Emotiva visita de Obispos a la Hacienda de la Esperanza

Emotiva visita de Obispos a la Hacienda de la Esperanza

Un encuentro inolvidable con jóvenes recuperados de la droga sostuvo este sábado en Guaratinguetá, Brasil, un grupo de participantes en la V Conferencia, entre ellos dos obispos chilenos.

Sábado 19 de Mayo de 2007
Un día, en la esquina donde se reunía para tomar droga, un joven llamado Antonio se encontró con Nelson Giovanelli dos Santos, y le dijo que necesitaba salir de ese pozo que le conducía a la muerte, y cambiar de vida. En esa esquina de Guaratinguetá, a 15 kilómetros de Aparecida, surgió la iniciativa de misioneros franciscanos conocida como la "Hacienda de la Esperanza", una granja que desde hace 25 años hace posible que, de la mano de Jesucristo, los jóvenes abandonen la droga y vuelvan a insertarse en su familia y en la sociedad.

El sábado 12 de mayo, el Papa Benedicto XVI visitó este lugar. Allí, los jóvenes alegraron al Pontífice con cantos, bailes y numerosas muestras de afecto que rompieron todo protocolo. Algunos de los muchachos narraron testimonios duros de vidas rescatadas de las cadenas de la drogadicción. Una semana después, este sábado 19, una treintena de obispos participantes en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe vivió la misma experiencia, junto a sacerdotes y laicos también participantes en la reunión continental.

Entre la delegación bendecida con esta experiencia se contaban dos obispos delegados de la Conferencia Episcopal de Chile - Mons. Horacio Valenzuela, Obispo de Talca, y Mons. Cristián Caro, Arzobispo de Puerto Montt -, y la Srta. Loreto Fernández, laica de Valparaíso, además de Iglesia.cl.

Tras una cariñosa recepción de los muchachos, los obispos conocieron en boca de los propios recuperados, la maravilla de la conversión y del proceso de sanación que los libera del flagelo de la droga, que les devuelve su dignidad y que los encuentra con Cristo, con la Iglesia, con su familia y la sociedad. Entre los testimonios se contó el de una joven madre, acompañada de sus dos pequeños hijos, a quienes recuperó tras el tratamiento en la Fazenda.

Se presentaron, además, varios espectáculos artísticos de diversos países, y una colorida alegoría inspirada en la defensa de la Amazonía. La ceremonia concluyó con saludos y palabras de ánimo por parte de algunos de los participantes en la V Conferencia, y una bendición impartida por los pastores.

Posteriormente, los visitantes recorrieron algunas dependencias de la Hacienda, y conocieron la nueva capilla que el Santo Padre bendijo la semana pasada, elaborada con tela a modo una tienda de campaña, con capacidad para 300 personas, y construida en honor a Fray Galvao, el primer santo nacido en tierras brasileñas, Frei Galvao, canonizado el viernes 11.

Tras este recorrido, los visitantes fueron agasajados con un churrasco (asado) y posteriormente fueron despedidos, con el mismo cariño y entusiasmo de los jóvenes.


La Hacienda de la Esperanza


Adictos a la pasta base, cocaína, heroína y otras drogas, procedentes de todo Brasil, de varios países latinoamericanos y también de otras latitudes, como Filipinas, Alemania y Rusia, viven una profunda experiencia de encuentro con el Señor durante un año en el centro de recuperación para abandonar la droga.

Un 95 por ciento de los pacientes logra alejarse de la droga tras dejar el centro y el éxito en los tratamientos ha permitido a los religiosos que crearon la granja abrir centros en 33 localidades de Brasil y una decena en el exterior: Rusia, México, Guatemala, Argentina, Paraguay, Alemania, Filipinas y Mozambique.

El tratamiento, que es gratuito, consiste en caminatas matutinas, reflexiones a partir de la Sagrada Escritura, una jornada de ocho diarias de trabajo, buenas y sanas comidas, y tiempo libre para orar y agradecer al final del día.

Fray Hans Stapel, un sacerdote franciscano alemán de 61 años que dirige el proyecto, afirma que después de la visita del Papa Benedicto XVI a este lugar la semana pasada, más de 130 jóvenes han llegado para solicitar su ingreso a la Hacienda. "Y se suman a las listas de espera. Pero ellos vienen como el hijo pródigo. ¿Qué podemos decirle a este hijo pródigo que vuelve a casa? ¿Que no tenemos lugar para él?", se preguntaba Fray Hans, mientras les hablaba a los Obispos.

Según la sede del centro, urbano o rural, los jóvenes trabajan en cocinas, fábricas de muebles de oficina hechos con material reciclado, o en granjas atendiendo desde frutales a caballos. El dinero recaudado con las ventas o los productos de ese trabajo mantienen funcionando los centros de tratamiento. "Se ganan su pan con su propio sudor", explica Fray Hans.

Para abrir nuevos centros, los frailes dependen de donantes de tierras y edificios, una red de voluntarios y la ayuda de la Iglesia diocesana del lugar.

No basta que unos padres de familia vayan a solicitar el ingreso de un joven adicto a las drogas para que él sea acogido en la Hacienda. El paso indispensable es que sea él mismo quien lo pida, con la intención de curarse.

Más información sobre la Hacienda de la Esperanza

Fuente: Iglesia.cl en Aparecida
Aparecida, 19-05-2007