Falleció Mons. Guido Rodríguez en Temuco
A los 89 años de edad y 65 de servicio pastoral dejó de existir en esta ciudad el apreciado sacerdote diocesano, Monseñor Guido Rodríguez Letelier. Su deceso se produjo cerca de las 10:30 horas en el Hogar de Ancianos "Nuestra Señora del Carmen”, del miércoles 4 de abril de 2007.

En el umbral de sus 90 años, se durmió con la misma paz que transmitió durante su dilatada existencia marcada por su inalterable servicio a los habitantes de la Región de La Araucanía a la que llegó junto a sus padres, D. Abel Rodríguez, funcionario de ferrocarriles y, doña Emilia Letetier, funcionaria del servicio de Correos y Telégrafos desde su ciudad natal, Los Lagos, siendo aún estudiante de educación primaria.
Confirmando su "amor a la Iglesia y fidelidad a su Diócesis", el "padre Guido", como era llamado cariñosamente, se habrá encontrado con Aquél que le llamó a la edad de 12 años para formarse en el Seminario Conciliar de Concepción y con quien se comprometió como presbítero -a los 24 años- el 8 de diciembre de 1941. En el encuentro habrá mirado a su Señor con el mismo "asombro y gratitud" que confesaba en entrevista al Diario Austral del 12 de diciembre de 1991, al cumplir sus 50 años de vida sacerdotal.

"Asombro -decía- porque habiendo tantos hombres mejor que uno, el Señor me eligió para ser sacerdote"; "gratitud porque, de los 20 sacerdotes que nos ordenamos en esa fecha sólo quedamos seis vivos, lo que significa que todavía algo tenemos que hacer en esta tierra".
Consultado si la muerte le sobrevendría cuando estuviera terminada su tarea, respondió:"Creo que sí. Además pienso que el Señor se lleva a los que están preparados para el cielo y yo debo estar verde todavía".
Fecunda tarea
Mucha y fecunda fue la tarea de este "cura" muy cercano a los comunicadores sociales, que confesaba permanentemente sentirse "inmensamente feliz". Su ministerio lo sirvió en plenitud en el territorio de la diócesis de San José de Temuco, primero como Vicario Cooperador de la Parroquia de La Inmaculada Concepción de Angol, iniciando en 1942 su servicio pastoral y, luego como Vicario Ecónomo de la Parroquia de Renaico; Secretario General de la Acción Católica Diocesana; Asesor Diocesano de la Juventud Católica Femenina; Vicario Ecónomo de la Parroquia de Nueva Imperial; Secretario Canciller del Obispado y Vicario General de la Diócesis de Temuco.
También volcó su preocupación como asesor fundador de AMICAT (Amigos Católicos); Asesor Nacional de AMICAT y del Movimiento de Cursillos de Cristiandad; Capellán fundador del Hogar de Cristo, filial Temuco; Capellán ad - honorem, durante 24 años, del Regimiento Tucapel y Director fundador de CARITAS diocesana.
Durante 40 años ejerció la docencia en la asignatura de Religión y Moral, en colegios y liceos de Angol, Temuco y Nueva Imperial. Hasta 1963 fue docente en materias de Cultura Religiosa, en la Universidad Católica, sede Temuco.
Apoyó con entusiasmo la restauración del diaconado permanente y acompañó con sabiduría y afecto a estos nuevos ministros y sus familias. Igual dedicación prestó a los matrimonios, a las religiosas, a la juventud, a los sacerdotes jóvenes y ancianos, a los pobres, a los enfermos, a los estudiantes, a los ministros laicos de las Comunidades Eclesiales de Base y a todos aquellos que se le acercaban, para los que siempre tuvo tiempo para escuchar, sanar y hacer camino con ellos.
Nunca fue Párroco y, cuando lo recordaba, decía con humor:"¡Claro que nunca fui párroco! pero atendí miles de cristianos de diversas parroquias y viví tapando hoyos porque donde se necesitaba un cura; ahí me mandaban a mi".
Más allá de los cargos
Al cumplir sus Bodas de Oro Sacerdotales, en 1991, el Municipio local lo distinguió con el título de Hijo Ilustre de Temuco, hecho que el Diario Austral celebraba en su Editorial señalando: `'La distinción no es un mero hecho protocolar sino la expresión de un sentimiento colectivo debidamente apreciado por las autoridades que, en nombre de la ciudad, distinguen a un sacerdote de dilatada trayectoria pastoral".
