

Cientos de feligreses de toda la Diócesis se congregaron para celebrar este hito. Se bendijo una placa conmemorativa del Centenario que permanecerá en la Catedral, a un costado del corazón de Diego Portales.

Martes 21 de Octubre de 2025
Con gratitud, alegría y esperanza, este sábado 18 de octubre, la Diócesis de Valparaíso celebró su Centenario con una Misa Solemne en la Catedral de la ciudad puerto. La Eucaristía estuvo encabezada por Mons. Jorge Vega Velasco svd y concelebraron Mons. Mario Salas, obispo Auxiliar, sacerdotes y diáconos.

Participaron cientos de feligreses de las distintas comunidades parroquiales, movimientos, pastorales universitarias, monaguillos y seminaristas, quienes vivieron con profunda emoción este hito.

Durante la Eucaristía se bendijo una placa conmemorativa del Centenario, que quedará en la Catedral como testimonio de la fe, la entrega y el servicio del Pueblo de Dios que peregrina en Valparaíso. La misma se encuentra ubicada a un costado del corazón de Diego Portales.

En su homilía, Mons. Vega reflexionó a partir del Evangelio de Lucas 10, 1-9, acerca de que el envío de los 72 discípulos, de 2 en 2, a los pueblos para evangelizar, es el ADN de nuestra diócesis: “El Evangelio en este día, en la fiesta de San Lucas apóstol, nos sitúa en el corazón de nuestra misión: Jesús envía a setenta y dos discípulos, de dos en dos, a los pueblos donde Él mismo pensaba ir. Les pide viajar livianos, ofrecer la paz y proclamar: “El Reino de Dios está cerca de ustedes.”

Este envío expresa hoy la identidad más profunda de nuestra diócesis:
somos una Iglesia enviada, una comunidad misionera, llamada a ser presencia del Reino en cada realidad humana.


Y así ha sido durante estos cien años, miles de hombres y mujeres han sido esos enviados del Señor: jóvenes generosos, madres de familia, trabajadores, profesores, catequistas, misioneros rurales, sacerdotes y religiosas.

Todos ellos —muchas veces en el silencio y sin reconocimiento— han anunciado con su vida que el Reino de Dios está cerca”.


Asimismo, hizo memoria de los inicios de esta Iglesia particular, que surgió en un momento de la historia marcado por cambios sociales profundos y desafíos que prevalecen en la actualidad, aunque con otras formas. Y la respuesta sigue siendo la misma: anunciar el Reino de Dios. “En 1925, cuando nuestra diócesis nacía, el mundo y Chile vivían profundos cambios. Se promulgaba la Constitución de 1925, que separó la Iglesia del Estado, invitando a renovar la libertad y la responsabilidad de la fe.

La Iglesia comenzó un proceso de autonomía y renovación pastoral fortaleciendo su presencia en distintas diócesis, entre ellas nuestra diócesis de Valparaíso.


El país enfrentaba desigualdad, pobreza y tensiones sociales, pero también un deseo sincero de progreso, educación y dignidad.

Cien años después, muchos de esos desafíos permanecen bajo nuevas formas. Hoy enfrentamos el secularismo, la soledad digital, las brechas económicas, el individualismo, la crisis ecológica y el desconcierto de los jóvenes que buscan sentido.


Los rostros han cambiado, pero la pregunta sigue siendo la misma:
¿cómo hacer presente a Cristo y su Evangelio en medio del mundo actual?

La respuesta sigue viniendo del mismo Señor: “Vayan, anuncien la paz y digan: el Reino de Dios está cerca.”

Este sigue siendo el desafío en los próximos 100 años: ser testigos del amor de Cristo anunciando su Reino en todas las realidades —en la familia, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en la política, en la cultura y en los medios digitales”.


