Las agencias Aci-prensa y Zenit han dado a conocer en estos días la carta que Monseñor Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago, enviara al director de Las Últimas Noticias, en la cual protesta por el reportaje que este diario publicara sobre el sacramento de la confesión.
A continación reproducimos la nota periodística de Aci-prensa:
SANTIAGO, 20 Feb. 07 ( ACI).-El Obispo Auxiliar de Santiago, Mons. Cristián Contreras Villarroel, emitió un enérgico comunicado en el que denunció que las falsas confesiones de un reportero del diario Las Últimas Noticias son una profanación del sacramento de la Reconciliación y un ultraje al sentimiento religioso.
De manera similar a lo hecho por el diario italiano L'Espresso, con el fin de "revelar" lo que los sacerdotes católicos chilenos enseñan en los confesionarios sobre temas como la eutanasia, el aborto, convivencia y reproducción asistida, un reportero de Las Últimas Noticias se hizo pasar por penitente y se "confesó" con varios sacerdotes, un acto sacrílego dada la naturaleza sagrada de la Confesión.
Mons. Contreras explicó que en un reportaje titulado "Los increíbles consejos de curas en el confesionario", Las Últimas Noticias pretendió mostrar que "la actitud clerical puede ser muy distinta a la 'pétrea' postura oficial del Magisterio de la Iglesia. Para ello se escogen, en la subtitulación, algunos párrafos marcados de las respuestas de los sacerdotes, que arrancados de su contexto suenan provocativos y sugieren 'la otra opinión' disidente".
En carta dirigida al director de la publicación, tras recordar que los sacramentos son una cosa sagrada, el Obispo Auxiliar de Santiago deploró "la perversidad objetiva de un acto que simula abrir el santuario de la conciencia y celebrar un sacramento, cuando sólo se persigue un golpe publicitario".
"La investigación periodística tiene su ética, y no necesita basarse en la mentira y el engaño. Por lo demás, todas las experiencias de este tipo han terminado corroborando que la doctrina expuesta 'en la intimidad del confesionario' es consistente, en abrumadora mayoría, con la enseñanza oficial del Magisterio", dijo el Prelado.
Normas canónicas
"La Liturgia de la Iglesia y su Derecho Canónico amparan y exigen la tutela eficaz del carácter sagrado de los sacramentos, y en particular el de la confesión. El sigilo o secreto respecto de lo sabido por confesión es inviolable, absoluto y perpetuo. Si el confesor revelare el pecado y al pecador quedaría por el mismo hecho excomulgado. No son pocos los confesores que han rubricado con su sangre de mártires la inviolabilidad de este secreto sagrado", indicó el Obispo Auxiliar de Santiago.
Seguidamente recordó que "la Congregación para la Doctrina de la Fe decretó en 1988, que 'cualquiera que capte por cualquier instrumento técnico lo que se dice por el confesor o el penitente, en una Confesión Sacramental, verdadera o fingida, realizada por uno mismo o por otro, o lo divulga a través de instrumentos de comunicación social', se marginan ellos mismos de la comunión con la Iglesia. Se trata de un grave delito canónico, que es lo que ha ocurrido en este caso".
Derecho de las personas
Tras explicar que "un elemental sentido de equidad y reciprocidad prohíbe abusar de la buena fe, discreción y virtual indefensión del confesor", el Prelado chileno destacó que "la confesión sacramental es un caso emblemático de actividades y derechos significativos para las personas que puede ejercerse sin necesidad de acreditar identidad o antecedente alguno, ni someterse a un control preventivo o seguimiento ulterior".
"Basta que una persona se presente y manifieste su deseo de ser escuchada en confesión, para que el sacerdote, de no estar impedido por causa razonable, acceda a ello, presuponiendo la honestidad de intención de quien se lo pide. Su fácil accesibilidad es un signo concreto de la cercanía de Dios a quien necesite de su gracia. El abuso de la confesión, simulada o instrumentalizada para otros fines, ofende de modo innoble esta buena fe y disponibilidad", dijo Mons. Contreras.
Luego de recordar que el Estado chileno "garantiza el respeto y protección a la vida privada y la inviolabilidad respecto de injerencias arbitrarias o abusivas en toda forma de comunicación privada", el Obispo precisó que "la Iglesia cautelará con rigor el respeto exigible a sus sacramentos, a su doctrina y al ministerio sacramental de sus sacerdotes: no estamos disponibles para la profanación de lo sagrado".
"Junto con solicitar la publicación de esta carta, conforme a la ley, y después de consultar al Cardenal Arzobispo de Santiago nos reservamos el derecho de presentar el caso, por su excepcional gravedad, ante el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación Social", concluyó el Prelado.
