Como han dicho los Obispos, la sociedad chilena tiene “la justa y sincera aspiración a una educación de calidad para todos los chilenos y chilenas”. En este contexto, la educación católica dice “presente”.

La palabra educar proviene del latin “educare”, donde “e” significa hacia fuera y ”duka”, llevar o conducir. Educar quiere decir criar, encaminar, llevar hacia fuera. Es un proceso delicado y profundo que involucra a todos los actores de la sociedad y que hoy concita un debate público de fondo.
¿Cómo avanzar hacia una educación con una mejor calidad de los aprendizajes que se distribuya equitativamente en todos los sectores de la sociedad? ¿Cómo superar las brechas que impiden la igualdad de oportunidades de los estudiantes chilenos?
En medio de estas interrogantes que desafían al sistema educativo, ¿cuál es el aporte de la educación católica?, ¿qué porcentaje representa?, ¿cuáles son los mitos que pesan sobre ella, cuáles son sus fortalezas?
Presencia de la educación católica
En Chile existen 818 colegios católicos en los que estudian más de 533 mil alumnos y alumnas, lo que representa el 15% de la población escolar total del país. La distribución en las regiones es desigual, mientras en la Región de Aysén se atiende al 24% de la matrícula total, en la Región de Tarapacá se llega solamente al 4%. En la Región Metropolitana se atiende a 243.902 alumnos, lo que representa el 23% del total.
Si bien ante la opinión pública pareciera que mayoritariamente los colegios católicos son particulares pagados, los datos de distribución de matrícula indican lo contrario: existen 681 colegios subvencionados gratuitos o con financiamiento compartido, lo que representa el 83%, mientras que los establecimientos pagados son 137 y constituyen el 17%.
El 80% de los escolares que estudian en colegios católicos lo hace en establecimientos subvencionados o gratuitos. Sólo uno de cada cinco va a una escuela o colegio particular pagado.
Algunos resultados
Al analizar los resultados de las pruebas SIMCE de 2003 a 2005, se aprecia que los colegios católicos obtienen puntajes significativos en casi todos los grupos socioeconómicos (Bajo, Medio Bajo, Medio, Medio Alto y Alto).
Así por ejemplo, en el SIMCE 2003 que se aplicó a los segundos años medios, los establecimientos católicos superan en todos los grupos socioeconómicos, excepto donde están los colegios pagados (Alto). En el 2004, que se aplicó a los octavos años básicos, los establecimientos católicos superan en todos los grupos, excepto en dos: Alto y Bajo. En el SIMCE 2005, que se aplicó a los cuartos años básicos, los colegios católicos superan en todos los grupos, excepto en el Bajo.
La percepción de los padres
De acuerdo a la Encuesta Nacional Adimark. “Percepciones sobre la Educación Católica.”, realizada en septiembre 2006, la educación católica goza de la confianza y de un mejor prestigio en relación a la formación valórica, el compromiso social de los alumnos y porque logra una mejor disciplina y relaciones personales entre estudiantes y profesores.
No obstante los padres aprecian que puede mejorar en la calidad de los profesores y entrega de herramientas para la vida laboral.
Calidad para todos: es posible
La experiencia de la familia Cifuentes-Muñoz con el colegio Arzobispo Crescente Errázuriz, en la comuna de Puente Alto, demuestra que es posible entregar una educación de excelencia en los sectores sociales más pobres.
El establecimiento subvencionado nació en 2003 y es uno de los siete que pertenecen a la Fundación Belén Educa, dependiente del Arzobispado de Santiago.
Freddy Cifuentes y Miriam Muñoz viven en la Villa Los Aromos de Puente Alto y tienen dos hijos: Ariel, que egresó el año pasado y Helenitza, que cursa 1º medio.
“El colegio tiene una buena formación humana y valórica, señala Ariel. En lo académico, la educación técnico-profesional que yo tuve en tercero y cuarto medio también me ha dado buenos resultados”. El joven obtuvo la Beca Santander –merced a un convenio entre Belén Educa y el Banco Santander- que le cubrirá el costo total de la carrera de ingeniería en telecomunicaciones.
Miriam, su madre, destaca que “lo principal es la calidez que tienen los profesores, la buena calidad de la enseñanza y el apoyo que continúa después de haber terminado su etapa escolar”.
