La Patria es una Misión que cumplir
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La Patria es una Misión que cumplir

Homilía en Acción de Gracias por la Patria. Iglesia Catedral de Valdivia, 18 de Septiembre de 2005

Fecha: Domingo 18 de Septiembre de 2005
Pais: Chile
Ciudad: Valdivia
Autor: Mons. Ignacio Ducasse Medina

Señoras y señores,
Hermanos y hermanas:

Como todos los años, convocados por el Dios de la Historia, nos reunimos a rezar por nuestra Patria. Nos congregamos en este templo Catedral, cuya comunidad da a todos la más cordial bienvenida: a las autoridades del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial; autoridades militares, de orden y seguridad; dirigentes vecinales y sindicales, académicos, empresarios y ciudadanos todos. Como a una sola familia, este día nos reúne a expresar un canto de alabanza a Dios Padre y Creador con las palabras del antiguo Obispo de Milán, San Ambrosio: "Te Deum laudamus: a ti, Dios te alabamos".

Sí, hermanos, queremos alabar a nuestro Dios por todas las bendiciones recibidas a lo largo del año. Junto a ello, queremos hacer presente los dolores pasados y los que perduran para que, de los males y bienes, podamos fortalecer nuestra convivencia. Y todo esto, en un año bendecido por la pronta canonización del Padre Alberto Hurtado y señalado por las elecciones nacionales en que democráticamente elegiremos a las máximas autoridades del poder Ejecutivo y Legislativo del país.

A Ti, Dios te alabamos


Desarrollo y pobreza


A ti Dios te alabamos por las bendiciones recibidas durante el año que ha pasado, por el crecimiento económico sostenido y el desarrollo de planes sociales, como los del Auge y Chile Solidario, por sólo mencionar algunos, que nos ayudan a combatir la pobreza y la marginación. Te alabamos por el "Catastro de la gente que vive en situación de calle" que fue presentado públicamente en el Día del Padre Alberto Hurtado, Día Nacional de la Solidaridad. Pero junto a esta bendición sentimos fuerte tu llamado a luchar con plena decisión no sólo por erradicar la pobreza que aún existe, sino también, por superar las escandalosas desigualdades económicas que persisten entre los más ricos y más pobres del país. Son desigualdades económicas que se convierten en desigualdades en la educación, en el trabajo y la remuneración laboral, en la vivienda, en la salud y, en general, en las oportunidades de desarrollo y crecimiento personal.

El Padre Hurtado predicando un Te Deum en Chillán el año 1948, en un contexto de menor desarrollo del país pero con semejantes desafíos, decía al respecto:
"El ¡A ti, oh Dios te alabamos!, tiene también otro sentido: mezcla de dolor arrepentido por la tarea no cumplida, la Patria alza su voz pidiendo el auxilio del cielo para cumplir la misión confiada, para ser fiel a esa misión que Dios ha querido estampar en la austeridad de nuestras montañas y campos. La austeridad primitiva desaparece: el dinero ha traído fiebre de gozo y de placer. El espíritu de aventura, de las grandes aventuras nacionales, se debilita más y más. La fraternidad humana, que estuvo tan presente en la mente de nuestros libertadores al acordar como una de sus primeras medidas la liberación de la esclavitud, sufre hoy atroces quebrantos al presenciar cómo aún hoy miles y miles de hermanos son analfabetos, carecen de toda educación técnica, desposeídos de toda propiedad, habitando en chozas indignas de seres humanos, sin esperanza alguna de poder legar a sus hijos una herencia de cultura y de bienes materiales que les permitan una vida mejor".

Hoy, estamos seguros, el Padre Hurtado nos urgiría a terminar con la pobreza extrema y la miseria que aún hay en Chile. Y ese desafío no sólo compete a las autoridades de Gobierno, ni sólo a los poderes del Estado: es una materia que concierne a todos los chilenos. El pobre es Cristo y nadie puede ser indiferente, más aún, cuando hoy tenemos los medios económicos como para resolverlo.

Modernización de la justicia y derechos humanos


A ti Dios te alabamos por las profundas reformas y modernizaciones en el ejercicio de la Justicia, cuyos primeros frutos comienzan a recogerse con mayor expedición y transparencia en el ejercicio de esta virtud tan clave en la vida de una Nación. Pero, a la vez, te pedimos la gracia de seguir trabajando en la competencia de los jueces, antiguos y nuevos, para reafirmar la confianza debida al poder judicial, y para evitar que otros actores sociales sucumban a la tentación de juzgar públicamente a los imputados, tomando en sus manos investigaciones que competen primariamente a este poder del Estado.

