Te Deum 18 de Septiembre del 2012
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Homilía

Te Deum 18 de Septiembre del 2012

Fecha: Martes 18 de Septiembre de 2012
Pais: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Mons. Fernando Chomali Garib

Nuevamente nos encontramos en la Catedral de Concepción celebrando el 18 de septiembre. Todos los estamentos de la sociedad, autoridades civiles de los tres poderes del Estado, militares, de seguridad y eclesiásticas nos encontramos en la casa del Señor para darle gracias por todos los dones recibidos durante este año. Lo hacemos con un espíritu constructivo, con un corazón agradecido por esta hermosa patria, Chile, que desde 1810 construye su futuro como nación independiente gracias al heroísmo de tantos compatriotas que dieron su propia vida en aras de una nación que tanto amamos y del trabajo y e tesón de tantos y tantas hijos e hijas de esta país maravilloso llamado Chile.

Tantos motivos tenemos para agradecer.

¿Cómo no agradecer que poco a poco van quedando atrás los efectos del devastador terremoto y tsunami del 27 de febrero del 2010?
¿Cómo no dar gracias por las familias que gracias al esfuerzo mancomunado de las autoridades de gobierno y ellos mismos ya ven materializado en sueño de volver a su propia casa?

¿Cómo no dar gracias por el pequeño comerciante que no se amilanó frente a la adversidad y ya ha comenzado a trabajar nuevamente?
¿Cómo no dar gracias por la escuela recuperada, por el templo reconstruido, por la industria nuevamente en marcha y todo lo que ello significa?

¿Cómo no dar gracias por los miles y miles de hombres y mujeres, los más, que día a día desde muy temprano salen de sus casas a trabajar para procurarles un mejor porvenir a sus hijos?

¿Cómo no dar gracias, especialmente, por tantas y tantas mujeres jefes de hogar que a pesar de la adversidad y el abandono, en medio de una sociedad aún muy machista, salen adelante con sus hijos?

¿Cómo no dar gracias por esa madre que semana a semana va a visitar a su hijo preso y le recuerda que lo ama entrañablemente a pesar del delito que cometió y que lo quiere pronto de vuelta en la casa?
¿Cómo no dar gracias por esa familia que acompaña al hijo, o hija, esposo o esposa, madre o padre que yace en el hospital con esperanza, con fe y sobre todo con mucho amor?

¿Cómo no dar gracias por esos miles y miles de estudiantes que se levantan de madrugada para ir a la escuela, al colegio, a la universidad, o el instituto profesional para estudiar y tener un futuro más próspero, y por los abnegados profesores y profesoras?
¿Cómo no dar gracias por los miles y miles de estudiantes que son la primera generación de universitarios en sus familias y que sin duda que les espera a ellos y sus familias un futuro más próspero que redundará en una sociedad más próspera?

¿Cómo no dar gracias por esos jóvenes que cumplen con el servicio militar y por los jóvenes que se forman en el seminario para ser sacerdotes y anunciar la palabra de Dios?

¿Cómo no dar gracias al ver domingo a domingo las Iglesias y capillas llenas de personas rezando, alabando a Dios, forjándose un corazón nuevo para vivir el mandamiento del amor a Dios y el amor al prójimo?
¿Cómo no dar gracias por las cientos y miles de obras de servicio al prójimo que hay en la región y la cada vez mayor interacción entre el Estado y la Iglesia y las instituciones de caridad para aunar esfuerzos en torno a los más necesitados?

¿Cómo no dar gracias por esos hombres y mujeres, jóvenes de distintos sectores de la sociedad que de manera voluntaria se arremangan la camisa para salir en ayuda del indigente, del abandonado, del pobre?
¿Cómo no dar gracias por esta región maravillosa que nos regala un mar que nos baña, lagunas hermosas que contemplar y lagos preciosos que admirar?

¿Cómo no dar gracias por los paisajes tan coloridos y armónicos que van mostrando su gracia y belleza en cada estación?
¿Cómo no dar gracias por la democracia que en octubre se manifestará en la elección de alcaldes y concejales? Democracia que estamos llamados a cuidar con nuestro ejemplo. Les pido a los candidatos a alcaldes y concejales que cuiden la democracia, que no reduzcan su programa a meros slogans sino que a la determinación firme de servir a la comuna. Que actúen siempre de tal forma que nos sentamos orgullosos de su proceder y que con su decir y obrar prestigien la política, por ser el arte mayor dado que está llamada por naturaleza a promover el bien común. La Iglesia se ha comprometido a reivindicar el valor del quehacer político promoviendo junto a la UCSC una escuela de líderes políticos e invitando a través de una campaña a partir de octubre a los jóvenes a que se hagan presentes en las urnas.