También, el pastor diocesano reconoció que, a lo largo de los 100 años, la Iglesia porteña ha dado muchos frutos que han marcado la vida eclesial local: vocaciones sacerdotales, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, monasterios de vida contemplativa, fundaciones, colegios, obras sociales. “Hoy, al mirar el camino recorrido, reconocemos con gratitud que nuestra iglesia diocesana –que nació pequeña- se ha vuelto madura, robusta y generosa, capaz de acoger, de servir y de anunciar la Buena Noticia en todos los rincones de su territorio.

No ha perdido la sencillez de sus orígenes ni el ardor de su primera misión. Porque una Iglesia verdaderamente madura no se encierra en sí misma: se renueva, se abre, se entrega y sigue creciendo en el amor de Cristo.


Es así como hoy recuerdo con gratitud a mis antecesores pastores y obispos que han guiado nuestra Iglesia con entrega y fidelidad.

También agradezco algunos de los frutos que han marcado nuestra historia:
• El Refugio de Cristo, faro de caridad en medio de la pobreza.
• La Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, donde la fe y la cultura se encuentran para formar servidores del bien común.
• Las congregaciones religiosas que educaron generaciones, curaron enfermos y sostuvieron la oración constante.
• Los monasterios contemplativos, que han sido corazón orante de nuestra diócesis, manteniendo viva la llama del Espíritu.
• Nuestro querido Pontificio Seminario Mayor San Rafael,
que ha sido por décadas el corazón formador de los futuros pastores.
• Nuestros Santuarios donde se vive día a día la fe de los sencillos a través de la piedad popular.
• Las parroquias nacidas entre cerros y quebradas, valles y ciudades testigos del amor perseverante de Dios”.


Pero también, Mons. Vega reconoció con profundo dolor los errores cometidos a lo largo de la historia, pidió perdón por ello y reafirmó su compromiso para que la Iglesia sea un espacio seguro, transparente y fraterno. “Pero también reconocemos, con humildad, nuestras sombras y errores: los momentos de infidelidad al Evangelio, las heridas dejadas por los abusos, la falta de escucha o de comunión. Hoy pedimos perdón y reafirmamos nuestro compromiso por una Iglesia segura, transparente y fraterna”.

Finalmente, el obispo llamó a la comunidad a mirar el futuro con esperanza y trabajar de manera sinodal para ser una Iglesia en salida, que responda a los desafíos que el Siglo XXI nos presenta. “Queridos hermanos, el centenario no marca un final, sino un nuevo comienzo. El Espíritu nos impulsa a mirar hacia adelante con creatividad y fe.
Nuestro querido Papa Francisco nos llamó insistentemente a ser Iglesia en salida, y nosotros queremos responder a ese llamado:

• Saliendo al encuentro de los jóvenes, que a veces sienten que la Iglesia no tiene un lugar para ellos. Debemos escucharlos, comprender sus lenguajes, acompañarlos con paciencia, ofrecerles una fe viva y alegre.
No basta esperarlos; debemos ir hacia ellos con gestos nuevos, con esperanza renovada.
• Reavivar la fe en las familias, primera escuela del amor y del perdón.
• Promover una pastoral integral, donde la liturgia, la caridad y la misión caminen juntas.
• Cuidar la creación, que en nuestro territorio se manifiesta en el mar, los cerros y los valles que nos han sido confiados.
• Caminar juntos en sinodalidad, discerniendo como Pueblo de Dios los pasos que el Espíritu nos pide dar”.

“(…) que esta Eucaristía jubilar nos renueve en la fe y nos impulse, como los setenta y dos del Evangelio, a salir con la paz de Cristo en los labios y la esperanza en el corazón.

¡Feliz Centenario, querida Diócesis de Valparaíso! Sigamos caminando juntos, con gratitud y alegría, porque el mismo Señor que nos envió hace cien años,
sigue enviándonos hoy a anunciar su Reino en medio de nuestros hermanos”.


Fuente: Comunicaciones Valparaíso
Valparaíso, 21-10-2025
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