Homilía en el Te Deum de Fiestas Patrias
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Homilía en el Te Deum de Fiestas Patrias

Iglesia Catedral de Osorno, 18 de septiembre de 2008.

Fecha: Jueves 18 de Septiembre de 2008
Pais: Chile
Ciudad: Osorno
Autor: Mons. René Rebolledo Salinas

Textos bíblicos
Primera lectura : 1 Jn 5, 1-4
Salmo Responsorial : Sal 115,12-14.17-19
Evangelio : Jn 14, 1-6


Jesús nos convoca
para la alabanza
y la acción de gracias al Padre



En este nuevo aniversario del nacimiento de nuestra Patria a la vida independiente, el Señor Jesús nos convoca en la Casa de Dios su Padre, para manifestarle la alabanza, Te Deum laudamus, a Ti, oh Dios, te alabamos; y también la acción de gracias, reconociendo, con agradecimiento, su Providencia que nos colma de dones.

Aquí, ante el Altar del Señor, inspirados por su Palabra, ponemos una vez más la vida de nuestro amado pueblo, en la confianza que, como siempre la hemos experimentado, Él colmará nuestras esperanzas.

Nos acercamos a Él, nuestro Padre amado, como una sola gran comunidad de hombres y mujeres para inclinarnos con sincera humildad y solicitar a Él su bendición en la misión de construir el país de hermanos que Él nos pide y que nuestro corazón anhela.



En la fe y confianza en Él
construimos la ciudad terrena
anhelando la vida eterna


En la página preciosa del Evangelio de Juan, que acabamos de oír, el Señor conmina a sus discípulos en el contexto del anuncio de su partida inminente a no perder nunca la confianza en Él. Somos discípulos de quien ha venido de la Casa del Padre, para entregarse por amor a los suyos y, vuelto a la Casa del Padre, es la fuente de vida para los que creen y esperan en Él.

Con cuanto gozo celebramos este día patrio y, sin embargo, el verdadero discípulo de Cristo anhela siempre, también hoy, la patria verdadera, la Casa del Padre, presencia de paz y gozo que todo lo colma, donde está Cristo y donde Él nos llevará consigo.

Por ello, acogemos gustosos el llamado perenne de nuestro Maestro, a vivir su propia vida y misión. En efecto, somos convocados al anuncio de su Palabra e invitados a formar parte de su pueblo; a colaborar en la construcción de una sociedad y de una nación de acuerdo al proyecto de Jesús, el Reino de su Padre.

Así, y solamente así, la esperanza es firme y cierta: seremos acogidos por Él en la Casa de su Padre, la patria definitiva.


Jesús el camino,
la verdad y la vida,
que nos conduce al Padre


Como hemos oído del Evangelio proclamado hoy, Jesús indica a Tomás, el apóstol, que Él es el camino para el encuentro con Dios nuestro Padre, puesto que Él, siendo Dios, ha vivido también la plenitud de la vida humana, “en todo excepto en el pecado” (Hb 4,15).

“Jesús es el camino porque gracias a Él podemos encontrarnos plenamente con Dios, quien se nos descubre y regala como \"nuestro Padre\", haciéndonos partícipes del don inmerecido de la nueva identidad de hijos suyos y hermanos de los demás” (1).

En la página evangélica que se nos anunció Jesús es también la verdad, la verdad de Dios, plena y total. Él es la verdad del hombre, igualmente plena y total. Él nos revela quién es Dios su Padre y cuál es su designio de amor para con el hombre:

“Gracias a Jesús-Verdad, toda persona puede descubrir en Él el sentido de su propia humanidad”(2).

El anuncio solemne es total, al momento que Jesús patentiza que Él es la vida. Él es quien posee la vida en plenitud y por ello la dona en igual modo. La vida, la muerte y la resurrección de Jesús indican al hombre el camino que debe recorrer para alcanzar su plena realización y la felicidad duradera.

La Conferencia Episcopal de Chile en las Orientaciones Pastorales 2008-2012, sintetiza magistralmente qué significa para un discípulo del Señor el Maestro a quien procura seguir, al decirnos:

“¡Jesús mismo es la mejor donación que cualquier persona puede recibir! (3)”


Jesús
plenitud del hombre
en Dios su Padre


La página hermosa del evangelio de hoy nos plantea enormes desafíos, los que sólo con la gracia de Dios podemos alcanzar.

Hoy y siempre somos invitados, como personas y como nación, a contemplar cual es el camino que hemos sido llamados a seguir, cuál es la vida verdadera que debe animar cotidianamente nuestra existencia, cuál es la verdad última que otorga sentido pleno a nuestras búsquedas, empeños y fatigas. En definitiva, nuestra reflexión y también nuestra oración, quieren alcanzar la dimensión del hombre verdadero, que afanosamente buscamos.