Pero sobre todo ¿cómo no dar gracias por las personas de bien que habitan en esta hermosa región que día a día con su esfuerzo la hacen más próspera, más hermosa, más digna de Dios y digna del hombre?
Motivos para dar gracias a Dios hay de sobra y para ello nos hemos reunido en este lugar sagrado para que con un solo corazón y al unísono, todos, creyentes y no creyentes, cantamos a ti oh Dios te alabamos, Te Deum, por esos dones maravillosos que Dios mismo nos ha regalado porque es eterna su misericordia.

Junto con dar gracias a Dios hemos de mirar el futuro. Lo hemos de mirar con atención. De la mirada certera que tengamos de nuestro país que su identidad está íntimamente vinculada a Jesucristo, el Señor de la historia, podremos proyectarlo por la senda del progreso, del desarrollo de todos y cada uno de los habitantes de nuestra patria. Hemos de ser lúcidos para no caer en un optimismo ingenuo ni en un pesimismo estéril.

Miremos por un momento la encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, Casen, realizada por el Ministerio de Desarrollo Social con el objetivo de disponer de información que permita: Conocer periódicamente la situación de los hogares y de la población, especialmente de aquella en situación de pobreza, así como evaluar las distintas brechas que separan a los diferentes segmentos sociales y ámbitos territoriales, así como evaluar el impacto de la política social.

Esta encuesta, que se realiza desde el año 1985, este año nos dice básicamente tres cosas.

Primero nos dice que Chile es un país que de manera sistemática ha ido reduciendo la pobreza y que las políticas públicas aplicadas en el arco de este período han dado frutos. Y de ello nos debemos sentir orgullosos. Si, en Chile hay menos pobres e indigentes que hace 30 años. Y ello es motivo de alegría y de agradecimiento hacia todos quienes con su aporte lo han hecho posible. Superar la pobreza es tarea de todos y es por tanto un logro de todos, empresarios, trabajadores, gobierno de turno, aparato estatal, de todos.
Segundo nos dice que aún hay pobres e indigentes en nuestro país. Y de modo especial en nuestra región. Ello nos obliga a redoblar los esfuerzos para superar este flagelo que lo viven en carne propia compatriotas nuestros.

La pobreza no es en primer lugar un problema político. Es un problema moral que debe movernos a todos desde nuestras áreas de responsabilidad para cada chileno lleve una vida digna, tenga un salario justo, pueda educar a sus hijos, tener una casa propia, prestaciones adecuadas de salud, y tener una vejez tranquila después haber trabajado toda su vida. A eso hemos de aspirar. A ello deben mirar las políticas públicas que han de tener como horizonte último al hombre, a la mujer, a la familia concreta que se ve vulnerada en sus derechos y en su dignidad por vivir en la pobreza y en la indigencia. Trabajar para que los pobres pasen de condiciones menos humanas a condiciones más humanas es una bandera país que nadie se la puede atribuir para sí en exclusiva. Es tarea de todos. Las visiones como llegar a ello pertenece al campo de la política y la Iglesia no tiene soluciones técnicas al respecto, pero recuerda y enseña a tiempo a destiempo que hay principios básicos de orden ético que iluminan la consciencia de quienes tienen que legislar y llevar a cabo las políticas públicas en este campo. Esos principios están al alcance de todo hombre de buena voluntad y dicen relación a la igualdad fundamental de todos los seres humanos, dicen relación al principio del bien común, al principio de la justicia y al principio del derecho inalienable que todo ser humano tiene a la vida, a formar una familia, a profesar su credo religioso, a trabajar, a acceder a la justicia y a la buena fama. Con fuerza resuenan las palabras de Juan Pablo II cuando nos visitó; los pobres no pueden esperar. Si los pobres no pueden esperar y la encuesta Casen, patrimonio de la sociedad chilena más allá del gobierno de turno nos recuerda nuevamente que los pobres no pueden esperar.

En tercer lugar nos recuerda que la brecha entre los distintos estratos sociales se agranda. Cada vez son menos los que tienen más y los que tienen menos cada vez tienen más dificultades para salir adelante. Hemos de trabajar por el crecimiento económico, por cierto, pero también por la equidad en la distribución de los bienes y servicios. La Iglesia promueve el principio del destino universal de los bienes. Todo cuanto existe Dios nos lo ha regalado a todos, y hoy, más que nunca, en Chile adquiere toda su vigencia y toda su actualidad. En efecto, hemos de trabajar por la equidad. La riqueza de nuestro país le ha sido dada a todos los chilenos y todos los chilenos han de gozar de ella, no sólo algunos pocos. Trabajar por la justicia social es el norte que nos debe orientar si queremos construir un país auténticamente democrático en que todos podamos vivir en paz. La paz es fruto de la justicia.