Y agregaba este diario: "Merece destacarse el estilo de trabajo del galardonado sacerdote, caracterizado por su sobriedad, bondad y sencillez. Por el silencio de todo su quehacer, probando de ese modo -una vez más- que el bien no hace ruido y sí produce abundantes frutas de gratitud expresados en esta celebración"!.
Fueron cientos las personas que adhirieron a los públicos homenajes que la comunidad ofreció a Monseñor Guido que siempre encontró en su cargada agenda algunos minutos para escuchar, para consolar, para visitar un enfermo, para vivir, como decía él:"más atento a la caridad que a la puntualidad"
Se sumaba a las apreciaciones periodísticas de la época -entre muchas otras personas-la destacada docente de la Universidad de La Frontera, de respetada memoria, Laura Willson, la que en una columna publicada en la página de redacción, (Austral, 13.12.91) hacía una ajustada semblanza sobre la personalidad y la obra de D. Guido, diciendo: "Monseñor Rodríguez ha sabido darse a sus semejantes, del modo como los hombres esperan ver reflejada la bondad divina en los miembros de su Iglesia, porque ha sembrado con la palabra clara y el corazón vertido hacia todos los hombres, sin distinción"
Más adelante, la profesora Willson aseveraba que D, Guido, "dotado de una clara inteligencia y poseedor de una vasta cultura, las encubre con sabia prudencia y humildad para compartir con sus semejantes las formas de vida simple. Cuando su palabra puede alcanzar la excelencia doctoral de la cátedra, su verbo se hace grácil para entregar la Verdad en voz primitiva, con estilo cotidiano, con sano humor, con limpia intención".
Al día siguiente, otro catedrático de la Universidad de La Frontera, Juan Manuel Fierro, hoy su Vicerrector Académico, escribía para este diario respecto a D. Guido:"Muchos de mi generación lo hemos visto desde siempre, pertenece a esa estructura humana que nada ni nadie puede desconocer en nuestra ciudad y región".
Lo observé durante mucho tiempo - aseguraba el profesor Fierro - desde la distancia, meditando su último sermón o escuchando testimonios de muchos que señalaban que en él era posible vivir la práctica de la prédica, como tocar un poco la verdad".
La despedida
Mientras la Iglesia Católica de Temuco y los más diversos sectores de la sociedad regional se aprontan a rendir sus últimos homenajes a este sacerdote ejemplar, revisamos parte del mensaje que el 8 de diciembre de 1992, cuando cumplía 53 años de vida sacerdotal, dirigía a los fieles congregados en la gruta del Cerro Ñielol con ocasión de la clausura del Mes de María, recordándoles que, por primera vez en muchos años y debido a su enfermedad no podía estar allí.
"Mi corazón rebosa de gratitud -decía- por estos años de sacerdocio, por el mucho cariño que ustedes me han manifestado siempre y, especialmente en este último tiempo, con ocasión de mi enfermedad. Créanme que casi físicamente yo sentía el poder de la oración que ustedes hacían por mi. Es impagable este sentirse depositario de un tan bello tesoro de oración y de amistad".
Este cristiano ejemplar que gastó sus dedos repasando hasta sus últimos momentos las cuentas del Rosario, finalizaba su saludo, que nos llega hoy como bendición final desde su morada definitiva:''Gracias, mil gracias; que el Señor los bendiga y siempre les acompañe la sonrisa maternal de la Virgen Santísima".
Monseñor Rodríguez maduro ya para "dar el paso hacia el Amor definitivo" -como él calificaba a la muerte y al encuentro con. Dios- ha partido sin estridencia, como fue su vida de casi 90 años.
Sus restos están siendo velados en la capilla del Hogar de Ancianos "Nuestra Señora del Carmen”, Holandesa 0952, Temuco.
Las solemnes exequias de gratitud por el bien que Dios hizo a su Iglesia en la persona de Don Guido y la emocionada plegaria por su descanso eterno, se celebrarán el Jueves 5 de abril, a las 12:00 horas en la Iglesia Catedral, presidida por el Obispo diocesano, Monseñor Manuel Camilo Vial, acompañado por el Clero diocesano.
Fuente: Comunicaciones Temuco
Temuco, 04-04-2007