“Es indispensable que nos miremos las caras, que nos digamos lo que pensamos”

José Antonio Viera Gallo:

“Es indispensable que nos miremos las caras, que nos digamos lo que pensamos”

"Encuentro" le preguntó al Ministro Secretario General de la Presidencia cómo ve la sociedad chilena. En esta entrevista habla del diálogo y la importancia para la unidad de los chilenos.

Jueves 03 de Mayo de 2007
Por Haydée Rojas

Si hay algo que todos reconocen es la capacidad del ministro José Antonio Viera Gallo de lograr consensos, una característica que él se ha preocupado de cultivar a la luz de su fe. Encuentro lo entrevistó en su despacho de La Moneda y estas fueron sus reflexiones.

¿Hay en Chile diálogo social?, ¿cuál es su diagnóstico del país?
Creo que sí, que existen en Chile múltiples instancias de comunicación y de encuentro. No hablaría de que el país o la sociedad chilena esté bloqueada o profundamente fracturada. Sin embargo, hay muchos síntomas que nos deben llamar a meditar. Existe la violencia juvenil y la delincuencia, que son formas de expresar una necesidad de diálogo interrumpida. Creo que el diálogo es una virtud y una pedagogía, que está muy bien expresado en la Encíclica Ecclesiam Suam con la que Pablo VI empezó su pontificado, en que habla del diálogo de la Iglesia con el mundo, y de las exigencias del diálogo.

¿Cuáles son esas exigencias?
Desde luego la humildad, porque no hay que pensar que uno tiene todas las soluciones ni toda la verdad sobre cada problema; en segundo lugar la capacidad de escuchar; después está la necesidad de razonar y de argumentar, y, al mismo tiempo, la posibilidad o la disposición a dejarse convencer. El diálogo tiene que ser veraz, sincero, abierto, y debe consistir, básicamente, en una búsqueda común de algo, que no es simplemente una transacción como se suele decir, sino que es el camino para ir acercándose a la verdad de cada cosa, en cada momento.

¿Qué nota le pone a la sociedad chilena en materia de respeto a la opinión del otro y capacidad de escucha?
Es difícil decirlo, no me atrevo, pero seguramente debemos estar ... entre un cuatro y un cinco. Pero, es muy heterogéneo, porque en algunos aspectos la sociedad es dialogante y en otros es bastante intolerante y hasta discriminadora. Por ejemplo, en el diálogo con los pueblos indígenas, diría que la sociedad chilena tiene una nota muy baja.

¿Por qué cree que está costando tanto llegar a consensos entre quienes componen nuestra sociedad?
Hemos perdido la noción de emergencia que había después del término de la dictadura, en sentido de que todos nos sentíamos responsables de no dar un traspié grave que pudiera producir una involución de la sociedad chilena. Adquirida ya la normalidad, quizás se ha ido desperfilando un proyecto de nación, por eso es muy importante recuperarlo.

¿Están contribuyendo los líderes políticos, religiosos y civiles al acercamiento de la gente?
Diría que la inmensa mayoría sí, que cumplen una función muy positiva. Hay en cambio algunos que polarizan, que descalifican, que cierran puertas en vez de abrir ventanas. Hay otros que farandulizan los problemas, y eso no es positivo.

Su llegada al Gabinete ha estado marcada por señales de acercamiento con distintos sectores.
¿Siente que habíamos perdido capacidad de diálogo entre los distintos actores sociales?

Creo que tal vez faltaba reponer, al Gobierno como el interlocutor principal de la vida pública nacional, que está echa de un amplio campo de instituciones que tienen un rol relevante en la sociedad, pero donde el interlocutor central debiera ser el gobierno. Es indispensable que nos miremos las caras, que nos digamos lo que pensamos... Finalmente, uno se da cuenta de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

¿Qué rol cumple la Iglesia Católica en este clima de diálogo y entendimiento ciudadano?
La Iglesia es como decía el cardenal Raúl Silva Enríquez, parte sustancial del alma de Chile. Tiene un rol muy preponderante en la formación de los valores y, en ese sentido, si se vuelve dialogante, si acoge a todos, incluso, a los no creyentes, contribuye a lo que es su función: ser signo de unidad. Porque en la Constitución Dogmática Lumen Gentium se dice que la Iglesia es, básicamente, eso.

Los políticos tienen la tarea de representar a la sociedad, pero aparecen reiteradamente mal evaluados en las encuestas. Desde su perspectiva de hombre público, ¿cómo superar este distanciamiento y recuperar la confianza?
Chile es un país que tiene altos niveles de desconfianza entre las personas y con las instituciones. No estoy en condiciones de saber cuáles son las causas más profundas de eso, pero es bien impresionante. Creo que las instituciones tienen que hacer un esfuerzo especial, para ir al encuentro de esas inquietudes ciudadanas y ver si se puede revertir esta situación.

Usted pertenece a una familia en la que conviven posiciones políticas bien distintas, ¿cómo opera el diálogo entre ustedes?
En general muy bien, porque sabemos las diferencias que tenemos, pero existe mucho afecto. En una familia lo básico no es la posición política de cada uno, sino la amistad.

En su manera de hacer política, ¿cómo dialoga su ser socialista y su ser católico?
Hasta ahora bastante bien, porque no son universos cerrados. Entiendo que son formas de mirar el mundo y hay un amplio campo de convergencias entre querer una sociedad más solidaria, más justa, más libertaria, y, al mismo tiempo, hacer una opción preferencial por los más necesitados.

Con días tan intensos, lleno de actividades y trabajo, ¿le queda tiempo para vivir su fe?
Si uno vive su cotidianidad, aunque sea muy intensa, con un mínimo de reflexión y de profundidad, está de alguna manera alimentado o alimentándose de su fe religiosa.

Fuente: Periódico "Encuentro" www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 03-05-2007