La belleza de nuestra zona se ha visto ensombrecida por situaciones dolorosas. Seis jóvenes voluntarios de un techo para Chile fallecieron en un trágico accidente. Notable fue la solidaridad que se vivió esos días en la región y en todo Chile. Nos hizo ver que tenemos una juventud deseosa de servir a los más necesitados. A ellos los hemos de cuidar y sobre todo darles ejemplo de servicio a los demás. Los jóvenes hoy más que nunca le dan más crédito a lo que ven que a lo que oyen. Ustedes padres de estos jóvenes han de sentirse orgullosos de sus hijos e hijas fallecidas. Han sido un ejemplo que perdurará en la conciencia de nuestra región como una gran enseñanza que nos impulsa a servir a los demás.

También se vio enlutada por la muerte de 21 personas que iban a ayudar a la Isla Juan Fernández. Una de las víctimas, Silvia Slyer es hija de la región. Su ejemplo también nos marca nuestra propia vida y elevamos una oración por ella y su familia así como por todos los fallecidos en tan trágico accidente.

En la región, y lo sabemos, hay conflictos sociales. Un triste favor le haríamos a la razón humana y al espíritu republicano y democrático que nos anima si los negamos, los minimizamos o sencillamente los traspasamos a los demás. Uno de ellos tiene que ver con la educación. En Chile la posibilidad de estudiar en la Universidad no depende solamente de las capacidades de los jóvenes sino que depende en gran medida de la situación económica de los padres y el entorno en que nacieron. Muchos jóvenes muy capaces entrampados por el círculo de la pobreza no pueden ingresar a la educación superior. Ello es una injusticia que clama al cielo dado que muchos jóvenes muy capaces en razón del sistema imperante no pueden hacer prosperar sus capacidades, talentos y habilidades que el mismo Dios les ha dado. Pido a todas las instancias con autoridad a que trabajen incansablemente para que todo joven capaz, independiente de su situación económica o social pueda tener educación de excelencia. Ello exige un gran esfuerzo del Estado de procurar dicha educación. La educación gratuita y de calidad entregada por el estado, sin ser ni exclusiva ni excluyente, es una deuda que la sociedad tiene con los más pobres. Se ha avanzado por cierto, pero queda mucho camino por recorrer. Para disminuir la brecha de las posibilidades de ingreso hemos iniciado con la UDD y con la UCSC preuniversitarios gratuitos a los sectores más pobres de la sociedad. Estaremos como Iglesia siempre dispuestos a colaborar para que se formen alianzas entre los municipios y las universidades para generar preuniversitarios gratuitos en toda la región de tal manera de disminuir lo más posible la desigualdad en la preparación a tan importante prueba. La Iglesia a partir del segundo semestre del próximo año habilitará una residencia universitaria para los alumnos de Arauco de escasos recursos y con excelencia académica que ingresen a la Universidad en Concepción. Estas iniciativas no son obras de caridad sino que de promoción de la justicia a la que el mismo Señor nos invita.

Hemos de trabajar también para que los pueblos originarios tengan en el país el sitio que les corresponde. Es un hecho que son discriminados en virtud de su etnia y ello no contribuye a la paz. Los pueblos originarios son una riqueza para el país. Su cultura y valores enriquecen a la patria. Hemos de terminar con los estigmas odiosos. Son un pueblo pacífico que ama la tierra y la familia. Han de ser considerados sus derechos ancestrales en lo que a territorio se refiere y ha de ser respetada su cultura y creencia. La sociedad toda está agradecida de su presencia en el mundo político, en las fuerzan armadas y de orden, en la universidad, en el mundo de la cultura, en la Iglesia. Sin embargo falta mucho por hacer en esta materia. Para ello se requiere de parte de la sociedad toda un gran coraje para emprender lo que los obispos de Chile han llamado “un nuevo trato”. No puede ser que en pleno siglo XXI en que Chile se vislumbra como país desarrollado estos hermanos nuestros sean los que tienen menos acceso a la educación y menos acceso a los bienes y servicios que procura la sociedad. Hoy más que nunca si queremos cimentar la sociedad en roca firme hemos de procurar darles a los pueblos originarios lo que les corresponde en justicia.

