Homilía Te Deum 2009
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Homilía Te Deum 2009

Fecha: Viernes 18 de Septiembre de 2009
Pais: Chile
Ciudad: Osorno
Autor: Mons. René Rebolledo Salinas

Textos bíblicos
Primera Lectura : 1 Jn 4, 7-11.15.16
Salmo Responsorial: Sal 19 (18) 2-7
Evangelio : Mc 12, 28-34

01. Introducción

La Iglesia en Osorno, honrada con la amable presencia de las autoridades civiles, militares y de orden, junto a representantes de las diversas organizaciones sociales de la ciudad y la Provincia, se acerca al Altar del Señor, para presentarle su sentida gratitud. En el umbral del Bicentenario de Chile como nación soberana, hemos sido convocados por el Señor a su Casa, la Catedral “San Mateo” de Osorno, testimonio viviente de nuestra historia. Impulsados por su gran amor a Dios, nuestro amado primer Pastor, Siervo de Dios Mons. Francisco Valdés Subercaseaux, el personal consagrado y los fieles, con generosidad han edificado este templo, con el fin de abrirnos perennemente al misterio del encuentro del Señor con su pueblo.

Son innumerables los momentos y las ocasiones en que miles de hermanos, también nosotros, encaminamos nuestros pasos para llegar al Padre y gozar de su presencia y consuelo.

En una época en la que estamos siendo estimulados a pensar y vivir como si Dios no existiera es óptimo que la comunidad, en comunión con sus autoridades, proclame abierta y solemnemente su fe. Ante la profunda desesperanza que aflige a sectores y a hermanos nuestros, cuyos efectos son signos de muerte, urge que nosotros compartamos la vida que brota del Señor y de su Palabra.

En tiempos en que se pretende oscurecer la dimensión trascendente de la vida, surge con más fuerza la necesidad de inclinarnos para solicitar la bendición del Padre y, una vez más, ponernos en sus manos.

Hemos venido, sobre todo, a agradecerle, a escuchar su Palabra orientadora sobre nuestro presente y futuro… a presentarle nuestros anhelos y esperanzas.


02. Amar a Dios, único Señor

La Palabra del Señor, según el testimonio bíblico, es “viva y eficaz” (Heb 4,12). Es una Palabra de amor, porque “Dios es amor”, según la bella expresión de Juan en la primera lectura que hemos escuchado: Él espera una respuesta en el amor de todos nosotros.

La Palabra del Señor ilumina esta celebración y nos proporciona los contenidos de ella. Con su gracia esperamos confiados en que sea esta Palabra la que ilumine el caminar y la vida de nuestro pueblo. En ella, fundamento estable e imperecedero, estamos invitados a cimentar su presente y futuro.

El texto pequeño y conciso del Evangelio, es al mismo tiempo denso y exigente. Nos ofrece variadas perspectivas para nuestra vida personal, familiar y social. Adentrémonos en él, a fin que encuentre eco en nuestro corazones.

“Escucha, Israel” es una profesión de fe solemne con la cual el israelita abría y cerraba la jornada. En este texto, justifica el primer mandamiento: “El Señor nuestro Dios es el único Señor”. Único; por tanto quedan excluidos todos los dioses, todos los ídolos, de ayer y de hoy.

Como único Dios exige pertenencia y amor absoluto. Así lo afirman numerosos pasajes bíblicos: “No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero. Yo soy el Señor, Dios tuyo…” (Sal 81(80)10-11). Sabemos que el amor a Dios es la única respuesta adecuada por parte del hombre a su revelación y es por tanto, el amor, la ley fundamental de quien acepta a Dios en su vida.

A Dios se debe amar con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas..., es decir, con todo el ser.

A la espiritualidad de los sentimientos, voluntad e inteligencia comprometida, según la antropología semítica, con todo el corazón, se suma la vida plena entregada, hasta su sacrifico de ser requerido, en toda el alma.