A ti Dios te alabamos por el avance en la reconciliación nacional, el Informe sobre Prisión política y tortura, la verdad alcanzada en muchos casos de violaciones a los derechos humanos y, sobre todo, el sufrimiento de estos años ha calado más profundo en el país la conciencia del respeto indispensable de los Derechos Humanos, tal como están expresados en su declaración original. Y, por consiguiente, el compromiso de la sociedad en su conjunto –y no sólo de la autoridad política- de promover una vida social respetuosa y amante de estos derechos. Te alabamos igualmente por el protagonismo femenino en el país, que no sólo significa igualdad de responsabilidades y oportunidades en la gestión pública entre la mujer y el varón, sino que nos beneficia a todos con la complementariedad entre el talento femenino y el talento masculino. Así lo soñó Dios en los albores de la historia al crear al hombre varón y mujer (Cf Gén. 1,27). No sólo varón ni sólo mujer, sino varón y mujer, unidos en la misma vocación de cuidar y cultivar la tierra, y de ejercer un señorío servicial junto a todas las criaturas surgidas de la mano providente de Dios.

La formación política y social de los jóvenes


A ti Dios te alabamos por el mayor entendimiento, afecto y cercanía que se ha dado entre civiles y uniformados, superando desencuentros pasados, y uniendo nuestros talentos y habilidades en pro de la construcción propositiva de la paz dentro y fuera de las fronteras del país, como es el trabajo que se realiza en Haití tanto por los uniformados como por los jóvenes católicos de "América Solidaria", que nació en Chile con ocasión del Encuentro Continental de Jóvenes. Y ya que nos referimos a los jóvenes, ponemos en tus manos, Señor, a los conscriptos fallecidos dramáticamente en Antuco, a sus padres, a sus hermanos y compañeros de armas. Como signo de esta conmoción nacional, nos ha parecido importante que un conscripto del mismo Regimiento esté presente en la Misa de Canonización del Padre Hurtado, llevando una ofrenda en representación de los jóvenes del país. Así unimos en una persona el dolor de la tragedia y la algarabía de la esperanza juvenil que se expresó festivamente junto al Papa Benedicto XVI en el Encuentro Mundial de Jóvenes recientemente celebrado en Alemania.

En un año electoral, es oportuno recordar que:

"La formación política de la juventud debe inculcar la primacía de los intereses nacionales sobre los partidistas, la sinceridad, la abnegación y disciplina en el servicio del partido, pero más aún en el servicio de la nación; no debe fomentar el odio a los otros partidos y debe hacer posible el espíritu de comprensión para llegar a entenderse cuando haya intereses superiores en juego. Ahondar divisiones en la familia nacional es crimen de lesa patria; acortar distancias es trabajar por la grandeza del país" ("Humanismo Social").

En fin, si el Padre Hurtado se dirigiera en este instante a los jóvenes católicos, al constatar su vocación solidaria, creemos que les volvería a decir:

"Queridos jóvenes: tienen que preocuparse de sus hermanos y de su Patria, porque ser católicos equivale a ser sociales. No por miedo a algo que perder, no por temor de persecuciones, no por ser anti–algunos, sino porque ustedes son católicos deben ser sociales, esto es, sentir en ustedes el dolor humano y procurar solucionarlo […].
Y luego, jóvenes católicos, no puedo silenciarlo: en este momento falta formación, porque faltan sacerdotes. La crisis más honda, la más trágica en sus consecuencias es la falta de sacerdotes que partan el pan de la verdad a los pequeños, que alienten a los tristes, que den un sentido de esperanza, de fuerza, de alegría, a esta vida".
(Encuentro en el teatro Caupolicán 1943).

La Patria es una misión que cumplir


La Patria es una vocación


Señoras y señores, hermanos y hermanos:
La mirada del pasado necesariamente reclama la mirada de futuro. Y para ello encontramos gran inspiración en el pensamiento del Padre Hurtado, quien concibe la Patria como una misión que cumplir. Es una idea muy original que vincula la Patria como tal a una vocación recibida y, por lo tanto, a una misión confiada por el Creador. Y así como cada persona se desarrolla plenamente en la medida en que asume su misión, así también la Patria cuando vive esa fidelidad asegura la paz en su interior y una actitud de servicio hacia el exterior. Vale la pena escuchar a este hermano y compatriota:

"Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua, o sus tradiciones, es una misión que cumplir. Querer que la patria crezca no significa tanto un aumento de sus fronteras cuanto el cumplimiento de su misión. ¿Cuál es la misión de mi Patria? ¿Cómo puedo realizarla? ¿Cómo puedo colaborar yo en ella? Dios ha confiado a Chile esa misión de esfuerzo generoso, su espíritu de empresa y de aventura, ese respeto del hombre, de su dignidad, encarnado en nuestras leyes e instituciones democráticas […].
La misión de Chile queremos cumplirla: nos sacrificaremos por ella. Nuestros Padres nos dieron una Patria libre, a nosotros nos toca hacerla grande, bella, humana, fraternal. Si ellos fueron grandes en el campo de batalla, a nosotros nos toca serlo en el esfuerzo constructor.
Pero esta misión ha dejado de cumplirse porque las energías espirituales se han debilitado, porque las virtudes cristianas han decaído, porque la Religión de Jesucristo, en que fuera bautizada nuestra Patria y cada uno de nosotros, no es conservada, porque la juventud, sumida en placeres, ya no tiene generosidad para abrazar la vida dura del sacerdocio, de la enseñanza, de la acción social. Es necesario, antes que nada, producir un reflotamiento de todas las energías morales de la Nación: devolver a la Nación el sentido de responsabilidad, de fraternidad, de sacrificio, que se debilitan en la medida en que se debilita su fe en Dios, en Cristo, en el espíritu del Evangelio".
(Te Deum en Chillán en 1948).

Recuperar el espíritu de servicio


Con este llamado resonando en nuestro corazón, nos parece que el alma de Chile se verá robustecida si todos nosotros, animados y guiados por quienes sean elegidos para cargos de representación popular, recobramos el sentido del servicio y la opción preferencial por la vida, en todos sus aspectos.
Recuperar el espíritu de servicio con el espíritu de Jesucristo, que "no vino a ser servido sino a servir" (Mc. 10,45), espíritu que fue encarnado por el Padre Alberto Hurtado en su apostolado multifacético, que ejerció en sus dieciséis años de sacerdocio en Chile. Un servicio que mira al país en su conjunto, privilegiando a los más pobres. Un servicio que no se mira a sí mismo sino que se hace pedagogo de las nuevas generaciones para que aprendan el arte más bello que persona alguna puede aprender: servir, servir más, servir mejor. Este espíritu se opone radicalmente a un individualismo autorreferente que debilita nuestra convivencia nacional. Y debilita también nuestras relaciones exteriores con otras naciones del mundo cuando se priorizan sólo los acuerdos económicos por sobre otro tipo de intercambios científicos y culturales que enriquecen el alma de los pueblos.

Al servicio de la vida


El espíritu de servicio adquiere su máxima expresión cuando decide ponerse al servicio de la vida, en sus más variadas expresiones, así como lo hemos formulado los Obispos de Chile en las Orientaciones Pastorales. Es el servicio de la vida de cada ser humano, desde su gestación hasta su muerte natural. Es el servicio a aquellas personas más débiles de la sociedad, o aquellas cuyas limitaciones requieren de un mayor apoyo en su desarrollo. Es el servicio a la vida familiar, para fortalecer el núcleo básico de nuestra sociedad, y para rechazar decididamente la violencia intrafamiliar o el daño a los menores por conductas delictuales de los mayores. Es el servicio a la vida de los más pobres y marginados, para que puedan ocupar el lugar que les corresponde. Es el servicio a la vida que se ve amenazada por el consumo de drogas ilícitas y por el consumo abusivo del alcohol. Es el servicio a la calidad de vida de un pueblo, optando por los valores más altos del amor, la justicia, la solidaridad. Es el servicio reverente a la vida tanto en un laboratorio como en la vía pública, basados en la sacralidad de este don que, cuando lo exponemos al capricho o a la curiosidad arbitraria de la humanidad, lesionamos el alma de toda convivencia. En los años setenta los Obispos de Chile invitamos a los cristianos católicos a ser una "Iglesia servidora de la vida". Hoy lo volvemos a pedir, con la misma intensidad, para que todos podamos vivir en paz en esta larga y angosta geografía que Dios nos ha regalado a los chilenos.

Entre los cristianos de diversas comuniones creemos firmemente que la voluntad de Jesús de Nazaret es que tengamos vida, para eso ha venido al mundo, para darnos vida y darla en abundancia (cf Jn. 10,10). Por esa razón, veneramos también a su Madre María quien, al aceptar la encarnación de Jesucristo en su vientre bendito, se puso al servicio de las fuentes de la vida.


Señoras y señores, hermanos y hermanas, les invito a invocar una vez más el pensamiento de ese gran chileno que fue el Padre Alberto Hurtado, cuya canonización nos llena de alegría por tratarse de un santo contemporáneo, comprometido, alegre y muy vigente. En el Te Deum, que ya hemos citado y que ha inspirado esta homilía, él concluye con una frase que hacemos plenamente nuestra:

"¡A ti, oh Dios te alabamos!, hemos dicho y ¡A ti, oh Dios te alabamos!, hemos de repetir a cada instante, pidiendo al cielo que Dios siga protegiendo la Patria querida, bendiciendo a sus gobernantes y esforzando a su Pueblo para ser fieles a la misión que Él nos confiara.” (Te Deum, Chillán 1948).

† Ignacio Ducasse Medina
Obispo de Valdivia
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