Chile es un país marítimo por naturaleza. El mismo Dios la ha dotado de un hermoso mar que tranquilo lo baña. El mar ha sido fuente de sustento para miles y miles de chilenos a lo largo de la historia. Familias enteras han vivido del mar, ha sido un trabajo que han ido heredando de generación en generación. La pesca artesanal ha sido un modo digno de ganarse el pan con el sudor de la frente. Estos hermanos nuestros se sienten amenazados por la nueva ley de pesca. Quisiera invitar a todos los actores políticos que escuchen atentamente a estos hombres y mujeres de mar que se sienten poco considerados a la hora de elaborar la ley. La Iglesia no tiene soluciones técnicas pero recuerda la primacía del trabajo por sobre el capital, que el trabajo es sagrado y que no puede ser considerado una mercancía que se tranza en el mercado según la ley de la oferta y la demanda. La ley debe procurar el bien común y el bien común no puede ir en contra del bien de las personas más pobres. Una ley justa debe procurar que todas las instancias que trabajan en el mar, pequeños artesanos, pescadores medianos y grandes empresas puedan convivir pacíficamente, recordando que el mar es de todos los chilenos y que sobre él grava una hipoteca social en cuanto su razón de ser es procurar el bien de todos los chilenos y no de ciertos grupos.

Hemos visto con dolor signos de violencia. ¿Qué hemos de hacer para que nunca más muera un carabinero en servicio? ¿Qué hemos de hacer para que nunca más muera un mapuche? ¿Qué hemos de hacer para que nunca más se destruya una sede universitaria? ¿Qué hemos de hacer para que nunca más se atente en contra de la propiedad privada? ¿Qué hemos de hacer para terminar con la violencia que día a día nos presenta los medios de comunicación? ¿Qué hemos de hacer para que nadie en Chile piense que la violencia es un modo válido para resolver los problemas? ¿Qué hemos de hacer para que el diálogo, el ponerse en el lugar del otro, en mirar al otro con confianza sea el presupuesto de todo inicio de resolución de conflictos? ¿Qué hemos de hacer para que este principio del diálogo respetuoso y franco esté presente en primer lugar a la hora de darle una justa solución a los habitantes de la población Aurora de Chile, a los ex trabajadores de ENACAR, a los habitantes que se ven amenazados por la instalación de centrales hidroeléctrica en la zona, a la vez tan necesarias para el progreso?
Me pregunto: ¿Hemos de procurar más servicios policiales, juzgados y cárceles?, si por cierto, pero mucho más que eso. Si mucho más que eso porque nada de ello será suficiente si no nos comprometemos todos y cada uno de nosotros a trabajar incansablemente por un mundo mejor, por un país mejor, por una región mejor. Hemos de tener claro que muchas veces quienes delinquen suelen ser los que han tenido menos oportunidades en la vida. Y, también, muchas veces quienes usan la violencia con la finalidad de lograr sus objetivos, es porque no han sido lo suficiente escuchados y atendidos en sus necesidades y problemas. ¡Hemos de trabajar incansablemente en la construcción de un país más justo y equitativo¡

Hemos de crear espacios de confianza de manera creativa y audaz. Y hemos de dárselas especialmente quienes hemos sido escuchados y tenido oportunidades en la vida.

En lo que a la disminución de la delincuencia en Chile, La Iglesia quiere contribuir con un grano de arena comprometiéndose firmemente a colaborar con el Centro penitenciario el Manzano en la rehabilitación de los jóvenes en el contexto de la misión joven, intentando procurarles hoy lo que no tuvieron en su niñez y adolescencia.
En lo que a los conflictos sociales se refiere, también la Iglesia a través de la Pastoral Social siempre estará comprometida en el generar puentes de confianza entre todos quienes se hallen en conflicto y generar las instancias de diálogo que sean necesarias para que la razón y el bien común, la prioridad de las personas por sobre las cosas y la prioridad de la ética por sobre la técnica, se conviertan en el modo de buscar soluciones a los múltiples problemas que se presentan en la vida.

Es posible fomentar una cultura de la vida y del diálogo en la medida que todos nosotros dejemos de ser meros espectadores y asumamos la fascinante tarea de poner todos nuestros dones y talentos al servicio de los demás. Ello es un deber moral de quien se empeña en amar a su patria. Quien ama a su patria no se pregunta qué es lo que Chile le puede entregar sino que más bien se pregunta qué es lo que yo le puedo entregar a Chile.

Desde este nuevo marco ético forjaremos el país que soñaron nuestros antepasados. Desde este nuevo marco ético viviremos en paz. Desde este nuevo marco ético haremos próspera nuestra Nación. Desde esta nuevo marco ético le entregaremos a las futuras generaciones un país mejor del que nos dejaron a nosotros. Desde este nuevo marco ético tendremos una auténtica democracia. Desde ese nuevo marco ético habrá la confianza y la esperanza suficiente para emprender grandes proyectos personales, familiares y sociales. Desde esta nuevo marco ético cumpliremos el mandato del Señor de amarlo por sobre todas las cosas y de amar al prójimo como a nosotros mismos. Desde este nuevo marco ético de cara a Dios y a la santísima Virgen María, madre de Chile seguimos orando por nuestra querida patria.

† Fernando Chomali Garib
Arzobispo de la Santísima Concepción
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