Todas estas expresiones, amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas, no pretenden otro objetivo sino explicitar la plenitud y totalidad. Se trata de amar a Dios desde dentro, de las profundidades del ser incluídas todas las facultades que Él mismo ha donado a su creatura.
En este mandamiento radica lo más precioso de la experiencia cristiana, la certeza de Dios Amor, revelado en su Hijo Jesús, quien nos abre a la fe y, en el Espíritu, nos señala el camino para encontrar la vida verdadera y la felicidad que tanto anhela el hombre. Nuestro amor hacia Él es, en efecto, una respuesta al amor que Él nos manifiesta primero. El origen y la fuerza del amor no provienen del hombre… es Dios quien lo posibilita. El amor verdadero nace en Dios y el hombre está llamado a reflejarlo: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4,10).

Vivimos una crisis que nos afecta en todo el ámbito cultural y valórico, tanto económico, como político o social. Como respuesta, los valores más nobles de nuestra tradición cristiana nos desafían a enfrentarla cuando se pretende privarnos de la Verdad del Dios Amor.

¡Nuestra respuesta es, precisamente, el amor de Dios!

Ante el avance del secularismo, nos fortalecemos en la oportunidad extraordinaria que nos brinda el Señor: “Dar razón de nuestra esperanza” (1Pe 3,15), ofreciendo a todos la alegría de la vida en Cristo, sentido y plenitud de nuestra existencia. La esperanza que nos anima para invitar a nuestros contemporáneos y fijar nuestra mirada en la Verdad de Dios Amor “sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el “extremo”, “hasta el total cumplimiento” (cf Jn 13,1;19,30), (S.S. Benedicto XVI, Spe Salvi, 27). Amar con todo el ser a Dios comporta apartar del corazón todo lo que no tenga su fuente y fundamento en Él y vivir según el predicamento del amor que se le ha manifestado. Bajo esta luz su proyecto sobre el mundo y el hombre tiene absoluta prioridad. Amar verdaderamente a Dios es aceptar su proyecto y amar todo lo que Él ama.

La vocación del hombre le exige elevar su mirada a Dios y no transformarse en esclavo de nadie, ni de nada; menos aún autoerigirse como señor. En suma: ¡La primacía de Dios en todo!

03. Amar al prójimo, como a sí mismo

Jesús añade: “El segundo mandamiento es éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Quien se abre verdaderamente al amor de y a Dios podrá amar igualmente al prójimo. Así lo hemos escuchado en la exhortación de Juan: “amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.

El verdadero amor a Dios se prueba en el amor al prójimo. No es posible dar por cumplido el primer mandamiento sin concretar el segundo. No estamos ante una opción: Dios o el prójimo. ¡No!. El amor que se manifiesta a Dios y al prójimo es el resumen de la ley y los profetas. Esto constituye el núcleo del amor de Dios revelado en Cristo.

El escriba, sorprendido por la respuesta de Jesús, se suma a ella y deja de manifiesto en sus palabras que estos dos mandamientos tienen preeminencia sobre todo el resto, incluído el culto.


Hermanas y hermanos:

Agradecemos sentidamente a Dios el regalo de su Palabra, que ha llegado a nosotros proyectando su luz sobre esta asamblea como Buena Noticia que desea, igualmente, iluminar el caminar de cada uno de nosotros en los más diversos aspectos de la vida diaria.

Con espíritu agradecido contemplamos a un número creciente de jóvenes que se acerca al Señor y que, con su profesión de fe, nos trae fundadas esperanzas para el futuro en nuestra ciudad y en la Provincia.

Este aporte juvenil se ha manifestado especialmente en las expresiones de solidaridad de nuestro pueblo. ¡Cómo no agradecer a Dios este impulso que ha movilizado con gran fervor a diversos sectores de la sociedad osornina! Especialmente, hoy quiero dejar constancia de la acogida que han encontrado los llamados solidarios de la Iglesia. Es nuestro anhelo que, infatigablemente, sigamos abriendo nuestro corazón a las necesidades de tantos hermanos que claman en la pobreza material o espiritual.


La sociedad toda honra los esfuerzos, tanto de las autoridades, como de nuestras comunidades cristianas u otras entidades, para hacer frente a la marginación y a la pobreza.

En los últimos años podemos ver a la ciudad de Osorno recuperando el empuje que la destacó en Chile como un centro dispuesto a enfrentar sin temores los desafíos del progreso.