Nos maravillamos al contemplar que cuanto nuestro corazón anhela lo encontramos, plenamente, en Jesús. Por ello, nuestra más sentida oración es que su Espíritu nos permita adentrarnos en una comunión siempre más profunda con Él, de tal modo que, practicando una vida como Él, nos entreguemos al amor del Padre y, en Él, a nuestros hermanos.

Jesús
colma los anhelos
del corazón del hombre


En este solemne Te Deum somos invitados a reafirmar, con convicción, que Cristo es el Camino que nuestro pueblo debe andar, Cristo es la Verdad que marca la senda para llegar a la Vida verdadera.

Nuestro amado pueblo, Chile en sus niños, jóvenes y adultos, busca la vida perenne, abundante y plena. Ofrezcámosela con serenidad y humildad, cada cual desde donde ha sido llamado a contribuir al bien común y a obrar a favor de los demás.
Busquemos juntos la vida más plena que anhelan numerosas familias de nuestra ciudad y de la provincia. Nadie de nosotros descuide este tesoro patrimonial, sumamente apreciado por nuestro pueblo.

Busquemos juntos la vida más plena que anhelan los jóvenes, liceanos, universitarios y trabajadores. Procuremos salir a su encuentro para discernir con ellos sus requerimientos, ilusiones y esperanzas.

Busquemos juntos la vida más plena que anhelan los agentes de la educación. Constatamos que se está gestando entre ellos una gran frustración ante la enorme carga que les significa asumir los serios desafíos que comporta su misión formativa.

Busquemos juntos la vida más plena que anhelan los pobres, que permanecen excluidos de los bienes materiales. No basta la organización y el éxito que pudiera tener una acción meramente caritativa. El desarrollo experimentado por nuestra ciudad será verdadero, solamente, cuando los pobres y excluidos accedan a los bienes necesarios para una vida digna, personal y familiar.

Sin perjuicio de las falencias que aún se aprecian en estos aspectos, es nuestra obligación moral reconocer el tesón que hemos podido apreciar en las autoridades, sin distinguir niveles ni posiciones políticas, para lograr avances significativos en cada uno de ellos. Paralelamente, es un grato deber agradecer especialmente este esfuerzo a las personas que terminan sus períodos constitucionales, incluido el apoyo que siempre nos han brindado en nuestra labor como Iglesia Particular.

Al acercarse nuevos períodos electorales, hago un llamado a mis hermanos osorninos para que estos transcurran en el respeto mutuo a cada persona, al margen de naturales discrepancias programáticas, y para que, terminados estos, sepamos reconocer las victorias legítimas de nuestros adversarios y respetar a los que no las lograron. Siguiendo ese camino, en un trabajo mancomunado, podremos recibir al Bicentenario como Nación que sale al encuentro de las familias, de los jóvenes, de los agentes de educación, de los pobres. Y nosotros, como Iglesia, tengamos el gozo de contemplar que en Cristo, Vida nuestra, se concretan sus anhelos.

Concluyo esta homilía con una plegaria, parte de la hermosa oración de la Conferencia Episcopal de Chile, con la cual los obispos invocamos al Señor Resucitado en esta etapa de la historia:

“Quédate con las familias, los jóvenes y niños, los pobres y excluidos, los trabajadores, empresarios y constructores de la sociedad. Sin ti, cada uno se preocupa de sus propios intereses, pierde el sentido comunitario y, en el mejor de los casos, se construyen grupos humanos con justicia pero sin amor, con leyes pero sin misericordia” (4).

“Quédate presente en aquellas realidades eclesiales y socio-políticas que nos llenan de alegría. En ellas reconocemos la abundante y eficaz presencia de tu Espíritu. Sin tu Espíritu todo se confunde, todo pierde consistencia evangélica, todo se transforma en signo de muerte y dejas de ser la vida de tu pueblo”.

“Hazte presente en aquellas realidades eclesiales y socio-políticas dominadas por nuestro egoísmo y alejadas de tu proyecto del Reino. Contigo, podremos cambiar nuestro corazón y hacer que nuestras instituciones y estructuras sean evangelizadoras para que tu Espíritu haga nuevas todas las cosas”.

“¡Quédate con nosotros, Jesús, con tu Iglesia peregrina que camina a la plenitud de la vida! ¡Allí se manifestarán los cielos nuevos y la tierra nueva que desde ahora estamos llamados a construir!”
.

A Jesús, honor y gloria. Ahora y siempre. Amén.

† René Rebolledo Salinas
Obispo de Osorno


NOTAS A PIE

(1) CECh, Orientaciones Pastorales 2008-2012, n.23.
(2) Idem, n.24.
(3) Idem, n.26.
(4) Idem, pp. 88-89
(5) Idem, pp.89-90

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