Vigilia pascual en Concepción duró hasta la madrugada

Vigilia pascual en Concepción duró hasta la madrugada

Domingo 08 de Abril de 2007
En la catedral de Concepción, la Vigilia Pascual comenzó con la bendición del fuego, en el atrio del templo. Una fogata iluminó el lugar donde Mons. Ricardo Ezzati luego de la bendición encendió el cirio pascual y en procesión ingresó por la nave central mientras los fieles, en los costados, fueron recibiendo la luz. Un sacerdote concelebrante entonó con fuerza: “¡Esta es la luz de Cristo… yo la haré brillar”. La misma escena se había repetido en todas las parroquias, capillas y colegios horas antes.

Eran pasadas las 22 horas del Sábado Santo y la catedral estaba iluminada sólo por las tenues llamas de las velitas que cada persona sostenía en sus manos. La potente y melodiosa voz de un seminarista mayor irrumpió luego con el Pregón Pascual. Concluido, se encendieron las luces y se desarrolló la liturgia de la Palabra. El coro del Seminario Metropolitano entonó con fuerza el “Gloria” acompañado del tintinear de campanillas.

Mons. Ezzati señaló, en su homilía, que “desde la Resurrección de Jesús, también cada uno de nosotros vive y está llamado a vivir la vida nueva de los hijos de Dios”. Agregó que con la Resurrección tiene que comenzar el germen de nuestra propia resurrección. “Dejemos las cosas del pasado; dejemos la vida sometida al pecado y vivamos la vida nueva de los siervos de Dios, esa vida que Jesús, esta noche, nos quiere volver a regalar para que el horizonte de nuestra vida se llene de esperanza y de gozo”.

Tras desear a todos “felices pascuas”, pidió a cada uno dejar espacio a Jesús, para que resucite en su propia vida, dejando atrás “la oscuridad de la muerte y del pecado”. Enfatizó que en la vida de cada cual hay que abrirle espacio al Señor, para ir creciendo y transformando la manera de ser y actuar, semejante a la de Jesús. Dijo que el mundo tiene necesidad de esta Pascua, porque muchos son esclavos del pecado. “Necesitamos que la vida divina crezca en nosotros; necesitamos que Cristo resucitado supere al pecado y a la muerte, que sigue atentando contra la vida divina que Dios nos ha regalado”, subrayó, invitando a introducirse en la Palabra de Dios, porque es el alimento cotidiano para seguir en la fe y en el amor del Señor.

Durante la celebración, Mons. bendijo el agua sobre una pila de granito que fue instalada especialmente en el altar. Allí bautizó a tres jóvenes catecúmenas, quienes fueron preparadas, durante un año, para los sacramentos de iniciación, en la propia catedral. Impartió, además, el sacramento de la confirmación a cinco jóvenes, quienes también recibieron el sacramento de la Eucaristía.

El arzobispo presidió también el Domingo de Gloria con una misa pontifical, seguida de la bendición papal para todos los fieles que participan y la posibilidad de ganar indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales.

Fuente: Comunicaciones Concepción
Concepción, 08-04-2007