Emotiva visita de Obispos a la Hacienda de la Esperanza
Un encuentro inolvidable con jóvenes recuperados de la droga sostuvo este sábado en Guaratinguetá, Brasil, un grupo de participantes en la V Conferencia, entre ellos dos obispos chilenos.
Un día, en la esquina donde se reunía para tomar droga, un joven llamado Antonio se encontró con Nelson Giovanelli dos Santos, y le dijo que necesitaba salir de ese pozo que le conducía a la muerte, y cambiar de vida. En esa esquina de Guaratinguetá, a 15 kilómetros de Aparecida, surgió la iniciativa de misioneros franciscanos conocida como la "Hacienda de la Esperanza", una granja que desde hace 25 años hace posible que, de la mano de Jesucristo, los jóvenes abandonen la droga y vuelvan a insertarse en su familia y en la sociedad.
Entre la delegación bendecida con esta experiencia se contaban dos obispos delegados de la Conferencia Episcopal de Chile - Mons. Horacio Valenzuela, Obispo de Talca, y Mons. Cristián Caro, Arzobispo de Puerto Montt -, y la Srta. Loreto Fernández, laica de Valparaíso, además de Iglesia.cl.
Posteriormente, los visitantes recorrieron algunas dependencias de la Hacienda, y conocieron la nueva capilla que el Santo Padre bendijo la semana pasada, elaborada con tela a modo una tienda de campaña, con capacidad para 300 personas, y construida en honor a Fray Galvao, el primer santo nacido en tierras brasileñas, Frei Galvao, canonizado el viernes 11.
Adictos a la pasta base, cocaína, heroína y otras drogas, procedentes de todo Brasil, de varios países latinoamericanos y también de otras latitudes, como Filipinas, Alemania y Rusia, viven una profunda experiencia de encuentro con el Señor durante un año en el centro de recuperación para abandonar la droga.
El tratamiento, que es gratuito, consiste en caminatas matutinas, reflexiones a partir de la Sagrada Escritura, una jornada de ocho diarias de trabajo, buenas y sanas comidas, y tiempo libre para orar y agradecer al final del día.
Según la sede del centro, urbano o rural, los jóvenes trabajan en cocinas, fábricas de muebles de oficina hechos con material reciclado, o en granjas atendiendo desde frutales a caballos. El dinero recaudado con las ventas o los productos de ese trabajo mantienen funcionando los centros de tratamiento. "Se ganan su pan con su propio sudor", explica Fray Hans.Diócesis de Villarrica rinde Cuenta Pública 2025: Un caminar de fe, transparencia y esperanza
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