Helenitza a sus 13 años opina que “el colegio está bien en la parte académica. Se cumple con todo el programa que tenemos que pasar al año, a veces un poco atrasado, pero eso ocurre porque la idea es que todos entiendan. Esa es la finalidad en este colegio, que todos entiendan y progresen”.
Freddy, el padre, es nochero en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y gana 250 mil pesos, único ingreso estable de la familia. Con horas extras logra percibir un poco más de dinero, lo cual le ha permitido pagar la mensualidad del colegio, alrededor de 21 mil pesos por cada uno. Freddy está plenamente satisfecho y orgulloso: “integrarnos a este colegio fue una gran elección. Fue realmente una bendición, no lo puedo decir de otro modo”.
Aporte a la calidad y la equidad
Más allá del contexto social y económico donde los establecimientos de educación católica se ubiquen, existen aspectos comunes que los unen. Uno de ellos es la búsqueda del mejoramiento de la calidad y la equidad de la educación a través de iniciativas concretas que se desarrollan de acuerdo a la realidad de cada cual.
En el Colegio Sagrados Corazones de Manquehue, en la comuna de Vtacura, se realizan acciones que promueven un sistema de mejoramiento continuo. Su rector Carlos Celedón señala que, concretamente, se aplican pruebas que evalúan la calidad de los aprendizajes, en distintos niveles. De cara a esas mediciones, se toman acciones remediales. “También evaluamos el desempeño docente, agrega el rector. Hemos ido instalando sistemas de asignaciones e incentivos por desempeño para los profesores. Además estamos acogiendo la mirada de los alumnos a quienes pedimos una evaluación que aporta a los programas de mejora”.
En medio de una realidad distinta, con alumnos provenientes de familias con menores recursos, el Colegio Victoria Prieto, ubicado en Santiago Centro, también lleva adelante acciones de mejoramiento de la calidad. Clara Pérez, directora del establecimiento, cuenta que existe una “preocupación especial por los profesores y el personal no docente, en su formación humana (liderazgo, habilidades sociales) y capacitación técnica, actualización de metodologías y contenidos. Buscamos generar un ambiente de formación donde todo importa, empezando por el desempeño del auxiliar que abre la puerta a los niños cada mañana.
En términos de equidad, el Colegio Victoria Prieto lleva adelante otros esfuerzos. “Tratamos que nuestros niños tengan experiencias a las que muchas veces no tienen acceso, señala su directora. Recurrimos a las redes de apoyo, particularmente del Mineduc y la Junaeb. Así, realizamos salidas pedagógicas para presenciar espectáculos artístico culturales. Buscamos abrir el mundo a los niños para que puedan soñar con cosas nuevas. Tenemos un lugar importante con los más pobres, lo que nos desafía a dar una respuesta de calidad y excelencia”.
Derribando mitos
Uno de los mitos que pesa sobre la educación católica es que se concentra en los sectores socioeconómicos altos donde se forman las elites del país.
Sergio Torres, rector de la Universidad Católica Silva Henríquez y miembro del Consejo Asesor Presidencial para la Calidad de la Educación, opina que efectivamente lo anterior es un mito. Las estadísticas indican que la educación católica está presente en todos los sectores. No obstante, agrega, las cifras también señalan que los colegios no católicos son la mayoría en el sistema.
Respecto de otro de los mitos que es la discriminación al momento de seleccionar a los alumnos, Torres tiene la impresión que “esa situación se está superando. Los criterios de selección deben ser informados y deben establecerse de cara al proyecto educativo. Quienes postulen a un colegio deben conocer y respetar ese proyecto. Otra cosa son los casos de discriminación pública, por ejemplo debido a embarazo o maternidad. Eso no se puede permitir de ninguna manera”.
El experto en educación señala que la educación católica debe sumarse al esfuerzo conjunto del sistema educacional para velar por la calidad. Debe ser un aporte más. “La tradición de la educación cristiana, agrega, puede enriquecer este proceso aportando toda su experiencia orientada no sólo a la educación sino también a la formación centrada en las personas”.
A su juicio, el debate que se ha abierto con la presentación al Congreso del proyecto de ley que modifica la Ley General de Educación es una gran oportunidad para discutir con altura de miras. Añade que, “si bien es cierto que el lucro u otros temas ameritan discusión, el debate no puede quedarse en aquello. Debe ser profundo para avanzar en una educación que responda a los requerimientos de la sociedad actual”
Fuente: Periódico Encuentro www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 03-05-2007