Santiago crece cuando crece el amor y el espíritu de servicio

Santiago crece cuando crece el amor y el espíritu de servicio

Cardenal Francisco Javier Errázuriz, en la homilía de la Misa del Apóstol Santiago, reflexionó a partir de las enseñanzas del evangelio sobre servicio, el poder y la autoridad. “Nuestro señor Jesucristo, el enviado del Padre y el Ungido por el Espíritu Santo, Dios Todopoderoso, nuestro hermano y salvador, nos enseña que el auténtico poder es aquel que da Vida en el Amor”, dijo el Arzobispo de Santiago.

Miércoles 26 de Julio de 2006
A pesar del frío, cientos de fieles llegaron a la Catedral Metropolitana en la noche del martes 25 de julio para participar en la Misa del Apóstol Santiago, patrono de la ciudad y de la arquidiócesis, que presidió el Cardenal Francisco Javier Errázuriz. La eucaristía fue concelebrada por los obispos auxiliares, vicarios episcopales y numerosos sacerdotes.

Al inicio, Monseñor Cristián Precht, Vicario de la Zona Sur, tuvo a su cargo la presentación de las intenciones de este año pidiendo la protección del Apóstol Santiago para que Santiago sea una ciudad más acogedora, amable y fraterna.

Por su parte, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, en su homilía, a partir del Evangelio del día, reflexionó sobre el servicio, el poder y la autoridad. A la luz de las enseñanzas del Evangelio dijo que los discípulos y misioneros de Jesucristo en Santiago, en primer lugar, don discípulos porque se han encontrado con Jesucristo y han contemplado su rostro. “En Jesucristo- dijo Monseñor Errázuriz- se revela y recibimos la justicia que pone en orden el caos, y distribuye a todos según sus necesidades. Mucho más aún, en la persona de Jesús recibimos, por la sobreabundancia de la gratuidad de su amor, la santidad de Dios, que nos da mucho más de cuanto imaginamos recibir. Desde esta experiencia fundante del encuentro con Cristo vivo, podemos recrear nuestros más sanos anhelos y rehacer nuestras más entrañables relaciones de hijos y hermanos, de padres y de madres, de servidores de nuestros hermanos. Ciertamente los discípulos santiaguinos de Jesús tenemos aquí nuestra fuente y nuestro encargo de ser testigos del encuentro con Cristo vivo en donde quiera que nos encontremos, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en el barrio y en el diseño de país que entre todos buscamos”.

Cultivar relaciones fraternas

Como segunda característica del discípulo, el Arzobispo de Santiago mencionó el crecimiento en las relaciones fraternas. Al respecto, señaló: “El discípulo aprende a cultivar relaciones de confianza y de colaboración recíproca; y se esfuerza en buscar y discernir en comunión eclesial, unido a los sucesores de los apóstoles, la sed de comunión de nuestros hermanos, como uno de los signos más apremiantes de nuestro tiempo. Así valora que la acción misionera más eficaz es la que se realiza con otros, y se atreve a a estar disponible y pedir ayuda, a dar las gracias y a pedir perdón hasta setenta veces siete. Nuestra ciudad de Santiago encuentra por este camino las mejores iniciativas para colaborar por el bien de todos, particularmente de los más pobres y afligidos, para regalarnos confianza mutuamente, para así perdernos el miedo unos de otros, y superar nuestras indiferencias y los prejuicios de clase, condición económica, opción política, diferencia cultural y nacionalidad. El discípulo santiaguino está llamado hoy, con urgencia, a tender puentes, a construir amistades, a levantar proyectos de servicio público, a integrarse con todas sus capacidades en iniciativas solidarias que construyen comunidad en participación. Así construye la convivencia y la reconciliación sobre sólidos cimientos en la verdad y la justicia, la fraternidad y la paz”.

Vocación de servicio

La tercera característica del discípulo de Jesucristo, destacó el cardenal Errázuriz en su homilía, es que busca crecer en el servicio al bien común. “El camino del servicio –afirmó el Arzobispo de Santiago- es la más noble de nuestra vocación social, que es humana y cristiana. De hecho, aprender a ser solidarios no es una opción entre otras ni tampoco un pasatiempo pasajero ni mucho menos una experiencia que se guarda entre los recuerdos del pasado. La vocación al servicio solidario está en el alma de un pueblo. Cuando los ciudadanos se olvidan de servir y sólo buscan ser servidos, entonces se asoma la tristeza de la envidia y se ciernen sobre el horizonte las tinieblas de la muerte; se pierde el sentido de la vida y el interés por el otro”.

Una ciudad del apóstol Santiago

El Cardenal Francisco Javier Errázuriz terminó su homilía recordando un hermoso poema de Gabriela Mistral referido a la ciudad. “Inspirados en este poema y desde la fuente viva del evangelio de Jesús, los invito a considerar que la ciudad de Santiago crece cuando crece el amor y el espíritu de servicio; se hace amable cuando elevamos nuestra mirada hacia la Inmaculada y nos inspira su ejemplo; se hace acogedora cuando combatimos con ella el afán de poder, que Dios quiere derribar de su trono porque aplasta a los débiles; se pacifica cuando todos buscamos reencontrarnos en el perdón y en el servicio público; se alegra cuando se le abre espacio a la contemplación y a la vida, y se multiplica la justicia y el derecho entre los empobrecidos. En definitiva se embellece, cuando abrimos de par en par las puertas a la colaboración con Cristo, Señor y Servidor”, concluyó Monseñor Errázuriz su homilía.

Bailes de Galicia

La Misa del Apóstol Santiago culminó con la presentación de bailes de Galicia, acompañados de gaitas y tambores, frente al altar del Altar del patrono de la ciudad que se encuentra en el interior de la Catedral Metropolitana.

Ver texto completo de la homilía

Ver texto saludo de Mons. Precht

Fuente: DOP Santiago
Santiago, 26-07-2006