Igualmente promisorios son los esfuerzos de la autoridad competente en salud y en educación. Queda bastante por hacer en estos aspectos, especialmente en el factor humano de ellos, por lo que el camino iniciado no debe flaquear.

Pero, paralelamente, con tristeza y preocupación, debemos admitir que situaciones graves se han dado en nuestra sociedad, para dolor de muchos.

Conmociona el gran número de homicidios, de toda índole, ocurridos en los últimos meses. Fortaleciendo nuestro amor solidario hacia los familiares afectados, nos preocupa el decaimiento al respeto de la vida que el fenómeno nos está mostrando. Pregunto: ¿Qué esperamos para revalorar, con fuerza, los principios que nuestra cultura, cada vez más materialista, ha ido relativizando?

Hemos destacado el positivo desempeño de centenares de jóvenes. Pero, paralelamente, hemos podido constatar que la gran mayoría de los recluidos en los centros de cumplimiento penitenciarios son, precisamente jóvenes, como reflejo de la violencia que nace de la crisis de las familias.

Invito cordialmente a todos para que entremos en la magna celebración del Bicentenario retomando los valores morales que hicieron grande a nuestra Patria.

¡Ellos son coincidentes con la motivación que nos lleva a reconocer la primacía de Dios!

En Él y por Él encontraremos todo lo que es noble, justo y oportuno, para desarrollarnos como sus hijos, hermanados en el camino de construir un país mejor.

- Para erradicar de entre nosotros cada signo de muerte o de odiosidad, es necesario volvernos al Amor de Dios en el Amor al prójimo.
- Para recuperar el verdadero progreso, es necesario superar el materialismo y la superficialidad dominantes recuperando la moral solidaria propia de hermanos.

- Para superar nuestras deudas sociales históricas con los pobres, debemos enfrentar con realismo la realidad agobiante de los campamentos y la cesantía.

- Para construir un futuro aún más próspero, es indispensable educar a toda la juventud, dotándola de capacidad para cumplir un rol fundamental en el tejido social.

- Para construir una nación de hermanos busquemos, en el amor a Dios y al prójimo, el camino en las campañas políticas que se avecinan. Que prime en ellas el respeto y la altura de miras hacia el adversario de modo que, con posterioridad a ellas, todos juntos enfrentemos al porvenir.

- Para fundar una sociedad que siga el mandamiento del Amor, apoyemos a las familias que busquen concretar lo que siempre han debido ser como formadoras de los niños… comunidades de vida y de amor. Su defensa debe constituir, en todo momento, una obligación irrenunciable para nosotros.

04. Conclusión

Al ser interrogado sobre el primero de los mandamientos, Jesús responde citando dos preceptos de la Tora, uno referido al amor a Dios, tomado del Libro del Deuteronomio (Dt 6,4-5) y, en el otro, vinculado al amor hacia el prójimo, cita el Levítico (Lev 19,18). En su respuesta, el Señor reafirma la unicidad de ellos: no existe otro mandamiento mayor que éstos. Esta relectura de los textos de la Ley es el ejemplo perfecto de la posición de Jesús ante sus preceptos y de la que cada uno de nosotros debe hacer de ellos, mirándolos siempre en el contexto del amor de Dios. La sola Ley no basta; ella nunca debe llevarnos a perder de vista la voluntad de Dios sobre el hombre y el mundo, que nace del Amor. Es nuestro cometido y tarea asencial aprender, a lo largo de nuestra vidas a amar al Padre con Jesús y como Él.

Le solicitamos al Señor que cada chileno pueda abrirse al amor de Dios. Si así lo hacemos resplandecerá entre nosotros su presencia viva y vivificante y en un solo abrazo se comprenderá el amor debido a Él y ofrecido a los hermanos en igual modo.
Amar a Dios y al prójimo será la mejor expresión de nuestra permanenecia en Él. Esto es lo que hoy le suplicamos. Esto es lo que esperamos.

Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile, nos asista con su intercesión ante su Hijo Jesús, el que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

† René Rebolledo Salinas
Obispo de Osorno
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