A continuación texto completo de la carta
Santiago, 8 de Febrero de 2007
Señor Director,
En su edición del sábado 3 de febrero de 2007, (páginas 8-9), el Diario de su Dirección ha publicado un reportaje titulado "Los increíbles consejos de curas en el confesionario". Esta "réplica chilena" al reportaje de una revista italiana se estructura, como su modelo, sobre confesiones simuladas: el periodista, fingiéndose penitente, solicita ser escuchado por cuatro sacerdotes en temas tan sensibles como la eutanasia, la homosexualidad, el aborto, la convivencia extramarital y la reproducción asistida. Las respuestas de los confesores son divulgadas como prueba de que en la intimidad del confesionario la actitud clerical puede ser muy distinta a la “pétrea” postura oficial del Magisterio de la Iglesia. Para ello se escogen, en la subtitulación, algunos párrafos marcados de las respuestas de los sacerdotes, que arrancados de su contexto suenan provocativos y sugieren "la otra opinión" disidente.
El modelo italiano copiado ahora en Chile fue calificado, por el cotidiano de la Santa Sede, como "exclusiva innoble", profanación de un sacramento, ultraje al sentimiento religioso de los creyentes y un engaño a la buena fe de los sacerdotes, con graves lesiones a la inviolabilidad del ministerio pastoral y a los límites de la ética profesional.
Los sacramentos y las conciencias son, en efecto, "cosas sagradas", como enseñó enérgicamente el Papa Juan Pablo II (Exhortación Apostólica "Reconciliación y Penitencia", 33). De ahí la perversidad objetiva de un acto que simula abrir el santuario de la conciencia y celebrar un sacramento, cuando sólo se persigue un golpe publicitario. La investigación periodística tiene su ética, y no necesita basarse en la mentira y el engaño. Por lo demás, todas las experiencias de este tipo han terminado corroborando que la doctrina expuesta "en la intimidad del confesionario" es consistente, en abrumadora mayoría, con la enseñanza oficial del Magisterio.
La Liturgia de la Iglesia y su Derecho Canónico amparan y exigen la tutela eficaz del carácter sagrado de los sacramentos, y en particular el de la confesión. El sigilo o secreto respecto de lo sabido por confesión es inviolable, absoluto y perpetuo. Si el confesor revelare el pecado y al pecador quedaría por el mismo hecho excomulgado. No son pocos los confesores que han rubricado con su sangre de mártires la inviolabilidad de este secreto sagrado.
Un elemental sentido de equidad y reciprocidad prohíbe abusar de la buena fe, discreción y virtual indefensión del confesor. La confesión sacramental es un caso emblemático de actividades y derechos significativos para las personas que puede ejercerse sin necesidad de acreditar identidad o antecedente alguno, ni someterse a un control preventivo o seguimiento ulterior. Basta que una persona se presente y manifieste su deseo de ser escuchada en confesión, para que el sacerdote, de no estar impedido por causa razonable, acceda a ello, presuponiendo la honestidad de intención de quien se lo pide. Su fácil accesibilidad es un signo concreto de la cercanía de Dios a quien necesite de su gracia. El abuso de la confesión, simulada o instrumentalizada para otros fines, ofende de modo innoble esta buena fe y disponibilidad.
En respeto de tan altos bienes, la Congregación para la Doctrina de la Fe decretó, en 1988, que “cualquiera que capte por cualquier instrumento técnico lo que se dice por el confesor o el penitente, en una Confesión Sacramental, verdadera o fingida, realizada por uno mismo o por otro, o lo divulga a través de instrumentos de comunicación social”, se marginan ellos mismos de la comunión con la Iglesia. Se trata de un grave delito canónico. Es lo que ha ocurrido en el presente caso ya que esta advertencia normativa está vigente y fue incorporada al Directorio de Pastoral Sacramental de nuestra Arquidiócesis de Santiago (año 1994, n.337).
A mayor abundamiento, el Derecho del Estado de Chile garantiza el respeto y protección a la vida privada y la inviolabilidad respecto de injerencias arbitrarias o abusivas en toda forma de comunicación privada.
La Iglesia cautelará con rigor el respeto exigible a sus sacramentos, a su doctrina y al ministerio sacramental de sus sacerdotes: no estamos disponibles para la profanación de lo sagrado. Junto con solicitar la publicación de esta carta, conforme a la ley, y después de consultar al Cardenal Arzobispo de Santiago nos reservamos el derecho de presentar el caso, por su excepcional gravedad, ante el Consejo de Ética de los Medios de Comunicación Social.
† Cristián Contreras Villarroel
Obispo Auxiliar de Santiago
Vicario general
Santiago, 24-02-2007