Acción de Gracias:
Con mucha alegría y emoción los santiaguinos recibieron a San Alberto Hurtado
“El sol hoy está más resplandeciente” fue la primera frase de Monseñor Gonzalo Duarte, vicepresidente de la Conferencia Episcopal y Obispo de Valparaíso, a los miles de fieles congregados en la explanada adyacente al Santuario del Padre Hurtado en la mañana del domingo 23 de octubre
“El sol hoy está más resplandeciente” fue la primera frase de Monseñor Gonzalo Duarte, vicepresidente de la Conferencia Episcopal y Obispo de Valparaíso, a los miles de fieles congregados en la explanada adyacente al Santuario del Padre Hurtado en la mañana del domingo 23 de octubre. A las 10 en punto comenzó la misa en la que se dio gracias a Dios por la canonización del Padre Hurtado. “Patroncitos”, funcionarios, vecinos del sector, feligreses, muchos jóvenes y autoridades se dieron cita –bajo un sol implacable- con el fin de reconocer la figura del jesuita como símbolo de unidad, solidaridad y pasión por el Evangelio.
Los “patroncitos” poblaron el sector. Salieron de su tradicional hospedería y en un lugar privilegiado, muy cerca del escenario, pudieron participar de la primera Misa en que el Padre Hurtado era invocado como santo. Muchos venían de estar en una fiesta en la hospedería, otros simplemente de haber dormido, pero sin duda, todos sabían que este era un día especial, el día en que su santo era reconocido por la Iglesia Universal. Orlando vive hace tres años en la Hospedería y para él es un día lleno de emoción, “estoy acá por el Padre Hurtado, todo se lo debo a Dios y a él”, explica conmovido.
Mons. Duarte, en su homilía, recordó frases importantes del santo como “el que no vive para servir, no sirve para vivir” y “rico no es el que mucho tiene; rico es el que mucho da”, con las que hizo participar a los miles de asistentes a la misa. Al mismo tiempo destacó que el Padre Hurtado traspasó los límites de la parroquia, del Hogar de Cristo e incluso de la Iglesia Chilena para convertirse en una figura universal por su seguimiento de Jesucristo, mostrando que su preferencia por los más pequeños. Finalizó indicando que espera que Chile ponga en obras los deseos que nacieron de los compatriotas este fin de semana y puntualizando que es responsabilidad de todos que en cada hogar exista una vida digna, es decir, “pan, trabajo y alegría”.
Con el cáliz que usaba el segundo santo chileno, Monseñor Gonzalo Duarte consagró el pan y el vino, en conjunto con Monseñor Sergio Valech, el Padre Agustín Moreira SJ, el Padre Eugenio Valenzuela SJ y todos los sacerdotes presentes. Momentos de mucha emoción vivieron los feligreses que se acercaron a comulgar al son de las canciones “El Peregrino de Emaús” y “Canción al Corazón de Jesús”. Elijamos la paz para sembrar esperanza: Los Obispos al finalizar su Asamblea Plenaria
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